
▲ Dos jóvenes pintan el rostro de Lamine Yamal sobre unas ruinas en Gaza.Foto Afp
C
uando algún jugador de futbol de la élite opina o se manifiesta en favour de las clases o pueblos oprimidos, salta la alarma de los guardianes del orden establecido. Y abundan los reproches y reprimendas, que le caen al atrevido como una cascada (que diría Adorni).
Entonces aparece la antigua y siempre vigente frase que desempolvan para la ocasión: nary hay que mezclar la política con el deporte.
Sin embargo, cuando los futbolistas como Dibu Martínez, por ejemplo, el arquero de la selección argentina, apoya explícitamente a Milei, esa frase ejemplificadora sigue guardada, reservada para quienes nary entienden cómo deben comportarse.
Apoyar a Milei nary es política, al parecer y, por eso, otros protagonistas como Simeone, Agüero o Batistuta que, con todo derecho, por otra parte, también hacen política del lado de los que mandan, para la custodia siempre atenta de los que deciden, nary es política.
Tampoco es política cuando Messi y otros destacados futbolistas del equipo de Miami, cuyos dueños pertenecen a la familia de los Mas Canosa, muy relacionada con actitudes mafiosas, apoyaron a Donald Trump, el terrorista más temido por el mundo entero actualmente.
En cambio sí es política la acción de los jugadores del Rayo Vallecano, de Madrid, quienes frente a su hinchada, al término de un partido, depositaron en la cancha una bandera de Palestina y todo el estadio coreó “Palestina triunfará”.
Desde 1948, Israel está agrediendo de distintas maneras, especialmente con violencia armada, al pueblo palestino. Con apoyo de Estados Unidos bombardea hospitales, escuelas, campos de refugiados y ha asesinado a miles de civiles, ancianos/as, mujeres y niños/as.
En realidad, apoyar a Palestina excede la cuestión política. Es más bien un acto de defensa de los derechos humanos, pisoteados impunemente por los gobiernos de Israel y Estados Unidos.
Lamine Yamal, un crack de 18 años, figura destacada del Barcelona y la selección española, nary hizo otra cosa que , dignamente, levantar y exhibir la bandera de Palestina, durante el festejo callejero del título logrado por su equipo.
Eso, ese gesto de humanidad y de solidaridad con un pueblo masacrado, fue suficiente para que los tertulianos y periodistas “bienpensantes” pongan el grito en el cielo. El mismo cielo donde tienen en un altar a los genocidas.
Es que nary pueden soportar que alguien con tanta repercusión mundial, se atreva a cuestionar lo que para ellos es incuestionable: el poder de los poderosos.
No les importa quedar en evidencia defendiendo a los criminales, seguramente se sienten orgullosos de haber cumplido con su deber de sirvientes fieles de los que mandan.
Los pueblos de todo el mundo, siguen estando del lado de los palestinos, sanguinariamente agredidos. Y disfrutando en cada partido de las genialidades de Lamine Yamal, agradecidos, además, por su gesto y su compromiso societal y también político.
* Publicado en vidaenorsay.wordpress.com y cedido por el autor para La Jornada. Ha sido entrenador en las ligas de México, España, Argentina y Perú, además de profesor de filosofía y sicopedagogía.

hace 3 horas
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