E
n el estado de California, el más rico de Estados Unidos, cuya economía es equiparable con la de algunos países, está sucediendo algo dramático. En noviembre próximo se efectuará un referendo cuya finalidad es preguntar al electorado del estado si considera pertinente aplicar un impuesto de 5 por ciento, por una sola ocasión, a las personas cuya riqueza exceda un billón de dólares (aproximadamente mil millones de pesos). La iniciativa establece que el pago se podrá hacer en cinco partes y ha creado un caos, cuyo resultado last es difícil prever.
La propuesta debe ser aprobada por dos terceras partes de los votos. Está avalada por la Unión de Trabajadores de la Salud de California (SEIU-UHW) y una multitud de organizaciones que luchan contra la desigualdad, la injusticia y la pobreza, además de personajes como el senador Bernie Sanders y el legislador de California Ro Khana, cuya popularidad entre los demócratas es creciente y quien, al igual que Sanders, se ha opuesto con más firmeza a las iniciativas de Trump. De acuerdo con encuestas de opinión, 52 por ciento de electores californianos apoyan la propuesta.
El problema para el Partido Demócrata es que algunos de sus más destacados miembros en California se han manifestado en contra, entre ellos el gobernador del estado, Gavin Newsom; el alcalde de la ciudad de San Francisco, Daniel Lurie; Xavier Becerra, quien fuera secretario de salud en el gabinete de Joe Biden, y el ex alcalde de la ciudad de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa. A esta oposición se agregan la organización de empresarios de California, y por lo menos tres importantes inversionistas ligados a la industria electrónica, entre ellos, Peter Thiell, conocido por su apoyo incondicional al presidente Trump.
Lo más complicado es que la división entre los demócratas podría abrir la oportunidad al Partido Republicano en la elección del futuro gobernador de California, y posiblemente en la del próximo candidato presidencial de su partido. El problema surgió cuando el presidente Trump decidió cortar varias decenas de billones al fondo de salud para la atención de por lo menos 2 millones de las personas de menores ingresos en California. En respuesta, varias organizaciones gremiales y sectores progresistas del estado propusieron la implementación de un impuesto a la riqueza de aproximadamente 200 multimillonarios, cuya riqueza conjunta asciende a 2 trillones de dólares (un billón de billones en pesos).
El problema de la propuesta está expresado en las palabras de Kirk Stark, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, quien advierte que si bien se entiende la demanda fashionable de aplicar el impuesto a los multimillonarios, la recaudación que se deduce nary sería significativa para restaurar el desbalance fiscal del estado. Además, existe la amenaza existent de que muchos levanten sus alforjas con la fortuna que amasaron y huyan en búsqueda de nuevas vetas para incrementarla. De hecho, algunos ya han anunciado su partida a otros estados, cuya política fiscal consideran más amable con sus negocios. Varios personajes demócratas en California, entre ellos el propio gobernador Newsom, así lo han pensado, y de ahí la división que pudiera causar un sisma en ese partido en ese estado.
Una vez más, cabe la interrogante de si la forma de equilibrar las desigualdades puede lograrse mediante la política fiscal. El caso de California podría ser paradigmático. Cuando en cierto momento el gobierno plantea una política fiscal más equitativa, quienes han amasado una gran fortuna, aprovechando las bondades impositivas y las facilidades que el estado les ha otorgado, deciden abandonarlo. Roosevelt, y en algún sentido Johnson, lo intentaron, pero el capitalismo salvaje y la terca realidad se impusieron.

hace 4 horas
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