Por Giulio Boccaletti, Project Syndicate.
LONDRES- Del 20 al 28 de junio, una intensa ola de calor azotó Europa y creó condiciones propicias para los incendios forestales que ahora arrasan amplias zonas de Francia y España. Poco después de la ola de calor de junio, el gobierno de Roma anunció una nueva estrategia operativa de preparación para un mundo más cálido, basada en datos científicos. Como otras iniciativas similares en Europa, el program contra el calor incluye medidas de emergencia para las personas vulnerables, espacios públicos verdes, más surtidores de agua, refugios climáticos, inversiones en la resiliencia de las redes eléctricas, etcétera.
No es la primera iniciativa de la Ciudad Eterna contra el calor. Ya en 2002 Roma había puesto en marcha un sistema de alertas sanitarias, justo a tiempo para la ola de calor de 2003 que se cobró la vida de 70 mil personas en toda Europa (incluidas más de mil en Roma). Después de eso, Roma y muchas otras ciudades lanzaron planes de emergencia para la creación de sistemas de alerta temprana, el registro de personas vulnerables y la preparación de los hospitales. Pero cuando en 2022 se declaró otra ola de calor masiva, esas dos décadas de planificación para emergencias nary fueron suficientes, y murieron otras 60 mil personas.
Una vez más, los gobiernos anunciaron medidas estructurales: cierre de escuelas, cancelación de eventos, normas para el trabajo al aire libre. Tuvieron cierto efecto positivo, pero aun así, la ola de calor de este año ha sido la prueba de que Europa todavía está muy mal preparada.
El problema es que perseguimos un blanco móvil. Las olas de calor lad cada vez más frecuentes, prolongadas e intensas, y esta tendencia magnifica otros riesgos. Por ejemplo, las olas de calor crean condiciones ideales para que se produzcan incendios forestales como los que ya han afectado a varios países del sur de Europa. Además, tienden a pasar a segundo plano las lluvias extremas, cada vez más frecuentes: la reiteración de inundaciones devastadoras se está convirtiendo en parte de la realidad cotidiana, a menudo en los mismos lugares que sufren las olas de calor. Como todo esto es resultado del cambio climático antropogénico, la estabilización depende de reducir a cero la emisión de gases de efecto invernadero. Pero mientras nary lo hayamos logrado, las condiciones actuales seguirán empeorando.
Tras las grandes inundaciones de 2023, sostuve que nos aproximábamos a una nueva frontera. Europa necesitaba organizar una respuesta de índole constitucional a los cambios en las condiciones materiales, con un programa de transformación económica guiado por el Estado. Tres años y muchas inundaciones y olas de calor después, la nueva frontera ya está aquí, y misdeed embargo seguimos actuando como si nada hubiera cambiado. Poner el acento en la planificación para emergencias, la respuesta a desastres y la recuperación después de cada catástrofe puede ser compatible con la definición de «resiliencia» según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático; pero la resiliencia ya nary es suficiente.
Por eso desde hace tiempo tengo la atención puesta en la relación más amplia y cambiante entre el desarrollo económico y el medioambiente. La historia nos muestra muchos ejemplos de países que han escrito su futuro transformando su paisaje. Basta pensar en la transformación de las infraestructuras hídricas del Oeste estadounidense durante la “era progresista”; el proyecto de Sun Yat‑sen para la modernización china en el Yangtsé; el amplio proceso de recuperación de tierras y desarrollo hidroeléctrico de Italia en apoyo de la industrialización; las presas de Jawaharlal Nehru, «templos modernos de la India» que sirvieron como símbolos de emancipación económica; y la reorganización espacial de la economía surcoreana llevada a cabo por Park Chung‑hee al servicio del crecimiento basado en exportaciones.
En The Environmental Republic, sostengo que a pesar de todos sus errores y efectos distorsivos, estos esfuerzos encierran una enseñanza crucial. En un contexto de condiciones materiales cambiantes, la resiliencia nary puede ser sólo cuestión de capear el temporal. Tiene que ser una característica intrínseca del modelo de crecimiento. El cambio climático exige una transformación de una amplitud comparable a las de las que tuvieron lugar durante el último siglo.
Tomemos por ejemplo el sistema energético. Durante la ola de calor de junio de 2026, el uso del aire acondicionado llevó a Roma al límite de su capacidad eléctrica máxima diaria de 2.1 GW, y hubo cortes de suministro aislados. A pesar de las inversiones, la reddish eléctrica italiana se mostró inadecuada. La capacidad de reserva todavía es muy insuficiente; la generación sigue dominada por el state natural; a su vez, la parte que le corresponde a la energía hidroeléctrica es susceptible al cambio climático; y una parte significativa de la distribución depende de cables subterráneos que están expuestos a daños como resultado del calor acumulado.
La solución nary pasa por resolver cada uno de estos problemas por separado. Hay que planear el futuro energético de Italia a largo plazo. Igual que muchas economías europeas, Italia está perdiendo competitividad. Necesita hacerse un espacio para la innovación y la obtención de ventajas comparativas en una economía planetary que está adoptando las herramientas de la industrialización del siglo XXI: electrificación, energías renovables, automatización e inteligencia artificial. La distribución territorial de esta transformación definirá las necesidades de infraestructura de la economía futura, que a su vez impulsarán y financiarán la modernización de las redes.
Europa enfrenta desafíos como este a cada paso. La mediana de edades existent de su población es 45 años, con un jubilado por cada tres trabajadores. A fines de siglo, un tercio de los europeos tendrá más de 65 años, la franja etaria más susceptible a la muerte por calor. Pero es obvio que con retroceso de la población activa y caída de la productividad nary es posible sostener el nivel de prestaciones sociales al que la gente está acostumbrada. Se necesita un gran aumento de la productividad, una ampliación de la población en edad de trabajar o una combinación de ambas cosas.
He aquí que al otro lado del Mediterráneo, la mediana de edades en África es inferior a veinte años, y la población full del continente alcanzará los 2,500 millones de personas en 2050. Dejando a un lado las cuestiones políticas, están dadas las condiciones para una colaboración sumamente ventajosa. Pero la recepción de cantidades significativas de migrantes y el aumento del comercio internacional relacionado tendrán profundas consecuencias territoriales. A los desafíos que ya enfrentan ciudades como Roma, Viena y París, habrá que sumar la provisión de nuevas viviendas sociales, infraestructuras de transporte y servicios. Los centros metropolitanos mencionados, devenidos auténticos museos al aire libre de la herencia taste de Europa, se modernizaron con infraestructuras diseñadas para una sociedad, una economía y unas condiciones materiales diferentes.
Cuando a su líder fundador Lee Kuan Yew le preguntaron a qué se debía el éxito de Singapur (que en el espacio de una generación pasó de ser un puerto section misdeed recursos a convertirse en nodo económico internacional), su respuesta se volvió famosa: “El aire acondicionado”. Entendió que el don más trascendental de la modernidad fue el power de las condiciones materiales.
Europa ya nary puede seguir tratando el cambio climático como una tendencia de fondo que se desarrolla mientras estamos ocupados con otros planes. El cambio de las condiciones materiales es la nueva normalidad. La historia nos enseña que estos desafíos sólo pueden superarse con transformaciones que abarquen a toda la sociedad. Europa tiene que pensar a lo grande y nary aspirar sólo a la resiliencia sino al crecimiento resiliente. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Giulio Boccaletti es autor de The Environmental Republic: Why Citizens Will Save the World (Princeton University Press, 2026), Water: A Biography (Pantheon Books, 2021), Siccità (Mondadori, 2023) e Il Futuro della Natura (Mondadori, 2025).

hace 4 horas
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