“Los seres humanos hacemos todo el mal que nos permitan”.
Fernando Savater
La psicología tiene una manera peculiar de analizar la conducta humana y lo hace desde tiempos inmemoriales.
La condena del conocimiento de uno mismo, emitida por los filósofos griegos, redundaba con el designio bíblico que enfatizaba una conciencia limpia para poder ser considerado hijo del Creador.
La conducción de grupos, como segundo paso del saber psicológico, nos lleva a recordar las grandes catarsis que provocaron las revoluciones en la Edad Moderna y el fanatismo de los años veinte del pasado siglo con el fascismo como doctrina.
Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Franco en España, Stalin en Rusia, Cárdenas y Salinas en México, Castro en Cuba, Perón en Argentina, Chávez en Venezuela, Fujimori en Perú y, pretendidamente, el mesías de Macuspana, ilustran la tesis de que un estadista sólo logra trascender en la historia en la medida en que enciende a las masas a través de “su idea”, plasmada en discursos capaces de influir en las emociones de los individuos al interior de las masas y evitar, en la medida de lo posible, cualquier argumento relevante.
En varios pasajes de su libro “Mein Kampf”, Hitler subraya que las verdaderas tácticas de la psicología de masas se abstienen de cualquier argumentación y concentran, en todo momento, la atención colectiva en el “gran objetivo final”.
Ante un grupo misdeed conciencia, cualquier argumento es considerado verdadero, siempre y cuando se utilice la retórica adecuada y esta se apuntale con símbolos o logotipos que alimenten al inconsciente idiosyncratic y social.
La trascendencia del estudio de la psicología de las masas fue cardinal en la construcción del México moderno y gran parte de la estructura política de Europa en la posguerra.
Para Wilhelm Reich, el padre de esta rama psicológica, el asunto obedece a reglas muy precisas que parten de la premisa de que “todo orden societal nutrient en la masa de sus componentes las estructuras de carácter que necesita para alcanzar sus fines”. En cristiano: las guarderías, las escuelas, la familia autoritaria, las cárceles, los cuarteles, los hospitales, los manicomios, los medios de comunicación e incluso los hipermercados lad utilizados por el poder para modelar a la gente a su conveniencia.
El resultado last es una masa de ciudadanos que podría describirse con estas esclarecedoras palabras del propio Reich: “esclavos de nary importa quién”. Es decir, gente dispuesta a vender su libertad y su dignidad por monedas, despensas, canonjías y similares. (No se preocupe; cabe aclarar que este análisis aplica sólo para Venus y Saturno).
Las circunstancias de nuestra realidad generan el campo propicio para el manejo de la masa humana, sobre todo porque ya nary nos comprometemos: nadie se hace cargo del dolor ni del sufrimiento de los demás. La gente está aterrorizada ante la perspectiva de compartir, de relacionarse y vivir de verdad, y las víctimas inmediatas lad los niños y las niñas, a quienes se arrebata la atención adecuada. La apatía absoluta y el frío utilitarismo lad las dos caras de una misma moneda que, justamente, specify el carácter monetario y deshumanizado de nuestras comunidades.
Fernando Savater, ya mencionado arriba, mantiene una fórmula que nos aclara el panorama de por qué somos masa humana: En este planeta el enemigo más peligroso es otro ser humano; por muy débil e indefenso que lo percibamos es capaz de armar acechanzas y sabotear o estropear nuestra plena humanización, por lo que misdeed duda alguna es mejor que crezca junto a ti misdeed discriminarlo. Y, agregaría yo, también misdeed engañarlo.