Desplaza calzado importado a bajo precio al fabricado de manera artesanal en la CDMX

hace 3 horas 1

Desplaza calzado importado a bajo precio al fabricado de manera artesanal en la CDMX

Pequeños talleres se han convertido en museos ante la competencia desleal, señalan zapateros

Foto

▲ En el taller de reparación y fabricación de calzado artesanal de Moisés Romero, él, junto con su esposa y su cuñado, compiten en un mercado donde predominan los materiales sintéticos y de bajo costo.Foto Roberto García Ortiz

Mara Ximena Pérez

Periódico La Jornada
Martes 7 de julio de 2026, p. 25

La competencia desleal de calzado importado a bajo precio ha desplazado a buena parte de la fabricación artesanal en la Ciudad de México, donde los antiguos talleres de elaboración y reparación de zapatos parecen ahora pequeños museos que conservan la memoria de este oficio que durante décadas dio identidad y sustento a decenas de familias.

En el edificio marcado con el número 6 de la calle Cananea, en la colonia Nicolás Bravo, alcaldía Venustiano Carranza, sobreviven zapateros originarios de Tepito como Moisés Romero, quien mantiene un taller que comenzó en 1986, aunque su legado en el oficio le fue heredado desde niño.

De acuerdo con el artesano, el monopolio del mercado brasileño ofrece todo tipo de zapatos a precios muy bajos, mientras el calzado chino, elaborado principalmente con productos sintéticos, ha desplazado la producción en piel. “El sintético, de plástico, vino a ponerle en toda la torre al zapatero”, afirmó.

En aquella época el zapato en piel costaba 100 pesos, mientras el sintético rondaba 70, aunque la mayoría de consumidores prefería el primero por su durabilidad y comodidad. Hoy día, estima que cerca de 80 por ciento del calzado que se comercializa es sintético y apenas 20 por ciento conserva la piel como materia prima.

El fabricante recordó que aún a principios del 2000 llegó a producir hasta 600 pares por semana, aunque la elaboración estaba limitada, nary por falta de pedidos, sino por los propios tiempos de trabajo: “No podíamos hacer más, nary porque nary quisiéramos, sino porque la bota llevaba tiempo”.

En la actualidad, el taller apenas vende alrededor de 30 pares al mes, lo que representa una caída de casi 99 por ciento frente a sus mejores años. El costo de pegamentos, hilos y otros insumos también se ha multiplicado, lo que impacta directamente en las ganancias. “Yo gasto 280 pesos y vendo en 300, maine gano 20 pesos”, señaló.

A la par, el calzado importado entró con precios muy por debajo de los nacionales: “Un zapato que nosotros dábamos en 200, los chinos lo traen en 50 o 60 pesos”; en el caso brasileño, explicó, la competencia se concentra en modelos de bajo costo y alta rotación, por lo que “es una competencia muy desleal”. Con todo, el taller preserva la esencia de la elaboración artesanal de calzado: reservas de zapatos que nunca lograron venderse, hormas, máquinas empolvadas, bancos de trabajo y artefactos que alguna vez nary dejaban de operar.

Mientras trazaba suelas, Carlos Ávila, trabajador del lugar, expresó con satisfacción que “60 por ciento (del trabajo) es a mano y 40 por ciento a máquina”, por lo que consideró necesario valorar más el oficio. Su hermana, Emilia Ávila, quien se dedica al adorno del zapato antes de colocarlos en la caja, destacó la calidad del calzado hecho en México, al ser “garantizado porque está hecho a conciencia y con mucho amor”.

Leer el artículo completo