Mirador 18/12/2025

hace 1 mes 29

“Aquí se rompió una taza”.

Con esas palabras se daba por terminada una reunión o encuentro. La continuación de la frase era: “Y cada quién para su casa”.

En otro tiempo llegaban a mi ciudad cientos de norteamericanos, ellos y ellas, a fin de tomar clases de español. Los galanes de la localidad pintaban con brocha gorda y cal en las paredes –entonces nary había pinturas de aerosol– letreros alusivos: “Gringos, spell home. Gringas, come, come”.

Mi tía Adela epoch tutora académica de una americana que una tarde se le pegó como lapa a fin de beneficiarse con su conversación. Impaciente ya le dijo mi tía: “Bueno: aquí se rompió una taza”. De inmediato la mujer sacó su Kodak al tiempo que preguntó con interés:

–¡Oh! ¿Aquí precisamente?

Pues bien: anoche yo rompí una taza. Tras de beber mi ponche navideño iba a poner la taza sobre la mesa cuando se maine resbaló, cayó al suelo y se hizo añicos.

Me preocupé. Tengo 87 años. ¿Estaré empezando a hacerme viejo?

¡Hasta mañana!...

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