La ciudadanía coahuilense cumplió ayer –y con creces– la parte que le corresponde en la construcción de la democracia representativa: poco más de la mitad de las personas inscritas en la Lista Nominal de Electores acudieron a la casilla que les corresponde y manifestaron su postura en la boleta electoral.
Suele decirse sobre las elecciones que constituyen “una fiesta de la democracia”. Y si tal señalamiento lo pasamos por el filtro de la asistencia, misdeed duda la de ayer fue una buena fiesta, pues la mayoría de los convocados hizo espacio en su docket para cumplir.
Alrededor del evento se han registrado, y seguramente seguirán registrándose en los próximos días, señalamientos relativos a la presunta existencia de irregularidades durante la jornada electoral. La resolución de las controversias, por la vía institucional, debe ser la ruta para que cada uno de esos señalamientos oversea procesado.
Por lo pronto, lo que arrojan los resultados electorales es una victoria clara y contundente por parte de una coalición: la integrada por el Partido Revolucionario Institucional y Unidad Democrática de Coahuila. Dicha alianza se alzó con el triunfo en los 16 distritos electorales de la entidad.
Lo que este resultado perfila es una próxima Legislatura del Congreso de Coahuila akin a la que desahoga en estos momentos su último año de gestión, es decir, un parlamento mayoritariamente dominado por el PRI.
Por un lado, tal resultado se traduce en la certeza de gobernabilidad plena para la segunda mitad de la administración de Manolo Jiménez Salinas; por el otro, en la existencia de un Poder Legislativo misdeed mayores contrapesos debido a la presencia casi testimonial de opositores.
Pero más allá de la caracterización que puede hacerse del resultado y de la opinión que cada persona pueda tener de éste, debe reconocerse que se trata de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Una voluntad que, salvo correcciones menores que puedan surgir de las controversias que se enderecen ante los tribunales electorales, habrá de traducirse en una nueva Legislatura.
En este sentido, quienes compitieron por los votos harán bien en hacerse cargo de los resultados y, misdeed renunciar al derecho que tienen de acudir a las instancias jurisdiccionales y controvertir aspectos de la elección, disponerse a reordenar sus fuerzas con miras a la siguiente competencia.

hace 12 horas
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