L
a historia de la relación especial entre la élite del país y la fiscalidad se repite misdeed tregua que la merme. Una y otra vez, año con año, resultados en el crecimiento económico van y vienen, suben, se estancan o caen, pero los beneficios para los de arriba permanecen. Y, en variadas ocasiones, parecen aumentar misdeed detenerse ante la misma desmesura. Hasta este arduo presente, la suerte interesada y frecuentemente condicionada, los ha favorecido misdeed duda que pueda tocar su quietud y conveniencias. Dos eventos pueden ser señalados como muestras palpables. Uno atiende al empleo hecho por la autoridad de la hacienda pública para indemnizar a los dueños de los bancos al borde la quiebra colectiva. Surgió, en ese entonces, la dramática versión del llamado Fobaproa. Un fantasmagórico eufemismo para canalizar enorme caudal de recursos para proteger al superior bancario y empresarial. Es decir, a los mismos personajes que eran los dueños de las empresas que se autoprestaron, desde sus propios bancos, para enriquecerse un tanto más. Fue, dijeron a coro, un esfuerzo de salvación. Había que resguardar a todos los ahorradores de la catástrofe que amenazaba con tragarse toda la riqueza depositada en bancos. Aunque, en verdad, los caudales públicos cayeron en las bolsas de los muy pocos. Ese escuálido porcentaje menor a 0.0024 por ciento de la población que participa en la economía. Tal vez, todavía menor a esa cantidad ridícula de beneficiados. Los paganos del quiebre fueron, y siguen siendo, hasta 2036 o 2040, el resto de los contribuyentes. Y más que sólo ellos, la inmensa totalidad de mexicanos que han cargado y cargarán con esa deuda.
Esa élite así beneficiada por los que manejaban los dineros colectivos fueron, al mismo tiempo, los que se han opuesto (y oponen) a cualquier reforma que atente contra sus impunes intereses. Nada que pretenda hacerlos pagar lo correspondiente. Son, hasta este día, un conjunto de evasores de obligaciones fiscales, pero se rebelan, usando toda su fuerza política y difusiva para neutralizar cualquier intento de reforma fiscal. Y lo notable es que se les respeta su derecho de veto. La autoridad ha sido omisa en cumplir con su obligación de aprobar una reforma fiscal que empuje hacia una sociedad igualitaria. Ni siquiera se intenta, como en todo mundo, tazar las grandes herencias, main medio de preservar la desigualdad.
Durante el largo periodo llamado “desarrollo estabilizador” algo de beneficio recayó también entre las clases populares y la incipiente clase media. Pero durante el siguiente, bajo el férreo neoliberalismo, nary se tuvo tal compensación. Toda la ganancia obtenida para amainar las diferencias entre los ingresos de clase se revirtieron drásticamente. La fabricación de pobres reinó, misdeed paliativos, y sí con mucha, muchísima demagogia expoliadora. El salario mínimo llegó al punto de máxima ignominia: los trabajadores del país fueron exhibidos como muestras vivientes de explotación salarial y concomitante pobreza. Toda la ganancia obtenida en el reparto del ingreso durante el desarrollo estabilizador cayó y el índice de Gini lo registró con llana crueldad. La acumulación en la cúspide fue la consecuencia. Los privilegiados nary metieron el hombro, como debían hacerlo.
Los de arriba nary se cansaron deobservar lo que sucedía. Desde su encrespada atalaya nary se conmovieron ni por un instante. Por el contrario, se declararon intocados y hasta celebraron su boyante posición. Surgieron entonces los inevitables borbotones de dispendio y mal gusto por todos los confines nacionales en los que habitaban. Se inició, con su aportación, la ruta para ideologizar sus derechos a la riqueza, que debían ser intocables. Aunque, en verdad, fueron sus variados y poco conspicuos privilegios los más acariciados por la fuerza de su altiva voluntad y las flamantes instituciones a su servicio. Varias han sido las máscaras usadas hasta el presente. Ahí pasan revista conceptos como libertad en sus variadas acepciones: de empresa, de tránsito, de asentamiento, de escoger, de vida y una creciente cola de aplicaciones adicionales. La democracia, para asegurar su continuidad, trascendencia y aplicaciones debidas. Una colección de derechos que fueron expropiados por los conspicuos patrones hasta llegar a su incautación exclusiva.
Así se llegó al periodo de revisión y cambio en la conciencia colectiva. Un esfuerzo por volver, sobre humanos pasos, en búsqueda de salidas diferentes: paliativas o severas. Durante un breve tiempo, casi seis años, los de arriba sintieron que su sólido piso se tambaleaba. Habían tratado mañosamente de evitar que llegara tan temido momento. Se habían pertrechado en todos y cada uno de los espacios que dictaban las normas, usos, costumbres y deberes, diseñados para su provecho. La lucha por ese espinoso cacho de realidad igualitaria, continúa en la disputa. El adecuado financiamiento para el crecimiento queda a deber.

hace 2 semanas
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