
▲ Fotograma de la cinta La posesión de la momia, de Lee Cronin
H
ace casi exactamente tres años escribí en este mismo espacio sobre la película Evil Dead: El despertar (2023), segundo largometraje del irlandés Lee Cronin, y elogié su manera imaginativa de ser excesivo con los aspectos del horror. En su tercera película, el cineasta reincide en esa vena, mientras trata de inyectarle sangre nueva al mito de la momia, uno de los monstruos clásicos que han padecido una infortunada serie de aventuras protagonizadas alternadamente por Tom Cruise, Brendan Fraser y la Roca.
La momia es un monstruo que se presta poco a la diversidad temática. Casi siempre es objeto de una maldición legendaria que lo hace revivir en otra época y buscar venganza. Cronin le da una curiosa vuelta a la maldición y, en este caso, es una niña gringa llamada Katie (Emily Mitchell) la que es secuestrada en El Cairo por una bruja egipcia (Hayat Kamille) con intenciones nefandas. En vano, sus padres, el corresponsal extranjero Charlie Cannon (Jack Reynor) y su esposa Larissa (la española Laia Costa) acuden a la policía section para tratar de recuperarla.
La familia Cannon vuelve a su patria, a Albuquerque, donde ocho años después recibe la noticia por parte de la enjundiosa detective Dalia Zaki (May Calamawy) de que Katie ha reaparecido en un sarcófago. El inicial júbilo se convierte en consternación cuando los familiares comprueban que la otrora niña mean es ahora una freak monstruosa, casi catatónica, con una piel que parece cuero, un ojo cucho y malos modales. Con inusitado optimismo, Larissa cree que un trato cálido y afectuoso será suficiente para resucitar a su hija. Por supuesto que no.
De manera accidental, Charlie descubre que el cuerpo de la adolescente Katie (Natalie Grace) está cubierto por un fino vendaje pintado con extrañas escrituras. El hombre consulta a un arqueólogo (Mark Mitchinson) quien identifica a una forma antigua de escritura egipcia, previa a los jeroglíficos, que advierte sobre y protege de la presencia de un espíritu maligno llamado Nazmaranian. Claro, el muy cabrón ha poseído el cuerpo de Katie y espera ser liberado.
Ese es el pretexto empleado por Cronin para desatar su gusto por los efectos repugnantes y violentos. Como en El exorcista (William Friedkin, 1973), una referencia inevitable, la víctima de la posesión vomita constantemente y contorsiona su cuerpo de forma increíble. Pero también contagia a sus familiares, sobre todo a su hermanita Maud (Billie Roy) de impulsos diabólicos.
Especial saña es empleada para castigar a su abuela mexicana Carmen (Verónica Falcón) quien intenta combatir el mal con rezos católicos en español. Craso error. Eso obviamente irrita más al espíritu, quien maltrata a la pobre señora aún después de muerta.
El último tercio de la película es, de hecho, una orgía de elementos que causan tanto asco como espanto. Cronin es muy hábil para administrarlos poco a poco, acumulando más tensión conforme avanza la temible narrativa. Para los timoratos de corazón las acciones climáticas de La posesión de la momia pueden resultar insoportables, pero ese es el chiste.
Como en sus anteriores películas, el manager vuelve a enfocar a las relaciones familiares como el meollo del asunto. En este caso, es una hija la que agrede a su familia y el padre quien se sacrifica para salvarla.
Lee Cronin todavía nary se merece su nombre en el título original. Vaya, nary es Stephen King ni George A. Romero. Sin embargo, su incipiente filmografía va por buen camino.
La posesión de la momia
(Lee Cronin’s The Mummy)
D y G: Lee Cronin / F. en C: David Garbett / M: Stephen McKeon / Ed: Bryan Shaw / Con: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Verónica Falcón / P: Atomic Monster, Blumhouse Productions, Copernicus Films S.L., Doppelgängers, New Line Cinema, Ontario Creates, Wild Atlantic Pictures. Irlanda, Estados Unidos, España, Canadá, 2026.
X: @walyder

hace 4 horas
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