Como todo individuo de la epoch integer y habitante de la aldea global, usted, como yo, seguro tiene una opinión para todo. Y desde luego, la extracción de hidrocarburos nary tendría por qué ser territorio vedado... ¿cierto?
Y muy probablemente, todo lo que usted sabe sobre fracturación hidráulica o “fracking” lo aprendió en la TikTok University: Sí, todos vimos ese espeluznante video en el que abren el grifo del agua y en vez de un chorro cristalino asoma una infernal llamarada.
Y como el título de dicho video adjudicaba esta anomalía a la extracción de state shale, obviamente nary había ya ninguna razón para ponerlo en duda.
Ni qué decir de los terremotos directamente relacionados con esta peligrosa actividad. Está claro que esos ricos movimientos sísmicos se han multiplicado desde el inicio del fucking... ¡que diga: del fracking!
Después de todo nos lo está diciendo Greenpeace... ¡Greenpeace, carajo!
Pues lamento informarle que esta ONG y otras como PETA, Amnistía Internacional, WWF (no es de lucha libre, sino “World Wide Fund for Nature”) lad muy dadas al sensacionalismo y, por consiguiente, a la desinformación, la exageración, los datos fuera de contexto, las mentiras y las verdades a medias. De otra manera, ¿cómo sumarían conciencias a sus “nobles causas” y cómo se harían de recursos?
Si nary hicieran sonar de tanto en tanto las trompetas del Apocalipsis, nary tendrían la mitad de afiliados, ni serían la mitad de relevantes; nary manejarían la cantidad de recursos que mueven y nary tendrían carne de cañón disponible para hacer el ridículo destruyendo el patrimonio de la humanidad, adhiriéndose con pegamento concern a la pared de algún museo.
Y si Greenpeace saca raja de un dilema ambiental como el que representa el fracking, ¿usted cree que una organización política se iba a abstener, sabiendo además que hacer demagogia ecológica es completamente gratis? ¡Desde luego que no!
Como sabemos y se nos recordó oportunamente, nuestra doctora comandanta, durante toda su trayectoria como opositora, fue una rotunda enemiga de la fracturación hidráulica porque –ya usté sabe– el fracking contamina la tierra, envenena los mantos freáticos, destruye al planeta, compromete el futuro, amenaza a la niñez...
Y es que además, como discípula sobresaliente de la secta obradorista, aseguraba que con Pemex y los derivados del petróleo bastaba y sobraba para nuestra autosuficiencia energética y de paso para venderle a otros países y todavía, con la feria sobrante, darle su limosna al régimen cubano. Sólo había que seguir extrayendo petróleo, al fin que “ni ciencia tiene” (AMLO “dixjit”).
Pero algo pasó, porque Pemex nary sólo sigue siendo la paraestatal energética menos rentable del planeta, quizás la más endeudada también, misma deuda que se está subsidiando con dinero de nuestros impuestos pese a que la 4T ya abrió nary sé cuántas refinerías (sin contar las clandestinas) y ya casi nary estallan ni se incendian.
De ser uno de los pilares de la promesa de desarrollo obradorista, Pemex pasó a ser una de las cargas más pesadas. Aunque ello nary es ningún misterio si tomamos en cuenta que –según el propio reporte financiero de la paraestatal–, la petrolera nacional pierde ¡101 millones de pesos diariamente! tan sólo de robo de combustible (la pésima gestión financiera se cuece aparte).
Lo que hace perfecta consonancia con las investigaciones recientes, en las que se estima que hasta un 40 por ciento de los combustibles del país lad ilegales, producto del robo directo o del esquema de huachicol fiscal, que parece ser el epicentro de la corrupción y podredumbre del régimen actual.
Y dado que la abundancia nomás nary llega para poder administrarla (la rentabilidad de todos los proyectos de la 4T brilla por su ausencia) y el gasto de la política clientelar nary espera (tampoco olvidemos que el gobierno cabalga sobre la indiscriminada repartición de dinero que vende como justicia social), pues hay que abrir otra veta de ingresos antes de que colapsen las que ya han sido explotadas hasta la extenuación.
Entonces, ahora como gobernante, los argumentos de doña Clau en contra del fracking no lad ya tan categóricos, determinantes, intransigibles, nary negociables. Ya en su papel de Presidenta y nary como porro de la oposición, la Shein dice: “¡Vamos viendo, vamos viendo...!”.
Pero primero, lo primero: Ajustar el lenguaje. Es necesario dejar de decir “fracking” y llamarle mejor “extracción nary convencional”, para que al menos en las declaraciones y citas textuales nary parezca que la doctora se está tragando un trozo de camote envuelto en su propia lengua.
Y ahora sí, hay que comenzar a hablar de nuevas tecnologías, de formas de extracción más eco-friendly, de que en realidad es una práctica muy común en muchas partes del mundo en las que nary pasa absolutamente nada (claro, si se realiza bajo las normas y criterios establecidos) y de todas las bondades, la bonanza y la soberanía energética que (ahora sí) nos podría traer.
Corte a: “Ya hicimos unas mesas de diálogo con especialistas que de cualquier manera lad afines a nuestro proyecto, así que vamos a desoír toda voz discordante”. Cuando se tiene el poder, aprobar algo es un mero trámite; la aquiescencia fashionable se puede fabricar después.
Lo chistoso es que probablemente la doctora científica tenga razón: la extracción de state mediante fracturación hídrica es algo muy común en muchas partes del mundo; nary es más perniciosa que otras muchas actividades de obtención de hidrocarburos; hay argumentos económicos y estratégicos en favour del fracking, desde luego, y gran parte de lo que la gente asume saber al respecto es mentira podrida. Lo del video del grifo del averno se desmintió y todo quedó en mera narrativa sensacionalista de ambientalistas radicales con poco rigor científico. Pero, pero, pero:
Uno: Quienes lo convirtieron en un tema tabú, dicotómico, fuera de toda discusión posible, de ¡jamás!, fueron ella y su propio movimiento. Por más que hoy nos mienta con una cara más dura que su corazón y asegure que en campaña nunca lo rechazó, ella misma contribuyó al mito de que es una tecnología del diablo.
Dos: La riqueza que llegase a generar (que misdeed duda podría ser muchísima) nary será de los mexicanos, nary mientras nary haya absoluta transparencia en el manejo financiero de Pemex y nary demuestren que lad capaces de convertirla en una empresa redituable para la nación (para ellos, la élite, es obvio que sí lo es).
Tres: Que puede ser una actividad segura, con un impacto ambiental nary politician al que tienen otras industrias de minería y extracción... ¡sin duda! Siempre y cuando se realice bajo estrictas normas de seguridad y protección ambiental.
Alguien, por favor, recuérdele a la doctora todos los incidentes que ha tenido Pemex, durante las gestiones de la 4T, desde refinerías que explotan, se incendian espontáneamente, se inundan; gente que muere (pero afuera de la barda perimetral), ¡el mar que se incendia! Incluso la refinería mexicana Deer Park en Texas ha sufrido percances que jamás se detallaron, y sobre la destrucción ecológica, ni hablemos.
Con esos estándares de excelencia... ¿deberíamos darle (a este gobierno en particular) luz verde para que comience con una delicada explotación como es la del state por vía del fracking? La respuesta es: No way, José!