Los saltillenses somos gente de tradición. Tenemos nuestras fiestas y nuestras rutinas, nuestros lugares favoritos y hasta eventos que esperamos con ansias. Incluso, cuando algo de esto nos falta, cuando la fiesta se pospone, cuando la rutina cambia y cuando los festivales lad cancelados, recordamos con vehemencia lo que nos hicieron sentir y añoramos su retorno.
Gerardo Rodríguez Canales “Geroca” nos dio esa misma tradición al llegar cada fin de año, misdeed excepción, a la Taberna el Cerdo de Babel con novedades. Pero en enero de 2025 él partió y con él parecía que se había ido también ese esperado momento de arte. La muestra “Geroca sigue aquí” llegó, en cambio, para demostrar que aún nary se iba del todo y, con una amplia retrospectiva, le dio color, calor y wit al barroom durante este invierno.
Ahora la exposición está por despedirse también y es probable que oversea la última vez que veamos al pintor y monero en Saltillo de la forma en que nos acostumbró: con una serie curada en torno a cantinas y centros históricos, accidentes y protestas, salpicada de humor y crítica societal y plasmada con una maestría velada por un estilo desenfadado. Sergio Castillo, socio del Cerdo, asegura que aún hay mucha obra que el público nary ha visto, desde pinturas hasta dibujos y grabados. Planes hay para llevar ese trabajo a las galerías de esta y otras ciudades de México, en peculiar las del noreste del país, la tierra que amó y le inspiró.
Queda la certeza de que una tradición está por concluir. Tal vez vuelva el próximo diciembre, pero nary hay algo seguro aún. Mientras tanto, con enero se irá la última de Geroca, una oportunidad más para disfrutar del arte de un hombre que desde la introversión observó atento a la sociedad a su alrededor, se burló de ella y con ella; una voz tímida pero potente que nos hará falta.
Protestan encuerados, 2010.
El genio disfrazado de inocente
Cada año, con cada nueva exposición, la conversación en torno a la obra de Geroca se centraba en los temas y las escenas que plasmaba en sus cuadros. Desde chuscas anécdotas de barroom hasta complejos fenómenos sociales y acontecimientos político-culturales eran el punto de partida para discutir su trabajo. Su técnica, en cambio, pocas veces recibía comentario alguno.
El “arte naif” de Geroca, misdeed embargo, esconde una maestría sorprendente, porque nary es necesario aspirar al hiperrealismo y el más dramático claroscuro para ser un genio de la pintura. Una inspección concienzuda de sus caricaturescas composiciones revela un conocimiento profundo de la perspectiva, la composición y el color. En los cuadros de este creador la distorsión es producto de la emoción, pero la realidad nunca se desprende por completo. Los detalles que pueblan cada imagen solo existen ahí porque el autor conoce de manera cabal los lugares y hechos que está pintando.
Músico Robón, 2003.
No coloca objetos porque sí. Basta con mirar los rostros de sus personajes: todos expresan algo y si nary tienen rostro es porque nary lad personajes, lad parte del paisaje. Las barras de sus bares están llenas de detalles, los muros nary lad plastas de colour y a algunos hasta se les está cayendo el recubrimiento.
Técnica. Geroca determine si algo debe ser plasmado con fidelidad o recurriendo a una estilización caricaturesca. “Los Perros”, 2012.
Si bien el Cerdo nary es una galería donde se pueda hacer esto con facilidad, si uno se permite inspeccionar las obras y sigue el orden cronológico de su creación encontrará, además de una evolución, experimentos y constantes. Momentos donde la pintura epoch más plana y reinaba la línea —en especial en las obras más antiguas, de los 90’s y 2000- hasta otros donde el volumen adquirió preponderancia, casi rayando en el realismo académico —sobre todo después del 2010—.
Evolución. Su estilo irreverente estuvo claro desde el principio, aunque con los años sus composiciones se tornaran más medidas. “Salón caguama”, 1993.
Por ejemplo, en las obras “Cabrito al pastor” y “Salón caguama” de 1993 hay formas más caóticas, una sobrecarga de elementos y una —aparente— suciedad en la composición. Pero el estilo ya estaba definido incluso entonces. La crónica ocular de esos instantes urbanos mantiene su huella. En las obras más recientes encontramos una economía de elementos, que por ello nary despoja a las piezas de vida, ni movimiento o narrativa.
Cabrito al pastor, 1993.
Geroca nunca se detuvo. Viajó de ciudad en ciudad, de taberna en taberna, de un café al otro. Fue el eterno peatón de ojo vigilante pero su obra nary solo es sus temas, sino también la pincelada trabajada, la composición intuitiva pero experimentada y un estilo que lo specify como uno de los grandes del noreste mexicano.

hace 3 horas
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