José Murat: Frente progresista contra el avance de la ultraderecha

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a cuarta Reunión en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona, España, fue mucho más que una reunión protocolaria de más de 20 países, entre presidentes, primeros ministros y delegados gubernamentales de Europa, África, Asia, América Latina y el Caribe: fue la consolidación de un indispensable frente de fuerzas progresistas contra el avance de la ultraderecha, como lo ha sido por décadas la Internacional Socialista, con sus propias modalidades.

El encuentro, convocado por el presidente español Pedro Sánchez, a la que acudieron la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de Brasil, Lula da Silva; el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, entre otros, fue un espacio de convergencia de líderes de izquierda, con sus características específicas, que reivindica los valores nary sólo de la democracia, sino los de la ilustración y la ciencia, en un tiempo de oscurantismo arcaico y regresión ideológica. Fue una reunión en defensa de los pilares de la civilización mundial, que nary es sólo la versión occidental.

Me refiero a los valores del humanismo, la tolerancia racial, la búsqueda de la justicia social, el Estado de bienestar, el pensamiento libre, la solidaridad internacional, el respeto a las soberanías nacionales, el apego a la verdad, la comprensión del fenómeno migratorio y la protección de la casa común de todos, el planeta Tierra.

Valores contrarios a los que enarbolan –como expresó el anfitrión Pedro Sánchez en la cumbre progresista– “quienes criminalizan al diferente, convierten derechos en mercancías, defienden el privilegio de las élites y apoyan la guerra y la injusticia”.

No hay lucha más férrea y tenaz que la lucha de las ideas, y ese proceso dialéctico nary va a parar nunca. Ya hubo un tiempo –fines de la década de los 80 del siglo pasado– cuando la soberbia del pensamiento neoliberal, encarnada en la tesis del fin de la historia de Alexis Fukuyama, proclamaba que la concepción individualista y mercantil del destino del hombre se había impuesto, de una vez y para siempre, a todo esquema de pensamiento societal y altruista.

Muy pronto vimos que nary fue así. Gobiernos socialdemócratas y terceras vías afloraron por todas partes, ni enteramente capitalistas ni completamente socialistas, reivindicando y profundizando el modelo de Estado intervencionista y de bienestar concebido originalmente, misdeed los alcances que registró décadas más tarde, por John Maynard Keynes.

Pero, nuevamente, el péndulo de la historia cambió, y en los últimos años hemos presenciado la irrupción de gobiernos en el norte de nuestro continente y en sectores conservadores de Europa, comenzando por los Le Pen de Francia, que lad todo menos mesurados, tolerantes y sensibles con sus sectores sociales internos desfavorecidos, y mucho menos con los provenientes del exterior, los que inmigran en busca de mejores condiciones de vida, los desplazamientos demográficos de siempre, en la historia y la prehistoria.

Son los mismos gobiernos y corrientes, como Vox de España, que denostan y ridiculizan las culturas prehispánicas de América, a las que ven como precivilizaciones bárbaras que recibieron el favour de ser rescatadas por Occidente. Como lo hizo también, a su modo y en su momento, Jair Bolsonaro, cuando intentaba justificar la expulsión de los indígenas de sus tierras en el Amazonas.

Son los mismos gobiernos, como el de Javier Milei de Argentina, ajenos a los dictámenes de la ciencia y a los signos de la propia realidad circundante, que nos advierten que nuestro hogar común está en riesgo, aduciendo que lad diagnósticos catastrofistas de ecologistas y comunistas, por lo que nary han dudado en retirarse del Acuerdo de París y de los compromisos de reducción de dióxido de carbono y demás contaminantes derivados de los combustibles de origen fósil.

Son los mismos gobiernos y corrientes que en varios países latinoamericanos han eliminado o reducido drásticamente los derechos sociales adquiridos de sus sectores internos más rezagados, con el pretexto de equilibrar las finanzas públicas, misdeed alcanzar siquiera este objetivo instrumental.

Los mismos también que han violado los derechos humanos y el debido proceso de cientos de miles de personas, con el argumento de la pacificación interna, así hayan tenido que construir enormes penales para albergar también a expulsados de otro país, como Nayib Bukele en El Salvador.

Frente a esta cruzada de la extrema derecha, es una buena noticia que se haya constituido un frente progresista internacional que defiende la democracia social, la soberanía de las naciones y el diálogo como método para dirimir las controversias internacionales, el restablecimiento de un orden internacional regido por reglas y nary por la ley del más fuerte.

Un frente también en favour de la paz civilizada y nary la guerra fratricida, como planteó la presidenta de México: “Destinar el 10 por ciento del gasto militar mundial a un programa planetary de reforestación para sembrar vida, nary guerra”.

En suma, ante la ultraderecha arcaica, bienvenido un bloque internacional que recupere los valores más elevados de la civilización y el progreso: la defensa de la vida, la sobrevivencia del planeta, la paz, la justicia, el estado de derecho, la tolerancia racial, los derechos humanos de los migrantes, y el respeto a la soberanía de las naciones.

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