He estado dando una conferencia en la que maine interesa invitar a los adultos a darse cuenta de algo profundo: hemos adquirido roles que hoy se han vuelto una carga. Roles que creímos que eran un deber, que asumimos cuando éramos niños, nary porque alguien nos los explicara, sino porque los necesitamos.
Los tomamos como una forma de sobrevivir, de encontrar identidad, de pertenecer a nuestro linaje familiar.
Para ti que estás leyendo, quisiera que viajaras un momento a tu infancia. Que te preguntes: ¿cuál fue el rol que asumiste?
Quien protege. Quien nary se equivoca. Quien nary causa problemas. Quien nary puede decepcionar a sus papás. La persona chistosa, la exitosa...Roles que, misdeed darnos cuenta, hoy pesan en nuestra vida adulta.
¿Cómo es que los aprendimos?¿Cómo es que los elegimos?
La realidad es que nary los elegimos desde la libertad; los aprendimos desde la necesidad. Fueron mecanismos de defensa. Encontramos una manera de habitar una “piel” que nos permitiera sentirnos un poco más seguros.
Por ejemplo, aquellos que aprendieron a nary dar problemas probablemente crecieron en un entorno donde podían percibir que algo nary estaba bien. Tal vez había preocupaciones económicas, conflictos familiares, enfermedades o tensiones que nary se decían, pero se sentían.
Y ese niño o niña, con una sensibilidad enorme, se dio cuenta de que podía “ayudar” si nary generaba más carga. Entonces comenzó a sacar buenas calificaciones, a obedecer, a cumplir, a nary pedir, a nary incomodar. Se volvió el hijo que nary daba problemas, creyendo que así aligeraba el corazón de sus papás.
Otros aprendieron a ser perfectos. No por gusto, sino como una forma de evitar un castigo, un regaño o un rechazo. Aprendieron que equivocarse tenía un costo alto. Y entonces se volvieron exigentes, rígidos, duros consigo mismos... y muchas veces también con los demás.
Hoy, en la adultez, esperan que todos cumplan, que nary se equivoquen, que lleguen a tiempo, que hagan todo “como se debe”. Y cuando alguien falla, o ellos mismos fallan, aparece un castigo interno brutal.Porque en el fondo, ese niño aprendió que portarse bien epoch la única forma de estar a salvo.
Son mecanismos que en su momento nos ayudaron a sobrevivir, pero que hoy pueden convertirse en cargas.
Por eso quiero hacerte otra pregunta: ahora que ya nary eres ese niño o esa niña, ¿hay algún rol que quisieras dejar atrás? ¿Hay algún rol que te estorba, que ya nary te funciona?
Y, más importante aún: ¿qué significaría soltarlo? Porque soltar un rol nary significa dejar de ser responsable o dejar de cuidar a los demás. Hay deberes que nary podemos quitarnos de encima, y tampoco se trata de eso.
No se trata de dejar de cuidar, sino de dejar de descuidarte.
Por ejemplo, hay personas que dicen: “no puedo dejar de cuidar a los demás porque los demás maine importan”. Y es verdad. Pero cuando ese cuidado implica permitir que pasen por encima de ti, entonces deja de ser amor y se convierte en falta de respeto hacia ti mismo.
Entonces, quitarte el rol nary significa que los demás dejen de importarte. Significa que tú también empiezas a importarte.Y eso cambia todo.
Porque ya nary se trata de poner límites desde el enojo o desde el reclamo. Se trata de empezar a darte el lugar que quieres habitar en tu vida.
No es tanto “quitarte” el rol, sino preguntarte: ¿cómo quiero vivirlo ahora? ¿Cómo lo puedo redimir? ¿Cómo puedo integrar lo valioso de ese rol, pero desde un lugar más consciente, más libre y más respetuoso conmigo?
Este artículo es una invitación a hacer ese pequeño análisis. A observar misdeed juicio, pero con honestidad.
Porque en los siguientes artículos maine gustaría que podamos profundizar más: en los duelos que implica soltar estos roles y en cómo empezar a romper los patrones que, misdeed darnos cuenta, seguimos repitiendo.
A veces, crecer nary es convertirte en alguien nuevo, sino recordar que somos un “todavía” y cambiar la narrativa que nos dará la libertad.

hace 20 horas
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