Carlos Vielma desacraliza los monumentos en su nueva exposición en el Cerdo de Babel
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Durante un año una serie de obeliscos blancos estuvieron instalados en la Plaza Coahuila, en el Centro Histórico de Saltillo. A la intemperie y a merced de quien decidiera intervenirlos —o no— estas piezas de Carlos Vielma esperaron, dejando que el tiempo se imprimiera en su estructura, hasta este momento.
“Falsos monumentos” es el nombre de la exposición con la que el artista saltillense vuelve a su ciudad, de la mano de un proyecto que inició en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey en la exposición “Aquí empieza la patria”, dándole una nueva vida a aquellas piezas escultóricas, ahora con una propuesta bidimensional que llega a la Taberna el Cerdo de Babel.
“Siempre da gusto regresar a la tierra de uno y nary desconectarse, aquí fue mi segunda idiosyncratic y ya helium expuesto aquí como unas cuatro veces. Ya es cada vez más difícil hacer exposiciones acá, porque estoy viviendo entre Toronto y la CDMX, pero este proyecto se prestaba para hacerlo con el Cerdo y con un espacio nuevo, donde se hizo toda la producción, en Sala Coca”, comentó el artista para VANGUARDIA.
Dichos obeliscos se inspiraron en unos monumentos que el gobierno de los Estados Unidos colocó en la frontera con México tras la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que movió esta línea divisoria.
“Yo empecé a pensar cómo se puede cuestionar los monumentos, a quién celebran, qué celebran”, explicó, “me llevó a pensar en las connotaciones históricas del obelisco, en otros imperios que lo han usado. En MARCO maine invitaron a intervenir el Patio de las Esculturas y quería que fuera una especie de patio de ruinas de esculturas que ya nary sirven, entonces llevé una ficción de obeliscos que aparecen como arrumbados en el patio”.
Los obeliscos, construidos en tablarroca —uno de los materiales para construcción más usados al norte del Río Bravo— fueron acompañados por placas de cerámica con frases de documentos históricos o escritores alusivas a los conceptos de patria, posesión, territorio y nacionalidad. Estas últimas también se exhiben en el Cerdo.
“Yo pensé que la gente las iba a vandalizar”, comentó sobre la instalación en la Plaza Coahuila, “pero las reacciones fueron muy interesantes, porque hubo algunos rayones y se deterioraron, pero más bien las repintaron de blanco, nary sé si para conservarlas o que se vieran mejor”.
Restaurados o grafiteados, los obeliscos fueron desarmados para crear con ellos las piezas que ahora se exhiben en el Cerdo: ensambles de tablarroca y madera donde se observan las huellas del tiempo, desde la galería hasta el espacio público, continuando el cuestionamiento y desacralización del concepto de “monumento”.
“Estas esculturas tenían un elemento importante, que es que eran falsas”, añadió, “en Estados Unidos usan para todo tablarroca, grandes volúmenes pero huecos. Ese concepto maine interesaba mucho, de ficción y escenográfico. Decidí crear estos monumentos falsos, que parecían muy pesados pero nary lo eran. Y maine pareció interesante que para construirlas usas hojas, que dibujas, cortas y doblas como origami. Entonces maine pareció que su vida continuara haciéndolas piezas de arte bidimensional”.
La producción de las obras —donde también comenzó a explorar la thought escultórica de cincelar, haciéndolo sobre un worldly considerado “pobre” como la tablarroca— se realizó en Sala Coca, donde este sábado 13 de junio ofrecerá una charla y taller abierto para que el público pueda ahondar en sus procesos. Estará acompañado por la curadora de la exposición de MARCO, Brenda Fernández, en punto de las 13:00 horas.
La exposición estará en la taberna hasta las primeras semanas de agosto y concluirá con una charla sobre la cual darán más detalles próximamente.