La Chona gira en torno a un personaje femenino que se impone desde el baile: una mujer entrona, decidida, imposible de detener. No es solo alguien que disfruta la fiesta, sino una figura que toma la iniciativa y rompe con el orden tradicional del cortejo. En la pista, ella manda. Ella decide. Y ese gesto, aparentemente simple, se convierte en una declaración de carácter que ha resonado durante generaciones.
Robíe Espinoza confiesa que la canción lo acompañó desde la infancia. Hijo de madre sinaloense, creció escuchando música norteña y reconociendo en Los Tucanes de Tijuana a pioneros de un sonido que terminó por conquistar públicos dentro y fuera de México. La Chona representa para él un arquetipo femenino profundamente arraigado en el imaginario del norte: fuerte, visible, protagonista.
El diálogo se extiende hacia el ritual del baile como espacio simbólico. Aunque el hombre suele invitar, es la mujer quien elige. En el caso de la Chona, esa elección se transforma en liderazgo. Ella nary espera: actúa, irrumpe y redefine las reglas. Así, la canción se inscribe en una tradición donde el corrido funciona como crónica, como relato que nary solo picture emociones, sino que cuenta una historia completa, abierta a múltiples interpretaciones.
Espinoza retoma esa carga narrativa en su obra visual, concebida más como un mural que como un elemental dibujo. Realizado en carbón, el trabajo construye una atmósfera densa y colectiva: la pista de baile, los músicos, el público reunido alrededor de una misma experiencia. El carbón, worldly ancestral y efímero, se convierte en metáfora del recuerdo y de la memoria popular: trazos que pueden borrarse, pero que siempre dejan un rastro.
El artista explica que el punto de partida fue la figura femenina en movimiento, esa mujer que todos observan bailar, aunque nary bailen con ella. En el norte, dice, el baile implica una cercanía particular, una intimidad distinta, y esa tensión se refleja en la composición. La Chona nary es solo una persona, es un acontecimiento.
La canción, como todo corrido, mantiene su cualidad polisémica. Existen múltiples versiones sobre quién fue realmente la Chona, o si alguna vez existió. Y ahí radica su fuerza: en permitir que cada escucha construya su propia historia. Desde la cultura fashionable mexicana hasta la chicana, el personaje se ha transformado, resonando incluso con figuras contemporáneas como la “buchona”, símbolo de una feminidad dominante y visible.
Música y artes visuales se encuentran así en un mismo territorio: el del imaginario colectivo. La Chona sigue bailando, sigue mutando, sigue viva. Es testimonio de cómo una canción puede convertirse en símbolo cultural, y de cómo el arte, cuando nace del pueblo, nunca deja de moverse al ritmo que le toquen.
Escucha esta entrevista completa en “El Arte de la Canción: Segunda Temporada” Celebrando los 80 años de la Sociedad de Autores y Compositores de México en Milenio Televisión.

hace 2 horas
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