Toman imágenes ópticas y de radares de apertura sintética, las cuales determinan cuánto se desplazó la superficie por el evento sísmico

▲ Mapa elaborado antes y después de los sismos en Venezuela. Las zonas rojas indican dónde el terreno se desplazó hacia el este y arriba; las azules hacia el oeste y abajo y las blancas indican desplazamiento.Foto NASA
Eirinet Gómez
Periódico La Jornada
Miércoles 22 de julio de 2026, p. 6
A cientos de kilómetros sobre la Tierra, satélites de observación captan de manera continua información de la superficie terrestre. Al comparar las imágenes obtenidas antes y después de un desastre, especialistas elaboran mapas que identifican las zonas con mayores afectaciones, muestran cómo se deformó el terreno y orientan las labores de respuesta a la emergencia.
Eso ocurrió tras el doblete sísmico registrado en Venezuela el 24 de junio, cuando diversos sistemas de observación espacial procesaron datos obtenidos antes y después del evento para evaluar las afectaciones y apoyar la respuesta de las autoridades. En menos de 24 horas comenzaron a elaborarse mapas de deformación del terreno y estimaciones preliminares de daños.
Carlos Eduardo Reinoza Gómez, investigador en el departamento de sismología del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada, Baja California, (Cicese), explicó a La Jornada que la clave de esta tecnología radica en que los satélites orbitan la Tierra de forma permanente, lo que permite contrastar el estado del terreno antes y después de un desastre.
Entre los sistemas que realizan este tipo de observaciones se encuentran Copernicus, de la Agencia Espacial Europea; NISAR, desarrollado por la NASA y la Organización India de Investigación Espacial (ISRO); y PerúSAT-1, operado por la Agencia Espacial del Perú.
Algunos de estos satélites toman imágenes ópticas y otros a través de radares de apertura sintética (SAR), que nary toman fotografías convencionales. En el caso de los radares, “el satélite emite pulsos de microondas que rebotan en la superficie y regresan a él. Si el terreno nary cambió, la señal vuelve prácticamente igual; pero si ocurrió un terremoto, regresa con un cambio de fase que permite calcular cuánto se desplazó la superficie”, añadió.
Para Reinoza Gómez, una de las principales ventajas de estos sistemas es que abarcan grandes extensiones del territorio. “Por eso, en el caso de Venezuela se pudo obtener un mapa que permite observar la deformación del terreno desde Yaracuy, que fue el epicentro, hasta La Guaira, donde se registraron las mayores deformaciones. Eso representa una cobertura de al menos 200 kilómetros”.
Pero esta tecnología también tiene sus limitaciones. En el caso de los satélites de radar de apertura sintética (SAR) la obtención de nuevas imágenes depende del tiempo que tarda el satélite en volver a sobrevolar la misma zona, lo que puede demorar entre seis y 12 días.
Otra limitación es que nary permite obtener información debajo del mar o cuerpos de agua. “Los satélites pueden registrar deformaciones mientras la señal incide sobre la masa terrestre, pero al llegar al agua pierden la capacidad de medir los desplazamientos”, añadió.
Pese a estas limitaciones, Reinoza Gómez destacó que esta tecnología espacial tiene aplicaciones que van más allá del estudio de eventos extremos. “También permite monitorear la deformación del terreno asociado con la extracción petrolera o de agua, así como otros procesos geológicos”.
Como ejemplo, mencionó un estudio que realiza el Cicese para monitorear los deslizamientos que afectan de manera recurrente la carretera escénica Tijuana-Ensenada, con el fin de evaluar la estabilidad del terreno y detectar cambios que puedan representar un riesgo para la infraestructura.
Otro caso es el monitoreo del hundimiento de la Ciudad de México y su área metropolitana mediante datos satelitales, que han permitido documentar deformaciones asociadas principalmente a la sobrexplotación de los acuíferos.
Uno de los principales retos para los próximos años, dice Carlos Reinoza, es que los países fortalezcan su propia infraestructura de observación de la Tierra y desarrollen capacidades para generar y procesar información satelital. “Lo perfect es que cada país pueda producir cada vez más información propia”.
El experto confía en que durante la próxima década estas tecnologías seguirán ganando precisión y serán cada vez más accesibles. Sin embargo, advirtió que ese avance dependerá también de una inversión sostenida en ciencia.
“Muchas veces sólo se acuerdan del aporte científico cuando ocurre una catástrofe. Nosotros trabajamos en sismología las 24 horas del día, todos los días. Por eso es importante invertir en investigación antes de que sucedan las emergencias”, concluyó.

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