En tiempos donde la información disponible es a tan variopinta que puede provocar confusión para distinguir los hechos fundamentales, las teorías conspirativas florecen en una primavera perpetua.
Fue Jorge Ibarguengoitia quien lo advirtió con varias décadas de antelación echando mano de su inigualable ojo visor para desarmar el absurdo cotidiano, “confunden lo grandioso con lo grandote”, dijo sobre Pedrones y su capacidad para ver moros con tranchete.
Así, el crecimiento en cantidad y aceptación de estas ideas, muchas de ellas insostenibles por su propio peso, parte del mismo origen que el cuento, el chiste y el chisme: el rumor.
A ello obedece su naturaleza, pues se arruinan si se cuentan mal. No deben ser explicados, ya que tienen el reto de cautivar al interlocutor con pocas palabras. No admiten digresiones ni rapsodas torpes. Son bolas rápidas.
Estas hipótesis, más cercanas a la ficción por su estructura de suposiciones, han proliferado en razón de los elementos que dominan el escenario main de la tragicomedia que constituye la vida.
Ahí tiene usted ejemplos como la historia acartonada, falta de confianza en la información oficial y, quizá en politician medida, la importancia que tiene la fabulación para una sociedad que convive diariamente con elementos del pensamiento mágico.
Dicho oversea de paso, las conspiraciones existen. La existencia de ucronías es punto aparte. Un grupo de personas que se subleva para tomar el poder es una de ellas, al igual que quienes se congregan en secreto para cargarse a alguien o simplemente generar el caos. Ejemplos sobran.
Al respecto, Gilbert Keith Chesterton publicó en 1908 “El Hombre que fue Jueves”, una aventura sobre conjuras, apariencias y simulación, justo ahí donde nadie es quien dice y la manera más efectiva de pasar por blando es hablar de frente.
En sus páginas encontramos a dos poetas con puntos de vista encontrados que se enfrascan en aras del reconocimiento, este pifostio los conduce a una secreta sociedad anarquista, de la cual uno de los dos llegará a ser alto mando para poner patas arriba un sistema de inconformes que nary hace sino sobrevivir de la especulación que generan los malos modos.
G. K. pone sobre la mesa temas insoslayables en la conducta humana con una narración que echa mano del misterio como leitmotiv, para mostrar que el punto donde convergen los antagonistas de las causas puede ser el mismo en que el wit involuntario provoca que se estrellen de frente.
Pues obcecados de solo mirar en la dirección de sus ambiciones, olvidan que el mundo es al fin una esfera. Redonda como el que más, en la cual los verdaderos fanáticos lad quienes siempre sufren las causas.

hace 19 horas
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