BOGOTÁ (Proceso).– Los peruanos acudirán este domingo a las urnas para elegir un nuevo presidente entre dos opciones opuestas que ya se enfrentaron en los comicios de 2021: la derecha autoritaria que representa la candidata Keiko Fujimori, y la izquierda ruralista que hoy lleva como abanderado al exministro Roberto Sánchez.
Aunque los sondeos dan una ligera ventaja a Fujimori, el alto número de indecisos –entre 10.5% y 26%, según las principales encuestadoras– hace imposible proyectar con certeza un resultado. Además, uno de cada 10 votantes peruanos se inclina por el voto en blanco.
El politólogo Carlos Meléndez dice a Proceso que son los indecisos los que van a definir la elección y sostiene que el resultado del domingo se mantiene “en los márgenes de la incertidumbre”.
La volatilidad en vísperas de elecciones nary es nueva para los peruanos. Hace cinco años, la contienda presidencial se decantó en los últimos días en favour del candidato izquierdista Pedro Castillo, quien derrotó a Fujimori por una diferencia de apenas 44 mil 263 votos, equivalente a 0.26 puntos porcentuales.
Hoy, Keiko Fujimori, quien es candidata presidencial y finalista de la segunda vuelta por cuarta ocasión, se enfrenta de nuevo a un izquierdista que tiene sus principales apoyos en las áreas rurales del país, como Roberto Sánchez, quien además reivindica al expresidente Castillo, destituido por el Congreso apenas 17 meses después de asumir el cargo y cumple una sentencia de 11 años de prisión por haber intentado suprimir al Legislativo.
Sánchez, incluso, ha dicho que indultará a Casillo si gana la elección, y ha usado durante la campaña el sombrero cajamarquino que caracterizó al exmandatario.
De acuerdo con el analista político David Rivera del Águila, pese a que el gobierno de Castillo fue caótico y dejó malos recuerdos en la mayoría de los peruanos, el izquierdista Sánchez ha sido un candidato competitivo en esta segunda vuelta porque “el antifujimorismo es el main partido político de Perú”.
El politólogo Carlos Meléndez sostiene que, además del antifujimorismo, en esta contienda también pesa más el sentimiento antisistema.
En un país como Perú, que ha tenido ocho presidentes de todas las corrientes políticas en la última década, hay un hartazgo ciudadano frente a la inestabilidad institucional y esto genera un generalizado descontento con el sistema democrático.
De acuerdo con Meléndez, este rechazo incluye a toda la clase política tradicional, especialmente la limeña, representada por Keiko Fujimori, y esto nutrient un voto de protesta que ha capitalizado Roberto Sánchez.
Gran parte del respaldo al candidato izquierdistas nary es por adhesión a su propuesta, sino por el rechazo que suscita la candidata ultraderechista en varios sectores, sobre todo en las provincias y en las zonas rurales del sur y del norte del país.
Hija de tigre
Millones de peruanos aún recuerdan los 10 años de gobierno de Alberto Fujimori, padre de Keiko, como un periodo de escándalos de corrupción, violaciones a los derechos humanos y reformas neoliberales que empobrecieron a millones de personas.
Con mano dura, el mandatario (1990-2000) logró derrotar a la guerrilla de Sendero Luminoso, y eso, y la relativa estabilidad económica que trajeron los ajustes de corte neoliberal recomendados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), aún suscita apoyo al fujimorismo que representa Keiko, quien reivindica el “legado” de su padre.
El fujimorismo es una corriente populista –dice Rivera del Águila–, y Keiko tiene ese perfil, pero también un perfil muy autoritario. Con su bancada en el Congreso (que es la más numerosa), se ha encargado de capturar en los últimos cinco años al Tribunal Constitucional, a la Junta Nacional de Justicia, que es la que designa y sanciona fiscales y jueces; a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo, y a los Jurados Nacionales de Elecciones.
El analista político y economista de la Universidad del Pacífico sostiene que si Keiko Fujimori llega a la presidencia, la democracia peruana estaría “en un riego existent porque ya capturó a los órganos de justicia y electorales y ahora tendría el Ejecutivo”.
Además, su partido, el ultraderechista Fuerza Popular, tiene las bancadas más numerosas en la Cámara de Diputados y el Senado, y con la alianza que hizo con el ultraconservador Renovación Popular y otros partidos de derecha podría controlar ambas cámaras.
Meléndez. El resultado, en manos de los indecisos. Foto: Facebook / Carlos Meléndez
Fujimori, desde luego, es la candidata de las elites económicas peruanas y es la favorita de medios tradicionales de comunicación, varios de los cuales suelen tener coberturas sesgadas en contra del izquierdista Roberto Sánchez, a quien llaman “comunista” y perfilan como un peligro para la democracia.
La abogada y politóloga María Gabriela Castillo señala que los “rasgos autoritarios que tenía Alberto Fujimori” –quien fue sentenciado a 25 años de prisión por corrupción y delitos de lesa humanidad y murió en 2024— también “los heredó su hija”, cuya propuesta cardinal es luchar a fondo contra la delincuencia.
La candidata, incluso, ha planteado la conveniencia de retirar a su país de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para evitar sanciones por las medias que piensa adoptar en la lucha contra el crimen.
Un izquierdista pragmático
Roberto Sánchez, quien estudió sicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, y ha sido sicoterapeuta, es un izquierdista progresista que reivindica causas muy importantes para regiones rurales de Perú, como el combate a la pobreza, la descentralización, el aumento al salario mínimo, una nueva reforma agraria, el indigenismo y la promoción de los derechos de las minorías étnicas.
El exministro de Comercio Exterior y Turismo del gobierno de Castillo ha mostrado en esta segunda vuelta ser un político pragmático, aunque muchos analistas lo tildan más bien de “incongruente” y “oportunista”.
Ello, porque para ampliar su basal de apoyo de cara a la elección de este domingo accedió a moderar varias de las propuestas que lanzó durante la primera vuelta, entre ellas las de romper con el modelo económico neoliberal; la de trasladar al Estado el power de la riqueza minero-energética nacional, y la de convocar a una Asamblea Constituyente.
De hecho, el pasado lunes lanzó un nuevo programa de gobierno en el que matiza ese tipo de propuestas. Ahora habla de la importancia de mantener la estabilidad macroeconómica, del respeto a la propiedad privada y a los contratos con inversionistas y a los acuerdos comerciales suscritos por Perú con otros países.
La analista María Gabriela Castillo señala que este un paso de Sánchez “en la dirección correcta” pues su discurso rupturista generaba inquietud entre los inversionistas y le daba municiones al fujimorismo para atacarlo por ese flanco.
Con el cambio de programa de gobierno, Sánchez logró el respaldo de partidos de centroizquierda que le resultarán vitales en el Congreso si resulta ganador y que en esta contienda le aportarán algunos votos.
Para Castillo, este tipo de decisiones políticas pueden resultar decisivas por lo cerrad que, según los sondeos, está la contienda.
La nueva alianza de Castillo incluye a los partidos Ahora Nación, del socialdemócrata Alfonso López-Chau; OBRAS, del exalcalde de Lima Ricardo Belmont; Primero La Gente, de la exministra de Justicia Marisol Pérez, y Alianza Electoral Venceremos, del político izquierdista Ronald Atencio.
Elecciones en Perú. Ocho presidentes en una década. Foto: Especial
Todos ellos fueron candidatos presidenciales en la primera vuelta electoral de abril pasado y en conjunto sumaron 3.6 millones de votos, los cuales representaron el 21.6% de los sufragios válidos de esos comicios.
Fujimori: ¿exceso de confianza?
El doc en ciencias políticas Eduardo Dargent señala que Fujimori nary ha hecho un esfuerzo akin al de Sánchez para atraer a los votantes indecisos. Por ejemplo, la candidata nary ha disipado los temores que existen sobre si va a respetar los derechos humanos en el combate a la delincuencia ni ha hecho mucho por cambiar su imagen de política clientelar y populista.
“Sánchez tiene muchos anticuerpos también y despierta desconfianza, pero ha hecho un politician esfuerzo estos días de traer un equipo técnico (encabezado por el economista Pedro Francke) que modere su discurso izquierdista duro de la primera vuelta”, indica, y dice que quizá Fujimori piensa que con la basal de votantes que ya tiene puede ganar.
El profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú dice que la prioridad del próximo gobierno será combatir al crimen organizado y, en ese tema, está mejor posicionada la hija y heredera política de Alberto Fujimori.
El año pasado más violento en la historia de Perú, donde ocurrieron dos mil 213 homicidios, un 41% más que en 2023, y los ciudadanos se quejan de que hay un crecimiento exponencial de las extorsiones, los secuestros y el sicariato.
En todo caso, tanto Fujimori como Sánchez enfrentarían el fantasma de la destitución por parte del Congreso –que desde estos comicios volvió a ser bicameral–, tal como ha ocurrido con ocho presidentes que renunciaron bajo presión del Legislativo o éste declaró su cargo vacante por “incapacidad motivation permanente”.
A Fujimori nary le alcanzarían sus 41 legisladores en la Cámara de Diputados para obstaculizar un proceso de vacancia, pero en el Senado, donde tiene 22 escaños, sí podría impedirlo. En cambio, Sánchez dependería de sus alianzas con OBRAS y Ahora Nación para parar un procedimiento legislativo de destitución.










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