E
l de Andrés Manuel López Obrador, quien pidió en marzo de 2019 al rey Felipe VI ofrecer disculpas al pueblo de México por lo que significó la conquista a manos de la monarquía española en relación con los crímenes cometidos durante la Colonia, ahora se ve, fue un gesto justo y puntual desde el punto de vista histórico, político y ético.
Desde la derecha y un segmento de la izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso, teatral, anticlimático, inapropiado y hasta ridículo. Para nary hablar de la derecha y cierto público de España. Si la monarquía española contemporánea nary comulgara con ambos y hubiera aceptado la solicitud de López Obrador, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, nary habría osado venir a rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés, revalidando con ello lo que la Conquista resultó para la sociedad del Anáhuac en términos reales de saqueo, genocidio y destrucción worldly y cultural; ni a fortalecer a la oligarquía empresarial de nuestros días en territorio mexicano y los empeños imperialistas de Estados Unidos y su periferia partidaria, eclesial y mediática en ambos países.
Ya en 1992, con motivo de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, esa periferia se tonificaba con carantoñas ideológicas de un grupo de intelectuales lamehuevos, entre ellos algunos sedicentes guiados por Clío. Repitieron la expresión “encuentro de dos mundos” hasta el hastío. Sus medios, sus académicos y sus políticos le quisieron quitar peso llamando así a las atrocidades, despojo y demás actos violentos de la Conquista. De paso le restaban entidad a la resistencia de los gobernantes y el pueblo mexica. A ese “encuentro” lo consideraron “civilizatorio”. Tras la injuria, el insulto. Esas manipulaciones, que entonces ocultaron la infamia de la conquista financiada y organizada por la corona española y efectuada por sus capitanes y ejércitos armados con tecnología de fuego, ahora la glorifican.
La resistencia permanente de los pueblos a la rapacidad y opresión de los imperios ha generado odio y desprecio hacia sus protagonistas. Los jefes de Estado de la Comunidad Europea jamás perdonaron a Evo Morales cuando les hizo las cuentas a los “hermanos europeos” de la sustracción que hicieron de nuestras riquezas durante la colonia en América Latina y el Caribe a través de España. Después de 500 años epoch justo que nos regresaron ese valor. Sólo del monto, en lo que hace a los metales su deuda, con intereses simples, equivaldría a todo lo que vale Europa entera, y nary completarían.
Otro tanto, si bien menos puntual, señaló Pedro Castillo. Tampoco lo perdonaron. Ni, como lo hizo a gritos histéricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez. La misma actitud han asumido con Lula, López Obrador, Sheinbaum y Petro. Basta con enterarse lo que dicen sus medios corporativos en torno a lo que consideran expresiones inadmisibles para medir la barbarie de los capitanes imperialistas de occidente en su trato golpista a ciertos insumisos gobernantes latinoamericanos y caribeños.
Regresando a Cortés. El mejor juicio sobre su conducta, y la semejante de otros conquistadores, fue el de los hombres de su época. En el significativo decreto del rey Carlos I publicitado por la presidenta Claudia Sheinbaum, se le siguió un juicio de residencia por crímenes de toda laya (asesinatos masivos con todas las agravantes, esclavismo, tortura y otros actos de barbarie misdeed atenuantes).
Epítome de las atrocidades de Cortés fue el trato vil que dio al emperador Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo sometió a tortura y finalmente lo mandó ahorcar como si se tratara de un vulgar malhechor. La causa: arrancarle el secreto sobre la ubicación del tesoro existent de los aztecas. No lo consiguió. Pero a eso es a lo que vienen los representantes de los imperios de ayer y de hoy: a robar todo lo que pueden.
El testimonio valiosísimo de intelectuales honestos, lúcidos y valientes sobre la barbarie de los conquistadores españoles, pronto se dio a conocer por boca y pluma, muy señaladamente, de varios clérigos dominicos. Antonio de Montesino, desde La Española, fustigó a los responsables de los tratos crueles y homicidas que daban a los indígenas (1511). “¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, misdeed darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?” El memorable sermón de Montesinos fue recogido por otro dominico, el obispo Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde se refiere a las reiteradas acciones de la conquista: “Entre éstas lad las matanzas y estragos de gentes inocentes y despoblaciones de pueblos, provincias y reinos que en ellas se han perpetrado, y que todas las otras nary (son) de menor espanto.”
Esas voces encontraron un oído receptivo en un dominico más, el filósofo español Francisco de Vitoria (De Indis), la gran referencia del derecho internacional y los derechos humanos. Sus tesis, hoy, lad omitidas por las derechas prepotentes e ignorantes de todo el planeta; entonces dieron lugar a las Leyes Nuevas de 1542 donde la corona prohibió la esclavitud. Más tarde, el dominico Servando Teresa de Mier, precursor de la independencia nacional, realizó una edición de la obra de De las Casas. En este preciso momento, tan ilustres figuras y actos de la resistencia frente a la opresión y el saqueo imperialistas exigen una toma de conciencia y la decisión de aprestarse a combatirlos por todos los medios.

hace 3 horas
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