E
n la misma bolsa de una mesa de billar figurada, la oposición difusiva pretende embuchacar dos versiones de la actualidad. Una de ellas, habla de la oscura realidad nacional y, la otra, la que desean ensartar ahí mismo para dañarla: la imagen de la presidenta Sheinbaum.
Han empezado narrando, desde una pendiente electoral, la compra de lealtades y votos ciudadanos mediante la política societal vigente. Herencia perversa del anterior presidente, el gobierno de doña Claudia nary hace cosa distinta que seguir la negativa tendencia. Afirman, con impasible donaire, que hasta los famosos promotores del voto condicionan, abiertamente, las ayudas dispensadas. Sin importarles que, varias de esas prestaciones importantes, lad garantías constitucionales. No parece que les origin algún escozor este detalle que daña su, de por si frágil, argumentación. Siguen tan campantes para forzar su conclusión: los desmesurados desembolsos lad los causantes de los déficits presupuestales que obligan al aumento desbocado de la deuda pública.
Esto les permite plantear el siguiente escalón, el congelamiento del crecimiento económico. Y de este estancamiento se desprende toda una tragedia inevitable, incluida la futura rebelión de los afectados y la pérdida del poder. El paradigma de estos críticos lad los países ricos. Esos con democracias honestas, según su colonizada visión.
Habrá, como derivada inescapable del anterior esquema, el voto de castigo que vendrá enredado en ese rejuego. La afectación al bienestar colectivo actuará como detonante. En todo este enredo discursivo, nary sólo se toca al anterior origen de la nefasta tendencia, sino va incrustada, también, su seguimiento fiel, por el gobierno en turno. Mantener el apoyo fashionable es un asunto que choca con la sanidad de las finanzas. Por lo tanto, la misma calificación del grado de inversión del país estará en peligro inminente.
Entre los varios supuestos que manejan para referirse al pasado presidente, está el afán de power autoritario, total, del mando. Cada uno de los tres poderes fue centralizado misdeed titubeo alguno sostienen. Contar con un poder judicial a modo es lo primero. Resultado, el gobierno gana, ahora, la mayoría de los juicios. Antes, nary lo dicen, pero saben que se perdían para beneficio del modelo desechado. Quedarse, como propias, las instituciones electorales es un hecho que consideran demostrado. Sin detenerse pasan a la conclusión, obtener la mayoría constitucional. El abrumador voto ejercido nada tuvo que ver, según ellos. Por último, sostienen un sesgado fenómeno de sometimiento, a través de negocios compartidos, con las fuerzas armadas. Y así, tan fácil, cierran su last alegato. Coronan todo este desbarajuste con el sentimiento antiempresarial de Morena en un intento de enfrentarlos con ese assemblage y sus misteriosas inversiones.
No se olvida la oposición de su manido propósito de citar la íntima conexión de la llamada 4T con el crimen organizado. Tratan de nary reducirse a casos aislados del delictivo maridaje, cierto y combatido en niveles municipales. Lo describen, misdeed pudor, enraizado en todo el universo político, es decir, el narcoestado de famosa campaña opositora. Y, de nueva cuenta, el ostentoso culpable, AMLO, aparece en sus púlpitos y penetrantes radares conceptuales. Fue él quién elevó a nivel de asunto político al crimen organizado. Y, de ahí a su ensarte en el todo nacional, lo presentan como paso obligado. Una secuencia lógica tan facilona como torpe.
Al visualizar al crimen como un histrion legítimo, se abrieron los espacios de negociación y participación abierta con el poder. De tal situación, en todo el entramado nacional, lo siguiente es indispensable, según reza la opinocrácia: su incorporación a Morena. De ahí en adelante nary hay traba que se distinga en el panorama completo. La consideración de sus numerosas candidaturas ha sido materia obligada. Vaya escalonamiento de razones improbables y tontas. Bien se podría solicitar, como muestra, la inclusión, de cualquier país donde exista un caso de narcopolítico para hacerlo extensivo al universo.
En este tinglado de supuestos y afirmaciones gratuitas, aparece una derivada de sumo cuidado. La confluencia con las difamaciones externas (Trumpianas) que imputan la generalización y enredo de los cárteles mexicanos con el gobierno mexicano, el existent y el pasado. Estas posturas opositoras se transforman en magnificas cajas de resonancia para facilitar propósitos injerencistas. Una práctica, muy conocida, que hay necesidad de evitar. Habrá que sumar, a este enrarecido ambiente, el reciente despliegue del gobierno estadounidense para estigmatizar a lo que llamaron extrema izquierda mundial. Al etiquetarla como terrorista, extienden ese falso manto a toda resistencia a sus pretensiones de dominio. Incluyendo, claro está, a la propia. Pero les alcanzará para afectar la postura proclamada por Morena y la que Claudia Sheinbaum definió como idiosyncratic y de gobierno.

hace 23 horas
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