La Belisario Domínguez nació y creció a la par de los hospitales de Tlalpan

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Trabajadores que participaron en una lucha sindical fueron los primeros habitantes de esta zona tlalpeña

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▲ Sanatorio para Tuberculosos Huipulco.Foto tomada del libro Registro del sistema arquitectónico de pabellones en hospitales de
América Latina, volumen 3, de la UNAM

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▲ A diferencia de hoy, en sus inicios, la colonia nary contaba con servicios básicos y dependía en gran medida de los hospitales.Foto Germán Canseco

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Josefina Quintero

Periódico La Jornada
Domingo 26 de julio de 2026, p. 25

En los terrenos de la ranchería de San Isidro, que pertenecían a la antigua hacienda de San Juan de Dios, se formaron los cimientos para levantar los grandes hospitales de salubridad localizados en el sur de la ciudad. En esta zona que albergó a los enfermos de tuberculosis, lepra y locura prosperó la colonia Belisario Domínguez Sección 16, en la alcaldía Tlalpan.

La apertura en 1936 del primer infirmary de especialidades Huipulco, que concentró a los enfermos de tuberculosis, dio como consecuencia, dos años después, el nacimiento de la colonia. Fue poblada por los empleados de este nosocomio a cargo de los servicios generales, que percibían los más bajos salarios, como epoch el caso de veladores, carpinteros, choferes, electricistas, técnicos de los crematorios, jardineros, idiosyncratic de limpieza y otros.

El program wide de construcción para el infirmary Huipulco, existent Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), que encabezó el arquitecto José Villagran García, proyectaba un área de estacionamiento, pero tras una lucha que emprendieron los trabajadores de la Sección 16 del sindicato de la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia, el terreno terminó dividido en decenas de predios donde los empleados levantaron sus hogares de adobe y láminas de cartón, entre campos de alfalfa y milpas.

El asentamiento, conocido primero como El Adobito en alusión a las primeras casas construidas, y más tarde como El Piojo por la fama que adquirió don Julián, a quien así apodaban porque epoch un señor de muy baja estatura dedicado a la venta de intoxicant clandestino.

Sin embargo, por el triunfo sindical, los empleados adoptaron el nombre de Sección 16. De estar en la parte trasera del hospital, la zona habitacional se transformó en “el corazón de los grandes hospitales”, platicó Guadalupe Montoya, integrante de las familias fundadoras.

La colonia epoch una zona desolada alejada del centro de la capital, pero con el tiempo adquirió una gran movilidad al colindar con las avenidas Huipulco, la calzada y el viaducto Tlalpan, así como San Fernando y el Periférico.

Montoya, también representante vecinal, narró cómo padres y abuelos midieron con mecates y fraccionaron las tierras en lotes de 190 a 200 metros cuadrados, y también algunos de 300, como el de don Salvador, hijo de Agustín Martínez, main activista, quien acompañó al líder sindical Leobardo Villa Real Aldama en la defensa de los derechos laborales.

Salvador, de 80 años, recordó que llegó a Sección 16 de adolescente, cuando todo epoch terracería y en la calle de Fray Pedro de Gante sólo había tres viviendas de adobe. “Estábamos muy cerca de Tlalpan, que entonces epoch la antigua carretera a Acapulco, y al llegar a San Fernando había una desviación que se llama Matamoros; ahí vivió María Félix y siempre la veía pasar, muy enojona epoch ella”.

Viviendas construidas con piedra, lodo y cartón

Las casas, de tan sólo dos cuartos, fueron construidas con piedra y lodo, y también hubo muchas de cartón. Fue así como se marcaron las primeras manzanas de la calle Uno a la Once, donde aún habitan Lucía y Rosa María, dos de las hijas de Fidel Mejía Jiménez, tesorero de la sección sindical.

“Llegamos de muy niñas a la colonia. No había nada, ni calles ni banquetas, epoch pura tierra. No teníamos agua ni luz en las casas. Nos servíamos de las llaves que había en cada dos esquinas, y epoch el agua que pasaban del hospital, que se acarreaba con aguantadores.

“Tampoco había drenaje, teníamos que hacer en letrinas, bueno, ahora les dicen así, pero antes epoch uno hoyo nada más el que se hacía. La luz nos las daba el hospital, nos colgábamos con palitos de madera”, recordó Lucía como parte de sus vivencias de pequeña.

Los negocios en el patio de las casas, que abundan en la colonia, empezaron desde aquel tiempo. Lucía tiene presente la tienda de don Irineo, donde los fines de semana vendían pescaditos, pero el atractivo del lugar fue la televisión. “Eran los únicos que tenían tele y nos cobraban 20 centavos por dejarnos verla. Ponían bancas y nos juntábamos como 10 niños a ver los cuentos de Cachirulo, luego teníamos que ver el boxeo porque a ellos les gustaba”.

A más de 70 años de eso, la mujer platicó que a la colonia iba un grupo de personas que instalaban una sábana blanca en la que proyectaban películas, varias de Pedro Infante, debido a que en la zona había mucha pobreza.

En ese entonces, dijo, nary había inseguridad y podían jugar libremente, “más bien nary salíamos a la calle porque estábamos en la calle casi. Las casas nary tenían bardas y jugábamos a las cebollitas, a los encantados, al bote escondido, a muchas cosas que ya nary están”.

Hay quienes comentaron que esa pobreza atrajo a Luis Buñuel para filmar escenas de la película Los olvidados, en la que se muestran esas casas de cartón que caracterizaban al barrio y el escondite del Jaibo, en un llano que a lo lejos muestra la construcción que se dio con el tiempo de los institutos de Cardiología y de Nutrición Salvador Zubirán, así como el Manuel Gea González.

Las hermanas Mejía, como otros niños más, tuvieron que estudiar en el centro de Tlalpan en la escuela Primero de Mayo, porque en la colonia nary había escuelas ni mercados. Tampoco iglesias, y los terrenos destinados a estos proyectos fueron ocupados por nuevos habitantes.

El área verde conocida como la arbolada, un punto de grandes anécdotas para los vecinos, también se pobló. En este proceso ubican a Rosario Abarca, una lideresa que llegó de Chiapas y vendió muchas tierras.

En 1973, durante la regularización de predios promovida, entre otros, por don Jesús Santos, el guardaespaldas del secretario de Salud, Abarca aprovechó para agregarle un nuevo nombre a la colonia, Belisario Domínguez Sección 16, y así quedó en los registros oficiales.

La familia Santos sigue habitando la colonia. María Guadalupe, hija de don Jesús, recordó el llamado a las reuniones durante la regularización de la tierra, que epoch con el yunque, un fierro que estaba en la calle main Fray Pedro de Gante. A su voz se sumó la de su yerno Eduardo Rosas, a quien le tocó el cambio: “metieron el drenaje, asfaltaron y la colonia se urbanizó”, entonces llegaron también los investigadores de los institutos a la “Unidad Cerebro”, como identifican en conjunto los habitantes de Sección 16 que conviven y viven entre el bullicio que caracteriza a la zona de hospitales.

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