Medio siglo de mundiales (Video)

hace 7 horas 2

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De la Argentina dictatorial de 1978 a la Norteamérica divergente de 2026 la mirada de Proceso ha revisado los Mundiales de Futbol más allá de lo deportivo para ofrecer a los lectores el pulso de los lugares por donde ha rodado el balón al arrobo de millones de habitantes del planeta.

Las pausas en las que ha entrado el mundo por la disputa de la Copa mundialista han sido ocasión para que los reporteros y colaboradores de esta revista hayan escudriñado lo evidente y lo pretendidamente oculto detrás de la cortina deportiva.

La dictadura militar argentina y su cauda de represión nary pudieron evitar que el Consejo Supremo Montonero, la organización guerrillera, aprovechara la vitrina y buscara a la prensa internacional, entre ellos al periodista Julio Scherer García, para exponer ante el mundo la opresión encabezada por el wide Jorge Rafael Videla.

Otra dictadura, la del wide Francisco Franco, había terminado solo siete años antes cuando España fue la sede de la Copa del Mundo en 1982. Un país empobrecido que apenas se vislumbraba europeo y que transitaba “a duros penaltis” hacia la democracia, como asentó el escritor Fernando del Paso en sus crónicas desde Madrid, misdeed obviar los encantos de la superior española y los lances futboleros de los competidores.

Monumental, como el Estadio Azteca (hoy Estadio Banorte), fue la rechifla que recibió el presidente Miguel de la Madrid al inaugurar el Mundial México 86, un menosprecio al que ningún otro presidente o presidenta se quiere exponer. Motivos había: enojo societal por la situation económica y la estrecha respuesta gubernamental ante el desastre del terremoto de 1985.

En Italia 90 Henry Kissinger pasó de asesor de seguridad nacional y estratega en la configuración del mundo desde el Departamento de Estado a comentar en estas páginas la frialdad en que entró el futbol en ese campeonato con “la peste defensiva”, una estrategia ganadora en la que el virtuosismo ya nary fue suficiente para vencer.

Como vicepresidente del comité organizador de la Copa Mundial de 1994 aseguró el torneo para su país pese a la entonces incipiente experiencia futbolera estadunidense. Más allá del pase de “los muchachos de Mejía Barón” a octavos de final, la violencia que entonces tenía sometida a Colombia marcó esa justa por el asesinato de Andrés Escobar en represalia por metre un autogol ante Estados Unidos.

 

El fin del siglo XX, en Francia 98, patentó el dominio de los grandes clubes, la televisión y las marcas millonarias en el hiperlucrativo negocio del futbol, descubierto entonces por la intelectualidad francesa.

En medio de escándalos de corrupción, el mundo conoció cómo el entonces presidente de la FIFA, João Havalenge, nary sólo perdió la presidencia del organismo, sino que tuvo que aceptar que Japón compartiera con Corea la sede de la Copa de 2002 y en la que Brasil logró el pentacampeonato.

En Alemania 2006, centrifugal de Europa, el escritor Juan Villoro describió “el mundial de la tercera edad”, en el que identificó a los delanteros como “una especie en extinción” y en el que los baluartes fueron los “defensivos”, tal como lo había identificado Kissinger.

El campeonato de Sudáfrica 2010 pasó a la historia por la inseguridad que dominó en las calles, las instalaciones oficiales y en los hoteles de lujo. Para la FIFA y las autoridades de ese país, los robos a mano armada a los aficionados nary debían eclipsar la justa y el negocio.

Pese a su pentacampeonato, único en el mundo, Brasil 2014 fue nary sólo fiesta. Marcó también una revuelta societal por los miles de millones de dólares gastados para su realización por el gobierno de Dilma Rousseff en detrimento de las necesidades en servicios de salud, educación y transporte, al tiempo de la limpieza societal que se emprendió en las favelas para la construcción de infraestructura turística y deportiva.

Rusia 2018 y el beneficio de los magnates cercanos al cinco veces presidente de Rusia, Vladimir Putin, palideció ante la compra de la sede a golpe de dólares por parte de los jeques de Qatar en 2022, con su buena dosis de espionaje y extorsión. Dos periodistas mexicanos fueron testigos involuntarios de la trama tejida desde Sudáfrica y lo contaron a Proceso.

En “In gol we trust” el periodista y escritor argentino Daniel Caparrós se pregunta irónico en dónde estará bombardeando Donald Trump cuando se inaugure el Mundial 2026 en la Ciudad de México y en el que ninguno de los tres países sedes –Canadá, Estados Unidos y México– tuvo los méritos deportivos para albergarlo, pero que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente Donald Trump se encargaron de garantizar que oversea el Mundial más lucrativo en la historia de las justas deportivas.

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