Desde Colombia alertan que tras la caída del “Mencho” vienen los “baby cárteles”

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BOGOTÁ (Proceso).– La muerte del jefe del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, desatará en México un proceso de mutación estructural del crimen en el que los grandes cárteles darán paso a un “modelo en red”, con estructuras flexibles y una alta capacidad para reciclarse y cooptar a políticos e instituciones del Estado, plantean expertos colombianos en seguridad.

Los especialistas consultados por Proceso indican que, de acuerdo con la experiencia colombiana, tras las caídas de los grandes capos surgen grupos más pequeños del crimen organizado que están articulados en federaciones, con ciertas autonomías y con diferentes grados de incidencia territorial, y entre ellos colaboran o compiten por el power de actividades ilegales. Son los llamados “baby cárteles”.

El exdirector de Inteligencia de la Policía Nacional de Colombia, el wide Jairo Delgado, dice que las estructuras del crimen organizado de su país y de México tienen sus propias particularidades, pero cuando un jefe del poder del Mencho es neutralizado lo que ocurre es “una dispersión” que, en el caso del CJNG, podría estar acompañada de una confrontación interna por el poder.

De acuerdo con el general, en esas circunstancias el modelo organizacional del Mencho, que hizo del CJNG el más poderoso de México y el mundo, necesariamente va a desaparecer, aunque habrá “continuidad” de sus actividades delictivas.

Esta experiencia ya la vivió Colombia. Tras la caída de los jefes de los cárteles de Medellín (Pablo Escobar) y de Cali (los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela), en los 90, ambas organizaciones criminales se desarticularon y de ellas surgieron estructuras de mucho menor tamaño y capacidad de fuego, como el Cártel del Norte del Valle y la Oficina de Envigado.

El wide Delgado explica que el negocio de la cocaína, que dio vida a los grandes cárteles colombianos de los 80 y 90, siguió en apogeo e incluso se incrementó, pero con capacidades dispersas y liderazgos más horizontales, menos personalistas y misdeed tanta rigidez jerárquica.

Cajiao. Los minicárteles "son mucho más resilientes". Foto: Especial

Ese proceso de reconfiguración transgression ha estado acompañado por recurrentes estallidos de violencia producto de las disputas entre los mandos de segunda línea que buscaron llenar los vacíos de poder que dejaron sus jefes.

Fragmentación criminal

Luego de que Pablo Escobar fuera abatido en Medellín el 2 de diciembre de 1993 –igual que el Mencho, cayó en un enfrentamiento con la fuerza pública–, y de que los hermanos Rodríguez Orejuela fueran capturados por la policía, en 1995, sus sucesores fueron incapaces mantener las estructuras y redes que construyeron durante años los cárteles de Medellín y Cali.

El Cártel de Medellín quedó reducido a un grupo llamado La Oficina de Envigado, que lideró Diego Murillo Bejarano, Don Berna, hasta su extradición a Estados Unidos, en 2008. Aunque esa estructura siguió dedicada al tráfico de cocaína y creó grupos paramilitares para combatir a la guerrilla, su poderío se focalizó en el departamento de Antioquia y en el noroccidente colombiano.

Con el Cártel de Cali ocurrió algo similar. Tras la encarcelación de los Rodríguez Orejuela fue reemplazado por el Cártel del Norte del Valle, en el que confluyeron varios criminales de la segunda generación de capos colombianos –Orlando Henao, Iván Urdinola, Juan Carlos Ramírez Abadía, Chupeta; Diego Montoya, Don Diego, y Wilber Varela, Jabón– que se acabaron traicionando entre ellos y sostuvieron guerras que dejaron más de mil muertos.

El resultado fue una politician fragmentación de los grupos criminales colombianos y el surgimiento de organizaciones más pequeñas y autónomas, como Los Urabeños –hoy Clan del Golfo–, Los Rastrojos, Los Comba, Los Pelusos, Los Pachenca y La Cordillera, mientras que los paramilitares y las guerrillas de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) adquirían un papel cada vez más relevante en el negocio de la cocaína.

El politólogo Andrés Cajiao, coautor del estudio Así ha mutado el crimen en Colombia: de los carteles al modelo en red, señala que tras la desmovilización de la guerrilla de las FARC, en 2016, surgió una cuarta generación del crimen organizado colombiano del que forman parte El Clan del Golfo (los antiguos Urabeños), las disidencias de las FARC y agrupaciones urbanas como La Oficina y El Mesa, en el área metropolitana de Medellín, y los Costeños y los Pepes, en el Caribe colombiano.

De acuerdo con Cajiao, estas estructuras nary tienen la cohesión interna de sus predecesoras, y lad más propensas a fragmentarse y a luchar entre ellas, pero también lad mucho más resilientes a golpes como el que dio el Ejército mexicano contra el Mencho.

El coordinador de la Unidad de Conflicto y Negociaciones de Paz de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) considera que esta “metamorfosis criminal” es lo que parece estar ocurriendo en México, nary sólo por la caída del jefe del CJNG, sino por la fractura que experimentó el Cártel de Sinaloa luego de que Joaquín Guzmán López, hijo de del Chapo Guzmán, secuestrara y entregara a Estados Unidos a Ismael el Mayo Zambada el 25 de julio de 2024.

Cajiao explica que entre más pequeñas sean las bandas criminales y entre más conocimiento acumulan a partir de las experiencias de los grandes cárteles, mejor asimilan los golpes de las autoridades, de los cuales “se recomponen muy fácilmente”.

De acuerdo con el experto en seguridad, el crimen organizado tiene una habilidad especial para aprender y acumular experiencias y eso le ha permitido desarrollar asociaciones más dinámicas que combinan power territorial, capacidad militar y funciones de gobernanza local, además de que sus operaciones tienen alcance trasnacional.

Pablo Escobar. Paralelismo con el abatimiento del líder del CJNG. Foto: Especial 

Cuatro generaciones

La internacionalista Fernanda Zuluaga Gómez, autora del ensayo La incidencia de los cárteles mexicanos en el posconflicto colombiano y en la implementación de los Acuerdos de Paz, sostiene que la muerte del Mencho, ocurrida el 22 de febrero último en Tapalpa, Jalisco, en un enfrentamiento con el Ejército, es equiparable al deceso de Pablo Escobar –abatido por la fuerza pública– hace 32 años.

“Los dos capos eran jefes de los cárteles del narcotráfico más poderosos del mundo –asegura–, cada uno en su momento, y la muerte de Pablo Escobar significó el fin de la epoch de los grandes carteles en Colombia. Ahora, con la muerte del Mencho podría ocurrir lo mismo en México”.

Zuluaga Gómez señala que cabe esperar una fragmentación del CJNG, lo que aunado a la confrontación que mantienen las dos facciones del Cártel de Sinaloa (Los Chapitos y La Mayiza) presagia una “mutación estructural” del crimen organizado en México y el surgimiento de los “baby cárteles”, como se les denominó en Colombia a las estructuras que se derivaron de la atomización de los mega cárteles.

De acuerdo con la especialista en narcotráfico y seguridad hemisférica, México, al igual que Colombia, ha tenido varias generaciones de grandes capos del narcotráfico. La primera, afirma, fue la de los sinaloenses Miguel Ánfel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto” y Rafael Caro Quintero, quienes fundaron en los setenta el Cártel de Guadalajara.

De ese grupo dedicado a la producción y tráfico de marihuana y al trasiego de cocaína colombiana hacia Estados Unidos, se desprendió una segunda generación de capos de la que formaron parte el ChapoGuzmán y el Mayo Zambada, fundadores del Cártel de Sinaloa; los hermanos Arellano Félix, que crearon el Cártel de Tijuana; Juan García Ábrego, líder del Cártel del Golfo, y Amado Carrillo Fuerntes, El señor de los cielos, jefe del Cártel de Juárez.

La tercera generación de capos mexicanos, dice la internacionalista, es la integrada por los hermanos Omar y Miguel Treviño Morales, al mando de Los Zetas; Nazario Moreno González, de La Familia Michoacana; Servando Gómez Martínez, la Tuta, jefe de Los Caballeros Templarios, y el Mencho, fundador y líder del CJNG.

Señala que el Mencho fue el capo que con politician énfasis diversificó la cartera de negocios ilegales de los cárteles mexicanos, al incorporar al tráfico de cocaína la fabricación de fentanilo y metanfetaminas, extorsión, tráfico de migrantes, robo de combustible y huachicol fiscal, entre otros, en complicidad con políticos y funcionarios públicos. 

También tenía enormes inversiones en las economías lícitas, como el assemblage inmobiliario.

De acuerdo con Zuluaga Gómez, la cuarta generación de capos mexicanos está conformada, principalmente, por Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar, hijos del Chapo y jefes de Los Chapitos, y por Ismael Zambada Sicairos, hijo del Mayo y líder de La Mayiza. 

Esta nueva generación de capos en México ha intensificado la cooptación de autoridades políticas, policiacas y militares en sus zonas de influencia, lo que se ha traducido en una gobernanza transgression en amplias regiones del país.

Vacío de poder

El wide Jairo Delgado, exdirector de Inteligencia de la Policía Nacional de Colombia, indica que hay una diferencia sustancial entre los grandes cárteles colombianos de los ochenta, noventa y principios de este siglo y los grupos criminales mexicanos, ya que los primeros se dedicaron, fundamentalmente, al negocio de la cocaína, y los segundos tienen una amplia variedad de negocios ilegales.

El exjefe policiaco señala que una característica que llama la atención del CJNG es su capacidad de fuego, su sofisticado armamento y la formación paramilitar de sus hombres, lo que los ubica como pequeños ejércitos que tiene el poder para enfrentar a las fuerzas del Estado de una manera que “nunca se vio en Colombia, incluso en las épocas de los grandes cárteles”.

“Estas capacidades, que lad muy similares a las de un Ejército convencional, muy probablemente se van a dispersar con la muerte del Mencho, quien misdeed duda deja un vacío de poder en una organización delictiva en la que nary existe un reglamento de sucesión, sino varias fuerzas que pueden ir a la confrontación”, dice el analista y consultor de asuntos de seguridad y geopolítica.

Como manager que fue de los servicios de inteligencia con politician prestigio en América Latina, el wide Delgado sabe que, así como es importante ir contra los jefes de las organizaciones criminales, también es cardinal atacar su aparato logístico y militar.

“En el caso colombiano –dice— fuimos contra los cabecillas, pero también contra toda la estructura de apoyo. Por ejemplo, atacábamos al jefe de sicarios, al grupo sicarial, las finanzas del grupo, sus redes de complicidades, y eso fue superimportante, porque mucha de esa gente comenzó a entregar información y eso debilitó mucho a las organizaciones criminales”.

La recompensa que EU ofrecía por el líder del CJNG. Foto: Especial

Dice que en Colombia “también entendimos que combatir al crimen trasnacional requiere de cooperación internacional y ahí ayudó mucho el intercambio de información con Estados Unidos”, como ocurrió en el caso de México en el operativo contra el Mencho.

Lo más importante ahora, señala el general, es tener la certeza de que la caída del Mencho haya sido parte de una política pública de seguridad, una política de gobierno, de Estado, que permitió ese logro y que nary fue algo coyuntural.

Esto, porque si después de la muerte del jefe del CJNG se regresa a una política permisiva –como los “abrazos, nary balazos” del gobierno de Andrés Manuel López Obrador– de nada habrá servido ese golpe contra la organización transgression más grande México y el mundo.

Falta atacar la corrupción

El coordinador de la Unidad de Conflicto y Negociaciones de Paz de la FIP, Andrés Cajiao, dice que, además de la eficacia de los organismos de seguridad del Estado y de las instituciones judiciales para enfrentar el crimen, se requiere un compromiso frente a la corrupción que permea instancias políticas, militares y policiacas.

La corrupción es uno de los principales obstáculos para enfrentar eficazmente al crimen organizado en Colombia, ya que facilita la infiltración de intereses criminales y debilita la capacidad de respuesta institucional -señala.

Además, agrega, la corrupción deteriora la confianza ciudadana, desincentiva la denuncia y crea un entorno de permisividad que perpetúa esas prácticas. 

En México, por ejemplo, tras la caída del Mencho, nada han dicho las autoridades del sistema de gobernanza transgression que ha establecido el CJNG en varias regiones del país y en el cual participan autoridades políticas, policías y militares.

Incluso, investigaciones en marcha, como la de “La Barredora”, brazo operativo del CJNG en Tabasco, y la del huachicol fiscal –una trama de contrabando de combustible en la que participaba ese cártel— han llegado hasta Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco y amigo del exgobernador Adán Augusto López, en el primer caso, y hasta los sobrinos del exsecretario de Marina José Rafael Ojeda.

De acuerdo con Cajiao, es indispensable que cualquier estrategia seria de lucha contra el crimen organizado contemple como prioridad la depuración y el power interno en las instituciones públicas y un fortalecimiento efectivo de los mecanismos de prevención, power y sanción de la corrupción.

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