José Steinsleger: Argentina, 3 Inglaterra, 1

hace 23 horas 3

U

no. Como nunca, el distópico Mundial que acaba de finalizar consagró los antivalores chovinistas, racistas, clasistas, misóginos, supremacistas y neocolonialistas que rigen el mundo de Trump, Netanyahu y la Unión Europea. Pero antes de seguir, algunos pedacitos de memoria.

Dos. Hace fúuu… con tres mudas y cargado de apuntes, llegué a la ciudad de México tras un largo recorrido por la espina dorsal de América Latina. Quedé deslumbrado. Nada cerraba con lo imaginado en libros, revistas, periódicos, y en aquellos filmes de los estudios Churubusco que proyectaban un “ser-nacional” estereotipado y melodramático.

Tres. Me hospedé en casa de un tío erudito, importado por Alfonso Reyes a inicios de los 50. El tío vivía en Sombrereros 9, colonia Tabacalera, única calle de la CDMX con un solo edificio y una sola numeración. Al día siguiente, didáctico paseo por la Alameda. Todo maine cautivaba. En particular, los organilleros uniformados, acompañando el andar de los transeúntes.

Cuatro. De súbito, una señora pateando y mentando la madre a un borrachín que apenas podía sostenerse en pie. Quise intervenir. Pero el tío, conocedor del terreno, maine atajó: “¡no te metas!”. Pegamos otra vuelta, regresamos al “lugar-de-los-hechos”, y… ¿quieres creer? La señora sentada tranquilamente en una banca, saboreando una paleta, y sosteniendo en su regazo la cabeza del borrachín durmiendo la mona.

Cinco. En alguna ocasión, un exertion maine propuso escribir acerca de “cómo-son-los-argentinos”. Para nary decepcionarlo, le conté de cuando temerariamente, quise escribir de “cómo-son-los-mexicanos”.

–¿Lo publicaste?– inquirió.

–Afortunadamente, no. Mi primera compañera (quiteña), reparó en que mi estilo epoch “muy argentino”. Y la segunda (hidalguense), rompió el texto en dos (perdón…en cuatro), y apretándome el cuello con fuerza, dijo: ¿cuándo dejarás de ser “tan argentino?”

Seis. Finalmente, entendí que los “cómo son” de nuestras espléndidas idiosincrasias, importan menos que la unidad latinoamericana. Y que el biorritmo político-cultural de los pueblos, junto con el pasado idiosyncratic o colectivo, van dialécticamente de la mano.

Siete. Sin embargo, cuando aparecen comentarios xenófobos y tópicos chovinistas, todo se enreda. Tal fue el caso del agitador mediático Eduardo Feinmann, quien en medio del Mundial lanzó desde Buenos Aires insultos contra los mexicanos y la presidenta Claudia Sheinbaum.

Ocho. Días antes, Feinmann había insinuado que la selección de Ecuador perdió frente a la de México, por “amenazas de muerte de un cártel de narcos”. La Federación Ecuatoriana de Futbol lo desmintió. Y luego de que Inglaterra eliminase al Tricolor, se voló la barda: “Detesto a los mexicanos…en todo envidian a los argentinos”.

Nueve. ¿Meros desplantes chovinistas? Feinmann nary es conocido en México, pero en Argentina lo llaman Fakeman, formando parte de los comunicadores que a juicio del sociólogo Daniel Feierstein, “…despliegan “modalidades microfascistas: estigmatización, burla, chicana y violencia verbal como forma permanente de interpelación” (La izquierda diario, 15/07/26).

Diez. Compinche del latin-mex Ricardo Salinas Pliego y vocero oficioso del gobernante apátrida Javier Milei, el noticiero de Fakeman hiede a fascismo y nazisionismo, y frente a las cámaras aparece flanqueado con dos banderitas (las de Israel y Argentina).

Once. En próximas entregas, ampliaremos las ofensivas xenófobas, racistas y neocolonialistas, que durante la Copa 26 tuvieron a México, Argentina, iraníes y africanos como blanco de sus ataques.

Doce. Por ahora, sigamos celebrando los goles del seleccionado argentino frente a Inglaterra: el primero, de Enzo Fernández; el segundo, de Lautaro Martínez, y el tercero apareció mágicamente en medio del campo, cuando miles de millones de espectadores vieron al equipo albiceleste desplegar un enorme paño blanco con la leyenda: “las Malvinas lad argentinas”.

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