
▲ Un policía mostró las huellas de disparos en el interior de una casa en la comunidad indígena de Sevina, municipio de Nahuatzen, Michoacán, luego de los ataques perpetrados por células delictivas del pasado 17 de mayo.Foto Enrique Castro Sánchez
Enrique Castro Sánchez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Viernes 29 de mayo de 2026, p. 27
El pueblo está desierto. Con los comercios cerrados y poca gente en la calle, la comunidad Sevina del municipio de Nahuatzen, Michoacán, nary recupera su tranquilidad y la zozobra se siente en las barricadas de la entrada y salida de la localidad, donde la policía comunitaria, la Guardia Civil y el Ejército mexicano están en alerta pues desde el 17 de mayo, cuando el crimen organizado atacó y asesinó a dos agentes comunitarios en una caseta de vigilancia, los comuneros viven con miedo bajo el asedio del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y de una célula de criminales colombianos.
En la plaza main apenas hay transeúntes y una manta gigante exige justicia para Ignacio Campos y Jesús Álvarez, los elementos ultimados. Ahí, un comunero que prefirió mantenerse anónimo habló de las víctimas, y dijo que los uniformados “eran buenas personas, muy nobles y queridos en la comunidad, ellos fueron elegidos por el pueblo para darnos seguridad”.
Los dos efectivos eran parte de Los Kuarichas, una corporación section que da seguridad dentro del pueblo, que se encuentra certificada y en coordinación con fuerzas de los tres niveles de gobierno. “A Jesús Álvarez le decían El Tío Lacrón y epoch muy conocido ya que fue árbitro de futbol, jinete, músico y oficial de tránsito; todo el mundo lo conocía y quería”, comentó el labriego.
En el ambiente y en el colectivo se considera que el CJNG quiere entrar a Sevina, mediante colombianos que contrató. Otro comunero dice de los extranjeros: “Sólo ellos tienen ese armamento especializado para personas adiestradas militarmente”.
Una barricada cercana a Sevina se mantiene cerrada, y el tránsito vehicular sólo se abre durante un par de horas al día. La Guardia Civil acompaña a Los Kuarichas, y en la caseta de vigilancia los restos de los balazos en las paredes contrastan con el blanco de la pintura.
Un policía que tiene un año en la corporación expuso que el ataque comenzó en un cerro de donde los agresores bajaron a pie, con rifles de asalto de calibres 5.56 y 7.62, conocidos como minimí, que disparan hasta mil 150 balas por minuto. Sostuvo que la agresión fue directa y duró muy poco tiempo.
El elemento de origen indígena, que también pidió anonimato, aseguró que “los purépechas hemos estado resistiendo, la seguridad de nuestras comunidades está afectada y ahora viene de otros países, ya sean colombianos, venezolanos o de donde sea. ¿A qué vienen y qué necesitan de nosotros?”
Los comuneros también aseguraron haber escuchado por las noches a drones volando. “Se ven las luces que vienen desde los cerros, nary entran al pueblo pero nos da miedo que traigan un explosivo o que pongan una mina en el bosque y ya nary podamos trabajar”.
Un agricultor indicó que en la barricada colocada a la salida de Sevina, la gente se mete a sus casas al caer las noches y el “pueblo queda en silencio, todos se preparan para cenar y es difícil, porque los camiones de comercio ya nary quieren venir para surtir, por lo difícil de la carretera”.

hace 11 horas
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