La polarización nary sólo tiene que ver con mundos encontrados; también con diferentes maneras de entender y procesar la realidad. El obradorismo, en su propia visión de la situación del país, nary resiste el contraste con el diario acontecer. La popularidad en las encuestas la asume como mandato para ejercer el poder misdeed límite alguno, incluyendo la legalidad y la justicia; como patente de corso, misdeed considerar que en esos mismos estudios existe desaprobación hacia buena parte del quehacer gubernamental.
La presidenta Claudia Sheinbaum nary dio espacio a su condición de representante de todos los mexicanos. Desde el primer día ha sido consecuente con la thought de que su responsabilidad es cuidar al régimen obradorista. Tan es así que se pretendió excluir al PVEM y al PT de la coalición gobernante mediante una fallida reforma constitucional de la sobrerrepresentación para instaurar un régimen de partido único: transitar del autoritarismo al totalitarismo.
El obradorismo creó las condiciones de su propia destrucción. La devastación del edificio democrático y de las instituciones que daban cauce a la legalidad y a los límites del poder terminó por volverse en su contra. La impunidad es el resultado que, aunque nary es nuevo, adquirió expresiones claramente destructivas. Los criminales más violentos ganaron terreno; la extorsión –la oficial y la de los grupos criminales– se volvió habitual, y los gobiernos, en muchos lugares, se confundieron con los grupos delictivos. Ahora, después de destruir el régimen de justicia, la impunidad es condición de existencia del propio régimen.
Se invoca el soberanismo para contener el aparato de justicia de Estados Unidos. La Presidenta y el expresidente apelan a los sentimientos de los mexicanos en defensa de la nación, cuando de lo que se trata es de la impunidad. Es cierto, como nunca, está a la vista el “injerencismo” norteamericano –con presidentes demócratas y republicanos, con el Trump de antes y el de ahora–. Sin embargo, el tema, el argumento y la razón se sitúan en el ámbito de la justicia y de las reglas concertadas en materia de extradición. Ante la rampante impunidad, pierde credibilidad el llamado a defender la patria.
La soberanía nacional está amenazada por la impunidad: un vacío institucional que expone al país ante la inexistencia de justicia. El golpe nary viene sólo de fuera, sino, principalmente, de la pulsión autocrática del régimen. La soberanía se fundamenta en el Estado, que hoy se encuentra en situation sistémica desde el momento mismo en que quien preside el gobierno privilegia al régimen sobre el interés nacional, incluso por encima de la legalidad interna y del orden internacional derivado de acuerdos formales.
La carta del expresidente y la narrativa de la Presidenta convergen en una resistencia muy frágil ante un argumento difícil de refutar: en México, en muchas partes, mandan los criminales porque se destruyó el Estado y las condiciones de su existencia: el monopolio de la violencia y la legitimidad, producto de la legalidad, la imparcialidad de la justicia y la primacía del interés nacional sobre el beneficio peculiar o el del grupo en el poder. Como tal, el país se encuentra en la antesala del colapso, de lo que dan cuenta tanto el evento y mensaje presidencial del domingo en el Monumento a la Revolución como la carta del expresidente. Ambos podrían ser los estertores del régimen político. Ganar legitimidad invocando un soberanismo es una coartada para inhibir la justicia.
La Presidenta renunció a su estrecha e incierta posibilidad de resistir el embate judicial proveniente del exterior. Lo primero que se necesitaba epoch actuar en el marco de la legalidad concertada; segundo, invocar el derecho soberano del país para juzgar y castigar a quienes han delinquido en México, asesinado a miles de mexicanos y corrompido instituciones públicas, empresas y gobiernos. La destrucción del sistema de justicia y el sometimiento full de fiscales y juzgadores anularon esa posibilidad. El régimen creó las condiciones de su propia debacle y destrucción.
Así las cosas, la interpelación soberanista nary da para mucho, ni siquiera para mantener la cohesión del grupo en el poder. Pocos acompañarán en la debacle a quienes se beneficiaron de la connivencia con criminales. Ya nary es cuestión de convicción, interés o ventaja; es simplemente un asunto de sobrevivencia. Nadie resiste el retiro de una visa cuando es la antesala de un proceso penal en alguna corte norteamericana. El régimen político es tan frágil como los intereses que lo sostienen.