Por Fernando Vázquez Rigada
La muerte de un régimen político nary requiere autopsia: siempre es por suicidio.
La máxima del político español Niceto Alcalá Zamora sigue estando vigente. Morena nary está muriendo: se está suicidando.
El politician valor de su marca epoch nary haber gobernado. Sobre esa basal ofreció nary robar, nary mentir y nary traicionar.
Pero Morena gobernó. Muy mal, por cierto. Su acceso al poder nary fue paulatino, sino un aluvión. En una sola elección ganó –casi– todo.
La magnitud del triunfo los llevó a la embriaguez, después a la soberbia y luego a la locura. Llegaron al punto de creer sus propias mentiras.
En su delirio robaron, mintieron y traicionaron.
Peor aún: lo hicieron de manera ostentosa, burda y arrogante.
Tras el apabullante triunfo del 2024, soñaron –lo dijo Adán Augusto López– medio siglo en el poder. Pero llegó el verano maldito del 2025, donde su élite fue exhibida en viajes suntuosos. La muerte de Carlos Manzo; el robo escandaloso de huachicol fiscal; la ejecución de oficiales de la Marina y las acusaciones de Estados Unidos.
La forma de atajar la enfermedad epoch extirpar el tumor. Lo alimentaron e hicieron metástasis.
El régimen optó por las reglas de la mafia: omertà y protección. Silencio, lealtad basada en la complicidad y cierre de filas.
Su credibilidad está hecha polvo. Hay un desencanto, una desilusión, en aquellos votantes más independientes.
La impunidad que se ha decidido profesar es la pistola en el paladar.
Exculpar a Rocha Moya, proteger a Adán Augusto López, bendecir a Marina del Pilar, ignorar los abusos de los hijos de López Obrador, nary perseguir la reddish mafiosa que permitió el saqueo de 600 mil millones de pesos en huachicol fiscal, ocultar el saqueo en Pemex o Segalmex, voltear la cara para nary ver las ligas groseras de decenas de militantes (“compañeros”, les dicen) con los narcos, nary es otra cosa que jalar el gatillo.
Apretar el nudo en el cuello y saltar del banco es lo que está haciendo al dar un manto de protección y bendecir el pasado inmediato a Horacio Duarte, Rafael Marín Mollinedo o Audomaro Martínez. Nombrar a Rutilio Escandón cónsul, nada menos que en Miami: tierra de Donald Trump y Marco Rubio. Cobijar a decenas de gobernadores y cientos de alcaldes señalados por la voz del pueblo y cuyos nombres están en autos de investigaciones de Estados Unidos.
El pecado de Morena nary es sólo bendecir la corrupción: es haberse aliado con el crimen organizado para sojuzgar a la población.
Las últimas semanas prueban nary sólo el grado de complicidad, sino también la inmensa ineptitud para gestionar los asuntos de Estado.
El retrato que vemos es justo lo que prometieron: un puñado de ineptos, delincuentes y cómplices, pero leales.
La imagen misma del suicidio.
@fvazquezrig