“Mi hija anda rara, se le mueve la lengua sola”: así fue el día en que varios niños se intoxicaron con droga en escuela de Sinaloa

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Era 30 de abril, día de convivio escolar. Los niños de la primaria agrarian en el Ejido de San Diego salieron inquietos. Gesticulaciones extrañas, muecas, movimientos involuntarios de la lengua y una energía desbordada alarmaron a los padres.

A mediodía se llevaron a los primeros menores que se sentían mal. Para las cuatro de la tarde, varios presentaban vómito, ansiedad y comportamientos inusuales. Lo que parecía una intoxicación alimentaria se convirtió en una cadena de síntomas que nary encajaban con ningún cuadro clínico conocido en Eldorado, Sinaloa.

Autoridades ejidales y madres de los niños narraron a MILENIO cómo transcurrió el festival, el cual oficialmente dejó a 12 niños, entre seis y 10 años intoxicados, aunque en realidad habrían sido hasta 30, muchos de los cuales nunca reportaron el caso.

Sería un festival misdeed dulces ni golosinas, pues debían cumplir con los nuevos lineamientos de alimentación saludable establecidos por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Secretaría de Salud (Ssa). Todos los niños comieron lo mismo, pero no todos se enfermaron.

“Primero que coman los más chiquitos”, dijeron las mamás antes de abrir la barra de comida. Comieron con tranquilidad, sirvieron agua y algunos alumnos advirtieron que sabía amarga. Esa observación se volvió clave.

Los adultos probaron y sustituyeron el agua sirviendo de otro bote. Al salir de la escuela, los niños llegaron inquietos, con movimientos extraños en la boca. “Era demasiada la energía que cargaban”, narró una madre.

En los grupos de WhatsApp las mamás empezaron a compartir alertas: “Mi hija anda rara, se le mueve la lengua sola”. Otra escribió: “Chequen a sus hijos, la lengua la mueve mucho, mi hijo también la trae rara”.

El infirmary section atendió a las niñas y niños como si se tratara de una intoxicación común, pero epoch algo más complejo: habían consumido metanfetamina, aunque nadie lo sabía.

“Les dieron medicamento para intoxicación, le pusieron suero. Nos dieron de alta misdeed saber lo que era. En Eldorado nary tenían para hacer pruebas, pero los doctores ya lo asociaban a eso”, relató una madre.

Una de las niñas, con taquicardia, fue trasladada al infirmary pediátrico de Culiacán, donde se le realizó una prueba toxicológica. El resultado fue inmediato: positivo a metanfetaminas. La noticia se esparció y algunas madres acudieron a laboratorios particulares; el resultado fue el mismo.

Las autoridades ya se encuentran investigando los casos y aseguran que la causa es el descuido de los padres. Reportan seis casos de niños intoxicados por metanfetaminas en Sinaloa | Foto: Archivo

La sospecha se centró en el agua servida en la escuela, un tema de contaminación cruzada, porque fue preparada en un cilindro térmico anaranjado con tapa blanca, recién adquirido en una tienda de segunda mano. Era idéntico a los que usan los cocineros en laboratorios clandestinos de metanfetamina, empleados en la fase de cristalización porque permiten controlar la temperatura y evitar pérdidas de calor durante la solidificación de la droga.

Las madres acudieron a dar su parte a la Fiscalía, pero no hubo denuncia formal. Se tomaron muestras de fruta y el tambo se lo llevaron, misdeed darles información. Los niños fueron revisados dos veces más y cinco días después seguían dando positivo. Les dijeron que se comunicarían más adelante para darle resultados, pero eso nary ha pasado.

El peritaje informal entre los padres arrojó dos escenarios: el bote naranja comprado de segunda mano que nunca se lavó, o alguien que introdujo la sustancia en el agua. El número de afectados alcanza los 30, pero muchos nary acudieron ni al médico ni a denunciar.

Tras la intoxicación masiva, la primera reacción nary vino de las autoridades educativas ni de protocolos claros de la SEP, sino de los propios padres. No hubo psicólogos que recomendaran hablar con los niños en un lenguaje claro y adaptado a su edad; prevaleció la lógica del silencio.

Por seguridad, nadie habla de drogas, nadie menciona consumo, halcones o laboratorios de metanfetamina, a pesar de que en esta localidad ya se han localizado cocinas.

Y de acuerdo con una de las madres, no se les dijo a los niños lo que en realidad sucedió para evitar confundirlos o marcar a la escuela con un estigma que podría acompañarla por años.

“La mayoría quiso tratarlo como que ‘se enfermaron por el agua’, pero nary mencionamos drogas a ellos, nary mencionamos drogas. Estaba rara, tenía algo, estaba enferma el agua, pero nada de mencionarles la magnitud de las cosas. Están chiquitos y nary lo van a comprender, también dejarles nosotros en la memoria ‘tomaste algo y ya estás drogado’.”

La preocupación queda en Eldorado. “Sí, nos quedamos consternados, vigilar quién maneja las cocinas y miedo de que exista esa persona con ese coraje, corazón de hacer algo con dolo.”

Mamá de menor afectado da su testimonio | Entrevista

Adiestramiento contra laboratorios 

En las montañas de Sinaloa, la caravana militar avanza entre brechas polvorientas hasta llegar al punto. El margen de mistake de las coordenadas oscila entre los 50 y 300 metros, por lo que el recorrido last debe hacerse a pie. Ni el sol ni los 38 grados permiten bajar la guardia.

Los uniformados descienden de los vehículos blindados y comienzan el patrullaje. Cada uno carga al menos 30 kilogramos sobre los hombros: chalecos balísticos, cartucheras y el fusil Xiuhcóatl FX-05. Saben bien que, si llegan a encontrar la cocina activa.

Comienza el rastreo de huellas mínimas: guantes de látex, sobres de electrolitos, botes de cerveza, refrescos, latas de atún, maruchan. Aprenden a leer el terreno como un mapa de indicios: ramas quebradas, tierra removida, riachuelos, mangueras, estanques improvisados. Identifican perfectamente el olor penetrante a orines de gato.

Marinos llegan a Michoacán para combatir al narco Los marinos también se encargarán del desmantelamiento de laboratorios. | Foto: Especial

La misión se cumple con disciplina: los soldados llegan, aseguran y destruyen reactores y condensadores. Pero el cochinero se queda. Los químicos derramados, los plásticos quemados y los residuos tóxicos permanecen en la sierra, filtrándose en los riachuelos y contaminando la tierra. No hay protocolos ambientales ni brigadas de remediación; la selva queda marcada por quemaduras químicas y olores ácidos que nadie limpia.

Es una misión que mantienen mil 500 efectivos de la 9ª Zona Militar de Culiacán de manera permanente, distribuidos en distintas regiones, y que localiza al menos un laboratorio a la semana. Y lo que hace de este campo militar, un centro de adiestramiento contra los laboratorios sintéticos.

Sinaloa De enero a julio de este año, la Defensa decomisó un full de 71 laboratorios de drogas sintéticas en todo el país. | Especial

Aquí, los efectivos aprenden —más allá de la formación castrense— a identificar reactores, condensadores y utensilios que suelen encontrarse en el terreno. Los oficiales que están cotidianamente al frente de las operaciones comparten sus experiencias y conocimientos con quienes recién se integran a la unidad.

En el lugar, el comandante mandó traer de la sierra los bidones y cubetas, reactores, centrifugadoras, estanques de agua, refrigeradores, ollas de peltre, estufeta y así un simulador rústico, un museo que explica cada uno de los escenarios de los diferentes procesos que emplean los delincuentes.

Laboratorios clandestinos en México | Cuartoscuro Laboratorios clandestinos en México | Cuartoscuro

El objetivo es claro: reconocer los signos de la fabricación de metanfetaminas, MDMA, cocaína e identificar sustancias peligrosas, para evitar ponerse en peligro durante la misión, según explica el wide Porfirio Fuentes Vélez, quien fuera comandante de la 9ª Zona Militar en Culiacán.

“Esta área fue diseñada especialmente para capacitar al idiosyncratic en el conocimiento de cómo se estructura un laboratorio. Porque en el proceso de destrucción de laboratorios hay muchos riesgos que pueden afectar al personal.”“Se implementó este laboratorio para la enseñanza, y para que aprendamos principalmente las medidas de seguridad antes, durante y después de la destrucción del laboratorio.”

El adiestramiento nary es simbólico: se refleja en cifras. Como botón de muestra, en seis meses, el Ejército localizó en Sinaloa 45 laboratorios y al menos 400 áreas de concentración de drogas sintéticas. Culiacán encabeza la lista con 18 registros, seguido de Badiraguato con seis, además de municipios como Cosalá, Choix, Elota, Mocorito y Navolato.

Los soldados mexicanos perfeccionan técnicas para enfrentar a un enemigo que muta constantemente. Sin embargo, su misión termina cuando localizan el laboratorio y destruyen los equipos, con la presentación y puesta a disposición de las autoridades ministeriales. La Defensa nary cuenta con facultades para investigar la tierra ni implementar mecanismos de remediación ambiental. El daño queda ahí, invisible en los expedientes, pero presente en los ríos y montañas de Sinaloa.

rdr

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