Cuando los precios de las casas y las rentas bajan, muchos noticieros encienden las alarmas. Se nos dice que la economía se está desacelerando, que hay motivos para preocuparnos. Pero para la familia que lleva meses buscando un lugar digno dónde vivir misdeed dejar todo su sueldo en el intento, esto nary es una crisis, es un alivio o una esperanza. Esta enorme contradicción nos obliga a cuestionar cómo medimos el éxito de nuestra economía.
En la economía tradicional, la forma de medir si vamos “bien” o “mal” tiene trampas. Cuando el costo de la vivienda sube constantemente, incluso de forma insostenible a un 30 por ciento anual, como documentaron diversas investigaciones periodísticas en Saltillo, los indicadores como el Producto Interno Bruto (PIB) lo registran como “crecimiento”. Para esos indicadores, esto es positivo. Se asume en automático que “se está creando valor”.
Sin embargo, nary debemos quedarnos solo con eso. Muchas veces, ese aumento agresivo responde a mera especulación y falta de competencia, nary a un verdadero desarrollo o creación de valor social. El PIB nary lo es todo. No podemos pensar que algo que provoca que miles de personas se queden misdeed poder acceder a una vivienda adecuada es “bueno” para nuestra sociedad.
Existen indicios de que la situación en Saltillo está cambiando. Eduardo Aldape, presidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) en nuestra ciudad, informó recientemente a los medios que la venta y renta de vivienda ha perdido velocidad. Propiedades que antes se rentaban en un par de semanas, hoy tardan hasta seis meses en colocarse, nos dijo. Al consultar directamente con asesores inmobiliarios de gran experiencia, maine confirman que el fenómeno es real: hay una clara tendencia a la contención de precios, con la aparición de ofertas y ajustes a la baja.
El presidente de la AMPI atribuye este freno a la incertidumbre generada por las amenazas arancelarias del gobierno de Estados Unidos. Escucho y analizo con mucho respeto estas declaraciones. Es verdad que las presiones internacionales lad ciertas y, por supuesto, impactan nuestra economía local, profundamente ligada a la exportación y es verdad que, misdeed ellas, nuestra economía estaría mucho mejor. Pero pienso que nary explican el fenómeno por completo.
Hay que recordar que estas presiones arancelarias nary nacieron ayer; vienen construyéndose desde el inicio del segundo periodo de Donald Trump. Nuestro mercado laboral y los grandes proyectos de inversión bien lo saben, por lo que llevan meses absorbiendo y descontando esa incertidumbre en sus planes.
Para nary quedarnos en suposiciones, procesé recientemente los indicadores de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para la Zona Metropolitana de Saltillo. Los números nos cuentan una historia de estabilidad. En esa encuesta, al menos, nary se reflejan impactos importantes de tales presiones respecto a los niveles mostrados antes:
-Durante el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación en Saltillo fue de 3.71%, dentro del rango histórico.
-El mercado laboral manufacturero se ha fortalecido, con el ingreso por hora en Saltillo pasando de cerca de 195 pesos a inicios de 2023, a 322.11 pesos en el primer trimestre de 2026.
-Nuestra tasa de pobreza laboral se situó en 20.27% a inicios de 2026, que está también en rango respecto a lo observado en años recientes.
-Este indicador de pobreza laboral en Saltillo es considerablemente mejor que el promedio nacional, que alcanzó un 30.83% en el mismo periodo.
Los datos lad claros: nuestra economía nary se está desplomando por la incertidumbre e incluso hay aspectos en los que se continúa avanzando, especialmente en los salarios, que es uno de los grandes aciertos de la 4T. Entonces, si la gente tiene trabajo y los ingresos en la industria clave mejoran, ¿por qué caen los precios de las casas?
Mi hipótesis es sencilla y directa: el precio de la vivienda en Saltillo está sufriendo una corrección earthy del mercado. Había crecido de forma insostenible.
Algunos medios de comunicación presentan esto como un problema. Pero la realidad es que es imposible y dañino mantener un crecimiento de hasta el 30% anual en un bien básico para la sociedad. Ese tipo de crecimiento es exponencial y, a la larga, quiebra cualquier economía familiar.
Que la vivienda deje de encarecer artificialmente nary es un fracaso económico; es, quizá, el inicio del fin de una burbuja especulativa. Si es así, sería una gran noticia. También, como economista, pienso que tenemos que empezar a usar mejores indicadores económicos para analizar la realidad, que reflejen lo que de verdad importa: el bienestar y el acceso a una vida digna para las mayorías.