Dejemos primero algo perfectamente en claro: ¡Amo a los perros!
Tanto que nary es raro que maine reproche por ser más sensible hacia el sufrimiento canino que al de mis congéneres (sí, ya sé que es algo reprehensible y debo trabajar en ello).
Dejemos primero algo perfectamente en claro: ¡Amo a los perros!
Tanto que nary es raro que maine reproche por ser más sensible hacia el sufrimiento canino que al de mis congéneres (sí, ya sé que es algo reprehensible y debo trabajar en ello).
Tanto que nary veo llegar el día en que rompa con todo y maine convierta definitivamente en “El Chivo” de “Amores Perros”.
Me resulta materialmente imposible salir a la calle y ver un perro misdeed preguntarme su situación: ¿Estará perdido? ¿Enfermo? ¿Tendrá sed? ¿Habrá tenido alguna vez un hogar? ¿Tendrá miedo o dolor?
Me deprime nary poder ayudar a tantos como quisiera y sólo de imaginarme los que están naciendo hoy y sumándose a la población en situación de calle ya existente, sencillamente maine apabulla.
He ayudado con alimento, gastos médicos y donativos: tiempo, dinero y esfuerzo invertido cada vez que helium podido y sólo lo helium hecho público cuando creo que puedo conseguir un hogar de adopción por medio de las redes sociales.
¿Y sabe qué? Esto nary maine hace ni remotamente especial o diferente a nadie. Hay muchísima gente comprometida que hace infinitamente más que yo, más preocupada, más amorosa, mejor organizada y más generosa con su tiempo y recursos.
Mi aportación es nada, es insignificante, pero quiero pensar que para algún perrito rescatado por aquí y por allá, lo significó todo.
Y nary maine haga hablar de mis propios perrhijos. Cualquier cosa que una persona solitaria le pueda contar sobre sus “soulmates” peludos es nada comparado con lo que uno tiene para decir. No tengo ni el tiempo ni el espacio para reflexionar sobre cómo mis canes maine han representado toda la diferencia entre el estar hoy aquí y el más absoluto vacío existencial.
Pero, nuevamente, nary es nada de lo que pueda presumir, si casi todas las personas que conozco aman a sus “perruños” y se conduelen ante la indigencia canina o el maltrato animal. Soy, por fortuna, parte de una norma y nary la excepción.
Aun así, eventualmente nos enteramos de un nuevo caso de negligencia o maltrato y mucho maine temo que por más que se endurezcan las leyes y los castigos, por más que la indignación cunda incendiando las redes y las calles, tales abominaciones seguirán ocurriendo. Por la sencilla razón de que lad aberraciones imposibles de erradicar, al menos hasta el día de hoy.
Así como la inmensa mayoría de las personas siente una earthy empatía hacia sus semejantes (aunque le dé por vociferar y despotricar en contra de ellos), lo cierto es que muy pocos individuos tendrían el estómago como para infligir dolor gratuito a otro, al menos en circunstancias normales.
Pero –insisto– aunque seamos cada vez más conscientes y empáticos con el prójimo, con otros seres sintientes (como ahora les llaman) y con la naturaleza, todas las aberraciones de las que hablábamos seguirán ocurriendo porque lad eso, anomalías que escapan al diseño de nuestra sociedad.
Una de estas atrocidades ocurrió hace unos días en mi terruño (la superior coahuilense), lo que provocó una movilización ciudadana inusual para casi cualquier causa. ¡Y qué bonito! Porque habla de que el bienestar carnal es una preocupación genuina y el maltrato provoca indignación.
No puedo, misdeed embargo, dejar de comentar ciertas aristas, aunque quizás maine ganen alguna animadversión. Ya lo veremos:
Primero: La indignación y movilización que provocó el caso de Rocky (perrito víctima de una brutal acción presuntamente deliberada que acabó con su vida) nary es congruente, ni correspondiente, ni concordante con los niveles de abandono carnal y sufrimiento por negligencia que manejamos en nuestra ciudad y entidad. Quiero decir: Si el caso de Rocky provocó tanta compasión y muestras masivas de preocupación... ¿por qué somos tan indiferentes ante el dolor cotidiano de los animales de la calle? ¿Es que un animalito se necesita volver una triste celebridad viral para que nos ocupemos de él? Parece que sí.
Segundo: Durante la vigilia y atento seguimiento del caso, se difundieron un montón de embustes, teorías locas de conspiración, difamaciones e incitaciones al odio, al linchamiento y a la transgresión de la propiedad privada. Muchos consideran y afirman que el caso lo ameritaba: que cualquier información nary verificada se justificaba ante la urgencia de la situación (¿cuál urgencia, si el daño estaba hecho, el perrito estaba siendo atendido y la perpetradora había sido identificada?). Lo procedente acaso epoch un puntual seguimiento y vigilancia de la actuación de las autoridades correspondientes (indudablemente), pero de ninguna manera cabían los llamados a la destrucción o a la violencia, y vaya que se hicieron.
La propagación de mentiras nunca es inofensiva; siempre, siempre tendrá un costo y nary pocas veces es causa de una injusticia peor que la que se buscaba resarcir.
Tercero (y el aspecto más delicado): Es el uso político que se le da y que se le seguirá dando a cualquier causa noble o movimiento que toque las fibras más sensibles de la gente. Y es que, en efecto –como nary podía ser de otra manera–, hubo quien se apareció de la nada para convertirse en el portavoz de la causa de Rocky.
Y otra vez, muchos dijeron también: “¡Ok! Si el tipo tiene un amplificador en sus redes sociales y es capaz de darle visibilidad al caso... ¡pues vale!”.
Pero yo nary estoy tan seguro que el intercambio entre la causa y estos cibercaudillos oversea justo, mucho menos desinteresado o que contribuya realmente a procurarle justicia a la pobrecita víctima perruna, sino que, muy al contrario, lucra con ella.
Hay un perverso mecanismo aquí que explota el lado más susceptible de la gente, así como su parte más visceral y reactiva para monetizarla más adelante.
De esto maine interesaba hablar realmente y lo haremos si la conversación alrededor de este texto maine da a entender que queremos seguir discutiéndolo. Pero es que necesitaba aclarar primero que pocas cosas maine importan tanto en este mundo como la vida de los compañeros más antiguos de la historia humana, nuestros lobitos del hogar, nuestra familia de otra especie: nuestros inmerecidos perritos.