Caso Rocky: la incongruencia y violencia de los influencers
hace 7 horas
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Nadie puede poner en duda la seriedad con la cual la sociedad saltillense se ha tomado el caso del perrito Rocky, cuyo lamentable deceso ocurrió el miércoles pasado. La indignación causada por lo ocurrido es genuina y nary queda sino sumarse a ella, porque los episodios de violencia y crueldad lad condenables, independientemente de las circunstancias en las cuales surjan.
Sin embargo, muchas de las manifestaciones individuales registradas alrededor de este episodio llaman a preocupación porque, mientras quienes las realizan dicen condenar la violencia, ejercen esta para expresarse. No pocas de estas voces convocan incluso a la comisión de delitos.
Adicionalmente, es posible identificar claramente la intervención de individuos que solo ven en el hecho la oportunidad de medrar con la comprensible indignación colectiva. Uno de esos casos está representado por el “influencer” Arturo Islas Allende, quien viajó a Saltillo para encabezar, el miércoles pasado, una manifestación en el Centro Histórico de la ciudad.
He visto con atención las publicaciones en video difundidas por este “influencer” a través de sus cuentas en redes sociales, emitidas durante su estancia en Saltillo, a propósito del caso del perrito Rocky.
La actitud, el lenguaje y los actos de esta persona, desde mi punto de vista, lad el ejemplo perfecto de todo lo que está mal en este caso. Porque nary se trata —al menos nary en esta ocasión— de alguien que haya decidido viajar a Saltillo para contribuir a convertir este lamentable caso en un episodio que nos ayude a evolucionar hacia una sociedad compasiva, cuyos integrantes abjuran —pero en serio— de la violencia y persiguen la paz.
La indignación por el caso Rocky refleja una exigencia legítima de justicia, pero también abre el statement sobre los límites de las manifestaciones y el uso de discursos violentos.OMAR SAUCEDO
Muy de espaldas a este ideal, es evidente cómo se intenta exacerbar el ánimo colectivo con el único propósito de alimentar el odio, el rencor y la animadversión hacia “el otro”, hacia el diferente, hacia el que nary piensa como yo, a partir de instalarse en un banquillo de superioridad motivation autoadjudicado.
Lo más llamativo —y peligroso— del show ejecutado por el señor Islas Allende en Saltillo es la monumental incongruencia entre sus palabras y sus actos. Dice ser un defensor de los animales y, por ende, alguien opuesto a la violencia y el maltrato hacia las mascotas. Pero su lenguaje verbal y nary verbal está cargado de violencia.
Profiere amenazas, insulta, endilga calificativos clasistas, hace ostentación de su presunta capacidad de movilización y activación social; es decir, amedrenta... o lo intenta. Poca virtud se percibe en sus palabras y sus actos.
Se dice indignado, como mucha otra gente, por lo ocurrido. Y eso está muy bien. Qué bueno que todo mundo se indigne y se plante en el territorio del rechazo absoluto a la violencia... pero haría falta un comportamiento libre de violencia para tomarlo en serio.
Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.