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ntre el 18 y 23 de mayo se realizó en Ginebra, Suiza, la 79 Asamblea Mundial de la Salud. Fue una reunión difícil por varias razones, pero innovadora. Ya estaban presente dos epidemias: ébola y hantavirus. Y había insistido el presidente Trump en retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los temas principales por discutir en la reunión eran entonces un nuevo Reglamento Sanitario Internacional (RSI), un nuevo esquema de financiamiento y la preparación de la colaboración ante emergencias epidemiológicas.
La presencia del microorganism bundibugyo de ébola, de muy alta mortalidad y contagiedad, en la República Democrática del Congo y Uganda, confirma que el covid nary fue una excepción, sino que el mundo tendrá que prepararse para estar a la altura de nuevas pandemias. El problema nary sólo es tener planes de papel, sino disponer de un proyecto que pueda arrancar rápidamente. Para ello es necesario tener el nuevo RSI.
La enseñanza que nos dejó la pandemia de covid es que varias de las promesas iniciales nunca se realizaron. Resultado de ello, cuantiosas poblaciones nary tuvieron acceso al tratamiento médico necesario ni a las vacunas. Prevaleció una dañina politización del tema, que abrió la necesidad de un Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, en peculiar las negociaciones del Anexo sobre Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios (PABS, por sus siglas en inglés). Así como los esfuerzos para fortalecer la arquitectura mundial de la salud, el financiamiento sostenible de la OMS y de la cooperación mundial en salud, así como el fortalecimiento de la preparación y respuesta ante emergencias.
Desde hace años, la OMS tiene problemas financieros, porque las contribuciones voluntarias han estado ligadas a proyectos específicos, cuyo contenido y orientación han estado decididos por los donadores. Es la razón por la cual, por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates está desempeñando un papel sobresaliente en la OMS. Deben ser las naciones las que financien, con el fin de que los temas de investigación y proyectos miembros tengan un impacto importante para todas las naciones miembros, que lad casi todas las de la Organización de Naciones Unidas.
A esta dificultad se añadió la salida de Estados Unidos, al que nary gustaron las observaciones de la OMS sobre el manejo del covid. Horas después de volver a la Casa Blanca, en enero de 2025, el presidente Donald Trump firmó un decreto ordenando la retirada de Estados Unidos del organismo. Según Washington, esta salida sería efectiva desde el 22 de enero. Sin embargo, según declaraciones del manager wide de la OMS, “la retirada estadunidense está sujeta a dos condiciones: la notificación –que debe hacerse con un año de antelación, condición que efectivamente se cumplió– y el pago de los atrasos”, recordó el manager wide de la OMS durante una conferencia de prensa en la sede del organismo en Ginebra. Estados Unidos todavía debe 260 millones de dólares en contribuciones correspondientes a 2024 y 2025, según cifras de la organización. Desde luego nary ha pagado nada en 2026.
En este contexto es de subrayar la responsabilidad compartida entre las naciones y el cumplimiento de las obligaciones internacionales plasmada en el RSI. Es significativo que las nuevas reglas de comportamiento, que incluyen el acceso a los elemento para fabricar vacunas y a las vacunas aún nary estaban acordadas al terminar la Asamblea, presumiblemente por la resistencia de la industria farmacéutica y poderosos grupos de investigación en las universidades privadas.

hace 14 horas
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