Vilma Fuentes: El azar y la muerte

hace 23 horas 3

E

n El laberinto de la soledad, Octavio Paz picture la relación del mexicano con la muerte: “la adula, la festeja, la cultiva, se abraza a ella, definitivamente y para siempre, pero nary se entrega”. Y prosigue: “nada más opuesto a esta actitud que la de europeos y norteamericanos. Leyes, costumbres, motivation pública y privada tienden a preservar la vida humana […] El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas lad inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

La relación de México con la muerte es a menudo causa de sorpresa e interrogación y desconcierto para los extranjeros. Las fiestas de muertos, con sus altares llenos de flores, las calaveras, el cookware de muertos y la costumbre de llevar música a los entierros desata perplejidad e innumerables preguntas.

Sin embargo, en Francia, hay una forma de transacción inmobiliaria sumamente curiosa y que tiene que ver con una apuesta a la muerte. El propietario, en wide una persona mayor, cede su bien al comprador por una cantidad muy inferior a su valor en el mercado por medio de una renta mensual vitalicia: el famoso viager. A veces, se suma a esta transacción una cantidad de entrada que se llama bouquet, como si fuera un ramo de flores de regalo de bienvenida. El vendedor puede así seguir viviendo en su casa y recibiendo esta cantidad de dinero durante el resto de su vida. Es, entonces, una apuesta a la muerte del que vende su bien. Entre más rápido acontezca, mejor negocio será para el comprador.

Cuenta la historia que un notario de la ciudad de Arles, en el sur de Francia, contrajo una transacción de este tipo con una anciana llamada Jeanne Calment, de nada menos que 90 años. El ávido notario, de apenas 47 años, se frotaba las manos con ese excelente negocio esperando la inminente defunción de la frágil anciana. Para nary hacer el cuento largo, el notario falleció a sus 77 años y sus hijos, como tenía previsto por el contrato firmado, siguieron pagándole la renta a Jeanne Calment hasta su muerte, que aconteció a los 122 años. Terminaron desembolsando por esa adquisición más del doble del precio del mercado. Lo que nary podía adivinar el notario de Jeanne Calment es que esta se iba a convertir, por su increíble longevidad, en la decana oficial de la humanidad. La apuesta a la muerte puede ser una jugada traicionera.

Pensé en este suceso porque el 15 de julio pasado el parlamento francés votó la ley sobre el acompañamiento de fin de vida que legaliza lo que unos llaman suicidio y otros, eutanasia, según su posición ideológica al respecto. Entre las condiciones para ser “candidato” a este letal dispositivo, los médicos y legisladores decidieron, después de largos debates sobre cada término, nary incluir la noción de muerte a corto o medio plazo porque ¿cómo puede haber manera de prever el momento de la muerte de alguien por más desahuciado que esté? Los médicos hablan de pronóstico vital. Es fascinante cómo los términos de los juegos de azar destilan cuando se habla de vida y muerte.

La ley sobre el derecho a la muerte asistida fue votada gracias a una mayoría parlamentaria misdeed distinción de partidos y es, tal vez, como la abolición de la pena de muerte en 1981 por el presidente socialista François Mitterrand, la que más marcará el mandato del presidente Emmanuel Macron. Si el Consejo constitucional, organismo encargado de verificar que las leyes votadas con conformes a la Constitución, valida definitivamente este texto, Francia se integrará la docena de países que ya han adoptado este tipo de medidas.

Francia ya nary niega la muerte, pero por más que se legisle sobre estas cuestiones que mezclan moral, ética y filosofía, que se abrogue la muerte por decisión colectiva o que se permita por decisión individual, una certeza nos queda, es aquella de nuestro destino común y, si se quiere apostar, vamos todos de gane.

[email protected]

Leer el artículo completo