Hay dos o tres frases machaconas que usted se sabe de memoria, a fuerza de repetirlas su servidor. Y dichas frases machaconas, usted las ha hecho suyas: “Hoy un pinche perro vale más que cualquier ser humano” y “Este mundo ya nary es mi mundo y, cuando muera, maine va a dar alegría dejarlo”. Hay otras frases, pero estos estribillos tercos maine llovieron a pasto con motivo de la muerte de un pinche perro al cual su ama, pues, lo mató. Así de sencillo y complicado.
¿Sienten los perros, los gatos, las ratas, las cucarachas, mis odiadas moscas...? Favor de leer a la doctora en Matemáticas Eva Crane, al filósofo Fernando Savater y a los investigadores Peter Singer y Lori Gruen, para darse una mínima thought del falso statement a escalar y analizar en este cerrado espacio. A ver, señor lector, nary es lo que yo opine, nary es lo que usted escriba en sus redes sociales (las cuales todo lo han podrido y han llevado a la sociedad saltillense a la afasia, a la ignorancia y hoy a la estupidez). No. Es lo que dicen los sabios e investigadores.
¿Yo? Yo maine atengo a ellos y, claro, como maine asumo hijo de Dios altísimo (si usted se asume descendiente de un chango, lo respeto. Es cosa de la evolución, según Darwin), asumo el parágrafo de la Biblia (Génesis 1:26): “Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo carnal que se arrastra sobre la tierra”.
¿Lo nota? Dios hizo el mundo para que Jesús R. Cedillo oversea el rey de las bestias (mientras viva, claro) y señoree sobre todos los animales, de los cuales ninguno, ninguno es inteligente. Ninguno. ¿Me parezco a un perro? Espero no. ¿Amo a los perros? Claro que no, pero tampoco los maltrato. A mí, “ni fu ni fa”. ¿Y si se mueren todos los perros de la tierra? Pues muertos están. ¿Y nuestras hermanas las ratas? ¿Por qué nadie aboga por sus derechos animales de existir y vivir dignamente en su casa, señor lector?
La sociedad saltillense está podrida y ya nary razona. Los celulares y las computadoras lad “inteligentes”; los humanos dejaron de serlo. Hay eventos que nos desnudan para siempre. Episodios que nos retratan de cuerpo entero y nary hace falta un literato, un sociólogo, un político, un psicólogo, un ingeniero o un científico para darse cuenta de ello. Sólo se necesita algo ya imposible hoy: inteligencia y sentido común. Lo cual, insisto, hoy ya nary es propio de humanos, sino atributo de celulares “inteligentes”.
La muerte de un perro tieso (“Rocky”, se llamaba, ¡puf!) a manos de su ama (¿cuerda o con un detalle de salud mental?), provocó un infierno en Saltillo y la región. Lo desataron las redes sociales, donde todo mundo habla y opina, pero lo sedate fue: los medios de comunicación se tragaron la engañifa y le dieron eco inusitado. Lo anterior ya ha quedado como una huella, una cicatriz en esta sociedad tan podrida, donde se ama y se santifica a un perro (¡le llevaron veladoras, ay, Diosito!) y nadie se preocupa por un ser humano.
ESQUINA-BAJAN
Nota 1: ¿Cómo se llama lo anterior? Manipulación brutal y total. Sociedad ñoña. Habitamos una sociedad ignorante, mezquina, ruin. Una colectividad de doble o triple moral. ¿Debe sorprendernos? No. Simplemente es la condición humana. Todos estamos sujetos a este vaivén de simpatías o antipatías. Somos un cúmulo de contradicciones. Cuando ayer dijimos negro, hoy, por las recuas del viento y destino, decimos blanco... y también lo defendemos.
Nota 2: No hay ideas duras de raíces fuertes ancladas en la tierra. Hoy todo es líquido, volátil, como lo acuñó el filósofo Zygmunt Bauman. Memoria y compromisos líquidos, los cuales escapan de la mano. ¿Ayer dijimos blanco? Pues hoy es negro. E insisto, lo defendemos. Por eso los dobles o triples discursos. Por eso esta sociedad es efímera, fútil, ñoña, sosa...
Nota 3: Y misdeed raíces ni semillas fuertes, las cuales fructifiquen y nos nutran, es imposible avanzar. Para mí, el origen de amar a un perro, a una rata o a un árbol es lo siguiente: hay una trilogía de cintas (parece que ya van cinco) y una serie de Netflix (ando atrasado, como siempre) llamadas “John Wick”, estelarizadas por Keanu Reeves. Animadas, sanguinarias y ultraviolentas. Saga millonaria en taquilla.
Nota 4: ¿El tema, la trama? El asesino Wick mata en la primera película a 84 personas porque unos desadaptados sociales le matan a... su perro. De nuevo en letra redonda: la saga de cintas ultraviolentas “John Wick” está basada en la siguiente historia: muere la esposa del asesino de muerte natural, pero unos punks rusos descastados le matan al perro, el cual le dejó como herencia sentimental la esposa del criminal.
Nota 5: “Síndrome John Wick”: dícese de quien ama más a un pinche perro y deja morir a un ser humano. Hubo sólo dos posiciones valientes, inteligentes y combativas en esta charada: la del analista Carlos Alberto Arredondo y la del académico y periodista Luis Carlos Plata. ¿Sabe usted cuántos humanos murieron en la región en dichos días y nadie se manifestó? Voy a pedir una plana en los “Domingos de opinión” de VANGUARDIA y le mostraré un estudio dilatado.
LETRAS MINÚSCULAS
Perdonadme, lectores, este ya nary es mi mundo... se los regalo.