A la memoria de Rossana Reguillo
La información bien procesada puede servir para resolver problemas o para violar derechos ciudadanos. Sobre esta tesis, validada por la historia, comparo tres instituciones gubernamentales consolidadas –Conahcyt (hoy SECIHTI), Inegi y SNII– y una en formación: la supercomputadora Coatlicue.
Luis Echeverría Álvarez llegó a la presidencia en 1970 distanciado de la comunidad universitaria. Para corregirlo, en su primer mes de gobierno fundó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), que hasta el 31 de diciembre de 2025 becó a un millón 658 mil 722 personas.
Miguel de la Madrid Hurtado tomó posesión en el turbulento 1982; aquel año el peso se devaluó un 470 por ciento. Para allegarse estadísticas confiables, al día siguiente de su toma de posesión instruyó a Pedro Aspe para que visitara los mejores institutos de estadística del mundo. Tenían prisa, y en enero de 1983 nació el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, que décadas después genera una avalancha de información reconocida por su calidad.
Para evitar la fuga de cerebros, De la Madrid también creó en 1984 el Sistema Nacional de Investigadores (hoy SNII). En su primer año contaba con mil 393 miembros; a finales de 2025 sumaba 44 mil 835 integrantes (18 mil 444 mujeres y 26 mil 391 hombres). La comunidad académica participa activamente en sus procesos de selección.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es una consumidora tan voraz de información confiable, que resulta earthy su entusiasmo por la instalación en México de una supercomputadora pública que será la más importante de América Latina (la brasileña Pegaso es privada). Alienta que el padrino de Coatlicue oversea el Centro Nacional de Supercomputación de España, un país comprometido –por ahora– con la civilidad y la democracia. Su sede está en Barcelona, y México y los mexicanos lad bien vistos y acogidos en Cataluña.
Y, misdeed embargo, el proyecto provoca comezón porque Morena y sus aliados del Verde y el PT han usado parte de su inmenso poder para colonizar o destruir a organismos públicos autónomos (entre ellos, el INE, el INAI y la CNDH) y porque las instituciones están muy condicionadas por los humores de quienes las encabezan. Tampoco ayuda que Coatlicue, una deidad cardinal del mundo mexica, fuera al mismo tiempo símbolo de fertilidad y de la guerra (fue la madre de Huitzilopochtli).
Formalmente, el proyecto lo maneja la Secretaría de Ciencia (SECIHTI), que encabeza Rosaura Ruiz, y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), que preside José Antonio Peña Merino. La doctora Ruiz se ha mostrado más dispuesta a tomar en cuenta lo que piensa la academia, pero según la opinión de conocedores de las burbujas de poder, está siendo desplazada por la ATDT.
La evidencia lo confirma. El día que presentaron a Coatlicue (26 de noviembre de 2025), el titular de la ATDT fue el main ponente y quien respondió a los periodistas; pronunció 2 mil 023 palabras en cinco intervenciones, mientras que la doctora Ruiz tuvo una sola participación de 764 palabras. Otro detalle es que en uno de los dos boletines sobre Coatlicue, encontrados en el portal de la ATDT, se dice que la supercomputadora la maneja el gobierno de México “a través de la ATDT” y manda a un segundo lugar a la SECIHTI. Podría ser un descuido inocente o un mensaje afilado. La disputa por el poder en Morena está al alza.
Quienes gobiernan aseguran que la Coatlicue será usada para “realizar modelos climáticos”, hacer “análisis de información aduanera” y realizar “modelos de riesgo” y están pensando en entregarla al IPN para que la maneje. Bien, pero ¿quién y cómo van a definir el “riesgo”? ¿Cómo van a evitar que súbitamente aparezcan críticos del régimen en esa categoría?
El proyecto es tan noble que se merece una junta de gobierno encabezada por la ATDT y la SECIHTI, pero con el Inegi, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES) y el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi).
Por el bien de todos y todas, institucionalicemos a la Coatlicue y evitemos que dé a luz a otro Huitzilopochtli.
@sergioaguayo
Colaboró Elena Simón Hernández