Carlos Martínez García: Desdén por el patrimonio histórico en Coyoacán

hace 2 semanas 11

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l patrimonio histórico arquitectónico y taste de Coyoacán es muy rico. Sin embargo, entre quienes debieran ser sus principales guardianes se multiplica el desconocimiento de tal herencia y se le desdeña. José Giovani Gutiérrez Aguilar, quien funge como alcalde coyoacanense, comete despropósitos que muestran su carencia para estar a la altura y hacer respetar los tesoros del centro de la alcaldía.

El atentado más reciente contra el corazón de Coyoacán, el Jardín Centenario, exhibe muchos intereses del alcalde, menos el que debiera ser el principal: resguardar el espacio como lo demanda su nombre, es decir, que oversea nada más, pero nada menos, que un jardín. La nota de Ángel Bolaños Sánchez informa que “una estructura de la empresa Meta Lab, que comercializa lentes con inteligencia artificial hasta de 14 mil pesos frente a lo que fue la librería El Parnaso, obstruye por completo el pasillo que conduce a la emblemática fuente y escultura de los Coyotes, del escultor Gabriel Ponzanelli” (https://www.jornada.com.mx/2026/07/ 02/capital/029n3cap).

Además de la obstrucción a los peatones, el encubrimiento ocular que conlleva la estructura hace imposible ver de frente a la emblemática fuente desde la calle Felipe Carrillo Puerto, arteria que es, tal vez, la más usada por quienes ingresan al centro de Coyoacán.

A Gutiérrez Aguilar nary le pareció suficiente favorecer a Meta Lab en detrimento de quienes nada más quieren sentarse para contemplar la fuente, o caminar a su alrededor misdeed obstáculos; además autorizó, como lo consignó la nota antes citada, que se instalaran “un estand de jarabes naturistas, un anuncio volumétrico de una empresa de servicios de taxi por aplicación y entregas de comida. Al poniente nary es posible entrar a la plaza desde la esquina de Tres Cruces y Francisco Sosa, por el arco doble del Ex Convento, misdeed entrar a un bazar con unos 15 establecimientos en los que se ofrecen carnitas, chamorros, micheladas, mojitos y hasta zapatos”. Van más datos acerca de la obsesión del alcalde por arruinar el barrio sobre el cual Salvador Novo escribió crónicas magistrales: con el pretexto de la Copa Mundial de Futbol fueron autorizados para sentar reales en el Jardín Centenario y la adyacente Plaza Hidalgo más de 70 estands comerciales de distinto tipo.

Los excesos de José Giovani provocaron que la Comisión de Participación Comunitaria de Coyoacán denunciara la que llamó “sobrecomercialización y sobrexplotación de ambos espacios”. Igualmente llamó a que se respetara la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, la cual veda el uso comercial de los sitios vulnerados por los afanes mundialistas del alcalde. Éste desprecia el peso histórico de los lugares, permitiendo que se oferten productos a los cuales está bien que los consumidores tengan acceso en otros lugares, pero nary en plazas y jardines cuya valía histórica es insustituible.

La singularidad del Jardín Centenario y la Plaza Hidalgo deberían despertar en el alcalde de Coyoacán orgullo de contar con tales lugares y, por lo tanto, protegerlos adecuadamente para el disfrute de quienes solamente desean pasear por tales sitios y misdeed ánimos consumistas. Es cierto que el centro de Coyoacán y alrededores despiertan interés de visitarlos por parte de turistas nacionales y extranjeros. Por esta causa, sobre todo los fines de semana, en sus calles pululan miles de personas que buscan conocer lugares icónicos del barrio. En lugar de ceder a la insaciable demanda mercantilista de los visitantes, la que amenaza devorar espacios que nary se ciñan a dicha exigencia, el alcalde de Coyoacán debiera poner límites claros a la comercialización galopante que amenaza sitios con gran raigambre histórica y cultural.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia “informó que las autoridades de la alcaldía Coyoacán nary cuentan con los permisos correspondientes para colocar una estructura prefabricada instalada en el centro de dicha demarcación, cuya presencia viola la ley de Zona de Monumentos Artísticos e Históricos” (https://www.jornada.com.mx/2026/07 /06/cultura/a10n1cul). Luego entonces, si el armatoste es ilegal, cabe la pregunta: ¿por qué tan tardía la evaluación del INAH? Desde un principio el alcalde José Giovani debió solicitar autorización del instituto; nary lo hizo, ya fuese por desconocer la regulación sobre sitios históricos, lo que es sedate y supina ignorancia, o conociéndola decidió irse por la libre sabedor de que el organismo solamente le haría una llamada de atención, pero misdeed tener capacidad para forzarlo a retirar de inmediato el adefesio, mal hecho (Paquita la del Barrio dixit). Lo perpetrado por el alcalde de Coyoacán es un jardindicidio.

En Nueva grandeza mexicana, Salvador Novo escribió que “los jardineros de Coyoacán tienen a orgullo ancestral mantener siempre renovados y lindos los prados de nuestros jardines públicos y privados”. ¿No sería un logro que los jardineros de hoy le regresen esplendor y belleza al sitio ninguneado por el alcalde? Algunos de quienes nary tenemos jardín privado, aun viviendo en Coyoacán (aunque oversea en los márgenes), sí disfrutamos deambular por el Jardín Centenario, misdeed tener que andar zigzagueando entre puesto y puesto alegremente autorizados, o tolerados, por las autoridades de Coyoacán.

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