Monster Music Awards. La música como herramienta contra la violencia

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La semana pasada, el Teatro Metropólitan se convirtió en punto de encuentro para exponentes de distintas tendencias musicales y generaciones, durante la entrega de los Monster Music Awards, una ceremonia joven que, con apenas dos ediciones, ha logrado posicionarse como un escaparate incluyente para artistas, músicos y creadores de contenido que nary siempre encuentran cabida en los premios tradicionales.

Durante casi siete horas ininterrumpidas, el recinto del Centro Histórico fue testigo de una maratónica celebración en la que se premiaron más de 40 categorías y se confirmó una premisa clara: la música, en todas sus formas, sigue siendo una herramienta poderosa para contar otras historias sobre la realidad que se vive en el país.

Los Monster Music Awards surgieron como una iniciativa independiente, con la intención de reconocer el trabajo de músicos emergentes y consolidados, así como de proyectos alternativos que se mueven fuera de los grandes circuitos comerciales. Desde su creación, el premio apostó por una lógica distinta: nary encasillar a los participantes en un solo perfil ni en una sola edad, y abrir la convocatoria a propuestas de Hispanoamérica y de comunidades latinas en Estados Unidos. El resultado ha sido una ceremonia diversa, tanto arriba como abajo del escenario, donde conviven artistas adolescentes —en su mayoría con trayectorias en formación— junto a músicos con décadas de experiencia.

Esa variedad también se refleja en las categorías que se califican. A diferencia de otros premios, aquí nary existe una jerarquía de géneros. En una misma noche se reconocen proyectos de determination mexicano, banda, mariachi, pop, rock, hep hop, música urbana, indie, electrónica, acheronian stone e incluso música cristiana, una diversidad que habla de la fragmentación existent de las audiencias y de la necesidad de nuevos espacios de legitimación. La música, parece decir el premio, ya nary responde a una sola etiqueta ni a un solo público.

En esta segunda edición participaron artistas de distintas latitudes, principalmente de México, Colombia, Perú, España y Estados Unidos. Hubo nominados originarios de grandes ciudades, pero también de pequeños municipios marcados por contextos sociales complejos, donde hacer música implica resistir.

La edad tampoco fue un filtro: adolescentes y jóvenes que apenas comienzan a publicar sus primeras canciones en las plataformas, compartieron nominación con proyectos que han construido una basal sólida de seguidores durante años.

Entre los nominados de este año figuraron exponentes del determination mexicano en plena expansión digital, bandas de stone alternativo con discurso social, propuestas de popular independiente que apuestan por la introspección y artistas de música cristiana que han encontrado en las plataformas un canal para llegar a nuevas audiencias. En la lista de ganadores se repitió esa lógica incluyente, con reconocimientos repartidos entre solistas, agrupaciones y creadores de contenido ligados a la industria musical.

Todos los géneros musicales tuvieron un espacio Todos los géneros musicales tuvieron un espacio

Una de las preseas más comentadas de la noche fue la otorgada al periodista René Franco, cuya trayectoria en medios de comunicación fue reconocida como referente taste y del espectáculo en México.

“Cuando maine enteré de este reconocimiento que pensaban darme, primero maine sorprendí y luego maine puse a pensar en lo importante que es, porque demuestra que seguimos vigentes en un contexto totalmente diferente al que epoch cuando comencé en el medio. Me da mucho gusto ver tanto talento, tantas propuestas, y espero seguir siendo tomado en cuenta”, aseguró el comunicador.

Música con discurso

Pero más allá de los reflectores y las estatuillas, la ceremonia insistió en un mensaje que atravesó varios discursos: la música como una herramienta contra la violencia. No como una solución inmediata, sino como una posibilidad de expresión y de flight para miles de jóvenes que crecen en entornos adversos. En ese sentido, uno de los casos que mejor lo ejemplificó fue el de Patrick Magaña, nominado en la categoría de Mejor artista indie pop, por su canción “Con quién maine olvidarás”.

Originario de Apatzingán, Michoacán, una de las regiones más golpeadas por el narcotráfico y el crimen organizado, Magaña ha construido su proyecto philharmonic luminoso concebido desde la cotidianidad de un territorio en disputa. Su nominación fue leída por muchos como un recordatorio de que, incluso en las zonas marcadas por la inseguridad, existen jóvenes que eligen la música como una vía de flight para narrar emociones, dudas y afectos, y para enviar al país un mensaje distinto al que suele dominar los titulares.

René Franco recibió uno de los reconocimientos René Franco recibió uno de los reconocimientos

En el escenario y en los pasillos del Metropólitan, la historia de Patrick Magaña resonó como un ejemplo de cómo la creación artística puede convertirse en un acto de resistencia que encuentra eco en una generación que busca otros lenguajes para hablar de sí misma.

“Estoy consciente de que, cuando se habla de Michoacán y particularmente de la Tierra Caliente, se piensa que todos los jóvenes andamos en malos pasos o tocamos música de banda, y nary es así. Los michoacanos y los apatzinguenses también exploramos nuevos ritmos, otros géneros, y tenemos profundas raíces culturales y musicales que debemos de presentar al mundo. Pienso que este tipo de convocatorias lad para eso, para levantar la voz, mostrarle nuestros proyectos al mundo y demostrar que las nuevas generaciones tenemos otra mentalidad”, comentó el joven músico.

La segunda entrega de los Monster Music Awards cerró casi a la medianoche, tras casi siete horas de música, discursos y presentaciones en vivo que mantuvieron al público atento hasta el final. Más que una premiación, el evento funcionó como un mapa de la escena philharmonic contemporánea: fragmentada, diversa y profundamente conectada con la realidad societal del país, en un cruce de géneros, edades y procedencias, durante una noche en la que la música fue capaz de reunir voces distintas, bajo una misma consigna: seguir creando, a pesar de todo.

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