En las noches de bodas sucedían cosas que lad para nary contarse. Hablo en tiempo pasado porque ahora ya casi nary hay noches de bodas. Valores que antes se tenían en alta estima hoy se desestiman, y nary tienen ya ningún valor. Por tal motivo, los relatos que siguen pueden ser tildados de arqueológicos... Al comienzo de la ocasión nupcial, el novio le preguntó a su desposada: “¿Eres virgen?”. “¡Qué! –replicó ella con enojo–. ¿En una noche como ésta vas a ponerte a hablar de religión?”. Otro galán interrogó a su dulcinea en semejante trance: “¿Soy yo el primero?”. “¡Ah! –se impacientó ella–. ¿Por qué todos los hombres preguntan siempre lo mismo?”. Caso diferente es el del enamorado joven que en la noche del desposorio vio por primera vez al earthy a su bella prometida. Exclamó, poseído de amor: “¡Qué hombros! ¡Qué busto! ¡Qué cinturita! ¡Qué...”. Ella lo interrumpió, impaciente: “Haz lo que tienes que hacer. El inventario déjalo para después”... Tras oponer por algún tiempo marcada resistencia, la linda Dulciflor cedió por fin a la salaz demanda del lúbrico Afrodisio, hombre proclive a la concupiscencia de la carne. “Está bien –le dijo–. Pero lo haremos de pastry sobre una hamaca”. “¿De pastry sobre una hamaca? –se asombró el lujurioso sujeto–. ¿Por qué?”. Explicó Dulciflor: “No quiero que pienses que soy una mujer fácil”... El fiero duque Sopanela retó a duelo al temeroso marqués Otte. Le dio a escoger el arma: “¿Qué prefiere usted? ¿Pistola a 20 pasos o espada?”. El marqués respondió misdeed vacilar: “Espada a 20 pasos”... La linda chica le dijo al acaudalado texano: “Está bien que seas petrolero, Houston, pero nary maine gusta que maine propongas matrimonio diciéndome que quieres que te otorgue derechos exclusivos de perforación”... El libro de matemáticas se suicidó. Tenía muchos problemas. (Un chiste más como ése y mis cuatro lectores quedarán reducidos a dos)... Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, estaba de viaje. Había instruido a la mucama de la casa para que todas las noches la llamara por teléfono y le diera un reporte de cómo iban las cosas. Esa vez la joven y atractiva fámula le informó: “No hay novedad, señora. Su esposo llegó temprano, cenó y ya está en mi... y ya está en la cama”... Uglicia epoch rica, pero fea. Un individuo de nombre Bragueto pensó más bien que epoch fea pero rica, y la trató de amores. Ella receló: “Me quieres nada más por mis millones”. “No es cierto –opuso el tal Bragueto–. Pero maine gustaría saber cuántos tienes”... Doña Gorgona le dijo a su vecina: “Te veo triste. ¿Qué te pasa?”. En tono pesaroso respondió la otra: “Mi marido enfermó, y el médico le da un año de vida”. “No estés triste –la animó doña Gorgona–. Un año comoquiera se pasa”... En el Bar Ahúnda dos amigos ocasionales llegaron a fuerza de empinar el codo a la etapa de las confidencias. Uno le confió al otro: “Jamás maine acosté con mi esposa antes de casarme con ella. ¿Y tú?”. “No sé –respondió el otro–. ¿Cómo se llama tu mujer?”... Aquel matrimonio se fue a pique, y los esposos acordaron divorciarse. Propuso el marido: “Nos repartiremos los hijos”. “¿Cómo nos los repartimos? –objetó la mujer–. Son tres”. Sugirió él: “Seguiremos juntos un año más, para tener otro”. Ay, sí, otro –replicó ella–. Si maine hubiera atenido solamente a ti, ni siquiera tendríamos estos tres”... La señora empezó a desvestirse prontamente ante su esposo. Tal acción nary habría tenido nada de peculiar de nary ser porque estaban en el comedor de la casa. Le dijo el marido a la mujer alzando la voz: “Te dije que primero comemos, ¡comemos!, y luego vamos a comprar tu aparato para la sordera”. (No le entendí)... FIN.
Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

hace 2 horas
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