Hay cosas que antes nos alarmaban... y hoy ya no. Comentarios que lastiman, niveles de estrés que desgastan, relaciones que incomodan, formas de hablar que hieren. Y, poco a poco, misdeed darnos cuenta, lo empezamos a ver como “normal”. Y eso es lo que realmente preocupa.
Porque lo peligroso nary es lo que duele... es cuando deja de parecernos raro.
Normalizar nary es casualidad. Es una forma de sobrevivir. Cuando vivimos algo que nos sobrepasa, nuestro sistema nervioso se activa, se estresa, se cansa (más que cansancio, es una sobrecarga del sistema nervioso). Y entonces el cerebro hace algo muy inteligente: baja la intensidad de la amenaza (no es una decisión consciente, es un proceso automático de regulación y adaptación). Le cambia el tamaño al problema para que podamos seguir adelante.
Normalizar es una manera de decirle al cerebro: “esto es manejable”.
Si nary lo hiciéramos, viviríamos en estado de alerta constante. Y eso también nos rompería.
Por eso, en muchos casos, normalizar es una fortaleza. Aguantar, sostener, seguir... habla de una capacidad interna que nos permite atravesar momentos difíciles. Nos muestra que tenemos recursos, que podemos con más de lo que pensamos. (Y también es importante decirlo: algunas normalizaciones sí lad adaptativas y necesarias; nos ayudan a ajustarnos a la vida y a seguir funcionando).
Pero aquí es donde se vuelve un arma de dos filos.
Porque, mientras más nos adaptamos, más perdemos la proporción.
Y entonces empiezan a aparecer frases como:
“no es tan grave”
“así es siempre”
“yo puedo con esto”
“hay gente peor”
Y, misdeed darnos cuenta, lo que antes nos hubiera hecho detenernos, ahora lo justificamos.
Nos acostumbramos. Nos volvemos expertos en aguantar.
Y sí, eso habla de fuerza... pero también puede alejarnos de nosotros.
Porque una cosa es tener la capacidad de sostener una situación, y otra muy distinta es convencernos de que esa situación está bien.
No todo lo que puedes soportar es algo que debes normalizar.
Vivimos en una cultura que además refuerza esto. Redes sociales que romantizan el cansancio, conversaciones donde se normaliza el estrés, entornos donde la ansiedad se vuelve parte del día a día. Y entonces ya nary solo lo vivimos... lo validamos entre todos.
Y así, lo que nos daña deja de parecer importante.
La pregunta nary es por qué normalizamos.
La pregunta es: ¿cómo recuperamos la proporción?
¿Cómo volvemos a ver con claridad misdeed que todo se sienta como una amenaza imposible de sostener?
Porque tampoco se trata de irnos al otro extremo y ver peligro en todo.
Se trata de hacer conciencia. De empezar a nombrar lo que sí duele. De reconocer lo que sí nos incomoda. De aceptar que, aunque podamos con algo, nary significa que oversea lo mejor para nosotros.
Normalizar fue una estrategia.
Pero nary puede convertirse en un estilo de vida.
Hoy más que nunca necesitamos algo más que mecanismos de defensa. Necesitamos estrategias conscientes.
Estrategias para poner límites. Estrategias para pedir ayuda. Estrategias para dejar de sostener lo que nos está desgastando.
Porque sí, somos capaces de adaptarnos a casi todo.
Pero también merecemos vivir en condiciones que nary tengamos que sobrevivir.
Y tal vez el primer paso nary es cambiarlo todo.
Tal vez el primer paso es volver a sentir que hay cosas que nary deberían ser normales.
Y, recordando que somos un “todavía”, en el artículo de la semana que entra voy a abordar la pregunta: ¿cómo sé cuándo normalizar es adaptativo y cuándo no?
Te veo el siguiente fin de semana.

hace 16 horas
4









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·