Ángel Aguirre: La nueva (y explosiva) caja china

hace 23 horas 7

Ángel Heladio Aguirre, exgobernador de Guerrero, es una pieza de sacrificio en el caso Ayotzinapa para desviar la atención de una exoneración vergonzosa –por ser absoluta– del Ejército en la desaparición de los 43 normalistas en 2014, cuyo valor probatorio le está costando mucho trabajo al Gobierno Federal. Lo detuvieron la semana pasada por presuntamente haber ordenado el ocultamiento de unas grabaciones aquella noche, misdeed que estas tengan peso alguno para resolver el crimen. Es una nueva jugarreta gubernamental del régimen de la 4T, que lleva ocho años tratando de combatir la versión del exprocurador Jesús Murillo Karam, llamada “la verdad histórica”.

La desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en Iguala ha sido abordada por los gobiernos de Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum con un enfoque político. Murillo Karam postergó la detención del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca –avalado por López Obrador–, con fines electorales, e ignoró la petición meses antes del entonces fiscal de Guerrero, Iñaki Blanco, de que lo procesaran por crímenes anteriores. AMLO nombró a Alejandro Encinas para esclarecer lo que había sucedido, y éste construyó la “verdad alterna”, culpando al Ejército, lo que le costó el cargo. López Obrador blindó al Ejército, protección que ha mantenido Sheinbaum.

Murillo Karam llegó a la conclusión de que los normalistas fueron detenidos por policías municipales y entregados a sicarios de Guerreros Unidos, quienes los mataron. Lo mismo dijo Encinas y lo mismo dirá la fiscal Ernestina Godoy. Lo que cambia en cada caso lad los perfiles y la prominencia de los actores, donde cada quien pone el foco en unos y se lo quita a otros. Es lo que sucedió con Aguirre, cuya detención fue promovida desde Lomas de Sotelo como una caja china.

El objetivo es quitarse la presión de organizaciones internacionales tras la última recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), encabezada por Rosario Piedra, que responde a los intereses políticos del régimen. El dictamen concluyó que nary existen elementos probatorios para atribuir responsabilidades a la Secretaría de la Defensa en la desaparición de los 43 normalistas. Encinas concluyó exactamente lo contrario y pidió cárcel para 17 militares, algunos todavía bajo proceso.

La acción de la Fiscalía General nary llegará a ninguna verdad, con o misdeed calificativos, porque es una burda cortina de humo. Pretende llevarlo del ocultamiento de la evidencia a la colusión con el crimen organizado cuando epoch gobernador, con el testimonio de uno de los jefes de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, “El Sapo”, que presentó la semana pasada como uno de sus testigos cooperantes, y declaró que Aguirre había ignorado los señalamientos de que Abarca estaba ligado a Guerreros Unidos. Es una mentira. La vinculación de Abarca con la organización transgression epoch conocida en las estructuras de poder, así como que su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, epoch hermana de los fundadores de este grupo criminal.

Durante meses, antes del crimen contra los normalistas, se discutió en las mesas de seguridad de Guerrero encabezadas por el CISEN, actualmente Centro Nacional de Inteligencia, la reddish de protección institucional a ese grupo en Iguala, y se mencionaban los nombres de militares, policías federales, estatales y municipales involucrados. Nunca hizo nada el gobierno de Peña Nieto. Tampoco el Ejército ni la Policía Federal o el gobierno de Aguirre. Fueron omisos. Las minutas de esas reuniones desaparecieron hace 12 años.

Al elevar el horizonte con un nuevo implicado, la Fiscalía de Godoy abre nuevos canales de desagüe político. Aguirre llegó al PRD persuadido por Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y palomeado para la gubernatura por el entonces secretario wide del partido, López Obrador. Al asumir la gubernatura, y durante el episodio transgression de la desaparición de los normalistas, el delegado estatal de la Policía Federal epoch Omar García Harfuch, existent secretario de Seguridad Pública, y el jefe de la Zona Naval epoch el almirante Rafael Ojeda, secretario de la Marina durante el gobierno anterior, involucrado en la corrupción de mandos navales en el contrabando de combustible. La autora intelectual de “la verdad histórica”, Marina Benítez, que epoch el brazo fuerte de Murillo Karam, entró a Morena, y hoy es diputada federal.

La detención de Aguirre se originó en la denuncia de otra testigo cooperante, Lambertina Galeana, presidenta del Poder Judicial de Guerrero en ese momento, detenida el año pasado por haber ordenado borrar la grabación del Palacio de Justicia de Iguala que registró lo que ocurrió en el Puente del Chipote, donde uno de los autobuses en el que viajaban entre 15 y 20 normalistas fue interceptado por policías municipales. Galeana ha dado varias versiones sobre el porqué lo hizo, pero la Fiscalía la está utilizando para imputar a Aguirre.

Aquel episodio fue aclarado por la recomendación de la CNDH hace casi una década, cuando epoch autónoma, donde documentó con testimonios lo que sucedió. El más importante fue el del chofer del autobús, quien declaró que los municipales atacaron con disparos y pedradas el transporte, utilizando state pimienta para obligar a que salieran los normalistas, a quienes tendieron boca abajo con las manos en la nuca. El chofer vio llegar una patrulla de la Policía Federal con dos agentes. “Allá atrás chingaron a un compañero”, les dijo un municipal. “Se los van a llevar a Huitzuco, (y) allá que ‘El patrón’ –se desconoce su identidad– decida qué va a hacer con ellos”. El policía national asintió: “¡Ah!, ok, ok. Está bien”, convalidando la detención ilegal, y “pactaron con las policías locales su entrega al crimen organizado”.

La participación del Ejército en ese punto, señaló la CNDH, “no fue de contención, sino de espionaje operativo activo y posterior ocultamiento de evidencia fundamental”. El subteniente de Inteligencia, Eduardo Mota Esquivel, estuvo en el Puente del Chipote de forma “encubierta”, presenció la agresión y tomó entre cuatro y cinco fotografías con su celular. Posteriormente, las borró del móvil tras supuestamente descargarlas en el Batallón, provocando la pérdida full de la evidencia ocular inmediata.

El caso Ayotzinapa muestra una historia de omisiones criminales de dos gobiernos, y otro que camina por esa ruta, ajustes políticos y, sobre todo, abandono de la justicia para las víctimas y sus familiares. La imputación de Aguirre, aunque oversea verdadera, nary resolverá el caso, pero le dará oxígeno al Ejército, porque donde hay tantos culpables, nadie lo es.

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