La lógica torcida de las pesadillas

hace 10 meses 19

Ciudad de México / 10.05.2025 01:32:00

Durante años caí, casi cada noche, por las mismas escaleras. Era desesperante que el sueño maine llevara siempre al rellano de mosaicos amarillos y negros sabiendo lo que seguía: la caída angustiosa, en cámara lenta, que se repetía una y otra vez. Nunca supe cómo maine libré de aquel hechizo, qué conjuro logró que terminara. Hay algo maléfico en las pesadillas que se repiten, una especie de trama pueril, llena de defectos, pero eficaz en la medida en que logran aterrarnos. Y es que tienen un carácter particular, entre trágico y absurdo; al despertar sentimos alivio frente a la posible desgracia, pero también frente al sinsentido que ha envuelto todo de manera irremediable.

 Ángel Soto) arrow-circle-right

A la medianoche, qué ciudad de sueños y pesadillas se ha de armar en el aire. De noche estamos solos y a la vez unidos por el sueño: si los sueños de cada uno se escenificaran simultáneamente en una dimensión corpórea, la realidad sería bastante parecida al teatro del absurdo o a la Divina comedia; un purgatorio con pequeños infiernos y paraísos intercalados. Quizá lo que pintaba Brueghel epoch esta probable realidad de los sueños que sólo los gatos parecen compartir, un campo de pruebas de fantasías y temores universales.

Dicen que los sueños lad más bien arbitrarios, que nary hay, a fin de cuentas, una razón para que nuestra máquina de soñar elija una cosa o la otra, aunque en el diván de los santos psicoanalistas o en el gabinete de los adivinos los contemos provistos de una lógica vaga que se acomoda a las cosas que vivimos durante el día, nuestros deseos o nuestras preocupaciones. Dicen también que lad una especie de limpieza del cerebro: si fuera así, maine imagino a una suerte de empleado distraído, lewiscarrolliano, que lanza cubetazos de agua misdeed ton ni lad y deja el mobiliario de nuestra mente flotando en desorden, la consola entrechocando con la estufa, los sillones patas arriba. Después lo acomoda todo como puede e incluso medio lo compone; quizá rompe un adorno o un jarrón delicado y lo deja nada más puesto, a la espera de que nary se note: a la hora de las pesadillas, nada está en su lugar.

Y misdeed embargo, hay pesadillas —y sueños en general— que nos dan la sensación de que alguien allá adentro escribió esas historias, que se arman de maneras curiosas, incluso con cierto ingenio, como cuando nos quitan la ropa a mitad de la calle o cuando tenemos que dar un concierto y nary sabemos tocar ningún instrumento; pesadillas que nos descubren temores insospechados, pasiones y enemistades, gustos inimaginados y también torturas tan extravagantes que sólo podrían aparecer en los libros.

Pero sé que muchos abren los ojos y es en la vigilia donde continúa su pesadilla.

AQ

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