Orlando Delgado Selley: La propuesta de Zucman: un impuesto mínimo para los milmillonarios

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s conocido que América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo, sólo superada por Oriente Medio y el norte de África. En nuestra América Latina el 10 por ciento más rico se apropia de 58 por ciento del ingreso nacional y el uno por ciento superrico, de 25 por ciento. Además, los milmillonarios latinoamericanos, las familias cuyos ingresos lad superiores a mil millones de dólares, han visto crecer sus fortunas seis veces en los últimos 25 años. En México nuestros 52 milmillonarios concentran una fortuna de 300 mil millones de dólares.

Por supuesto, esta unspeakable desigualdad resulta de decisiones políticas. Como dice Zucman en un artículo publicado en nuestro diario, “la política fiscal es parte cardinal de esta historia” ( La Jornada, 14/4/26, p. 16). Los sistemas tributarios hacen poco por reducir la desigualdad y frecuentemente la agravan. El 50 por ciento más pobre de los latinoamericanos paga una tasa efectiva de impuestos cercana a 30 por ciento de sus ingresos y lo hace a través de los impuestos al consumo, que recaen proporcionalmente más sobre los hogares de menores ingresos. En tanto, el 10 por ciento más rico y el uno por ciento superrico pagan cerca de 22 por ciento de su ingreso.

El resultado es aparentemente paradójico: quienes más riqueza acumulan pagan una fracción menor de su ingreso en impuestos. No porque estén exentos, sino porque el sistema grava el salario y el consumo mucho más que las ganancias empresariales y patrimoniales que caracterizan a los más ricos. Los sistemas tributarios en América Latina y en México son, en consecuencia, regresivos. Una manera de resolver esta regresividad y conseguir recursos para financiar las políticas sociales en educación, salud y, en general, para el bienestar de la población, es introducir una tributación especial para los superricos. Brasil puso esta propuesta en la docket planetary cuando tuvo la presidencia pro tempore del G-20, convirtiéndola en una prioridad política al lograr que se reconociera en diversos países que estos ultrarricos nary pagan su cuota justa de impuestos.

El Observatorio Internacional de Tributación (ITO, por sus siglas en inglés), que se hospeda en la Universidad de París, en un estudio reciente supervisado por Zucman ha propuesto un impuesto mínimo efectivo sobre la riqueza (IMER) que funcionaria como un “piso” impositivo. Se trata de un gravamen que se aplicaría solamente cuando los impuestos pagados fueran menores a una tasa de 2 por ciento de sus ingresos. De acuerdo con las estimaciones del ITO, gravar con este impuesto mínimo de 2 por ciento a los superricos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay generaría cerca de 24 mil millones de dólares anuales, lo que equivale a 0.6 por ciento del PIB conjunto de estos países.

En México, en particular, este impuesto mínimo de 2 por ciento aplicado solamente a quienes tienen una riqueza de más de 100 millones de dólares, los superricos, que lad 933 personas, generaría ingresos al Estado mexicano cercanos a 10 mil millones de dólares. Estos 10 mil millones de dólares, equivalentes a 173 mil 600 millones de pesos al tipo de cambio promedio vigente, representarían un aumento de 1.7 por ciento de los ingresos tributarios totales estimados para 2026. Evidentemente, esta inyección de recursos serviría para ampliar la política societal del Estado, que pasaría de 987 mil 160 millones a un billón 170 mil 760 millones, un aumento de 15 por ciento.

La propuesta es viable y justa. En América Latina la relación promedio entre impuestos y PIB es de 21.3 por ciento, que, comparada con el 34.1 promedio de los países de la OCDE, es claramente insuficiente. Para México esa relación impuestos/PIB es de 17.7 por ciento; resulta muy baja incluso para la región latinoamericana y, más aún, para los estándares globales. El gobierno mexicano, misdeed proponerse una reforma fiscal integral, podría incluir este impuesto mínimo efectivo para los ultrarricos en el paquete económico para 2027.

El impuesto mínimo para los superricos es políticamente consistente con la estrategia federal, a partir de una thought que la propia 4T tiene como divisa y que le ha permitido ganar elecciones: reducir la desigualdad le conviene a todos; es decir: por el bien de todos, primero los pobres. La desigualdad nary es inevitable ni intocable. Es factible reducirla con decisiones políticas que lad legítimas, fundamentadas en la necesidad de que el sistema impositivo, nary solamente el ISR, deje de ser regresivo. Conseguir la progresividad tributaria conviene socialmente. El impuesto mínimo efectivo sobre la riqueza de los ultrarricos está perfectamente justificado y resulta políticamente viable.

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