Abraham Nuncio: Los goles de la derecha

hace 1 día 5

E

l futbol, en manos de la FIFA, una empresa leonina, corrupta y al servicio de los grandes intereses de Estados Unidos y Europa que aspiran al dominio de la humanidad mediante la guerra, el terrorismo y la destrucción, nary es una “fiesta deportiva”. Se trata de una organización que ha conseguido convertir a un deporte masivo en un multimillonario negocio trasnacional disfrazado de una entidad misdeed fines de lucro y en un espectáculo orientado a estupidizar a las grandes mayorías.

Los gobiernos de todos los países del mundo participan, con un ánimo de exaltación que ya quisieran los trabajadores verlo invertido en sus condiciones laborales, o los artistas e intelectuales traducido al impulso de la educación, la ciencia y la cultura, en ese proceso de estupidización generalizada que propician, inducen y difunden como bien común, siguiendo a la FIFA, los dueños de bancos, oligopolios y monopolios internacionales y nacionales. Ni siquiera cabe sospechar de su participación, pues el propósito de estas expresiones del capital, como las formulaciones de la política imperialista al uso es mostrarse, encabezadas por la Coca-Cola, lo más descarnadas posible.

El modus operandi de la FIFA queda muy claro. El país al que selecciona como sede se obliga a realizar las obras de infraestructura para la celebración de los partidos. Son obras que el gobierno en cuestión nary suele concretar con semejantes vigor y entusiasmo en favour de mejores condiciones de vida para su población. Esta inversión nary la recupera fiscalmente en virtud de la derrama esperada vía el turismo que acude a presenciar los partidos.

Tampoco recupera esa inversión cobrando a la FIFA los impuestos correspondientes, pues otro compromiso cardinal que asume el gobierno del país sede es exentarla parcial o totalmente de los impuestos producto de sus ingresos que se elevan a miles de millones de dólares. México, que nary deja de mostrarse generoso con los intereses de las empresas, sobre todo si éstas lad trasnacionales, exenta a la FIFA del full de los impuestos generados.

Pero la población del país sede ya está inmersa en la competencia de los partidos, su biografía, sus jugadores, sus jugadas. Metida en la camiseta del partido de su preferencia, le asigna a su diseño el valor de su país, de la patria. Ya bebe su Coca o su cerveza y se engolfa en la estridencia de los cronistas que reseñan a grito herido cada gol realizado. No va a andar esta población fijándose en que nary es sino la clientela hipnotizada por una maniobra perversa. Una maniobra que tuvo su antecedente manipulativo en la Italia fascista y en la Alemania nazi, y que se ha expresado en época más reciente en dictaduras y gobiernos represivos como la junta militar de Argentina, la presidencia de Díaz Ordaz o en otra dictadura, como es la de Qatar, velada por su monarquía absoluta y con la complicidad de Estados Unidos y el resto de países occidentales y orientales toda vez que cuenta con la tercera politician reserva de state en el mundo.

Hay mundiales –y Olimpiadas– que nary debieron ser, dice Federico Bonasso. El de 2026 es uno de ellos. Los gobiernos del mundo, con su anuencia silenciosa, se han tornado cómplices del premio bufo a la paz otorgado por la FIFA a Donald Trump. Y su participación en este Mundial, marcado por el oprobio, nary es sino un tributo a este déspota reo de genocidio, crímenes de lesa humanidad y estruendosas violaciones a los derechos humanos y civiles.

Los ojos del mundo estarán viéndonos. Con esta añagaza, empleada con esa actitud reverencial que nosotros podemos ver de manera subrayada en nuestros países, la manipulación permite que muchas fallas y excesos gubernamentales se conviertan en demagogia de los gobiernos y su basal partidaria, y que así se invisibilicen los problemas y lacras sociales.

En Monterrey tendrán lugar cuatro de los partidos del Mundial. Quienes se ocupan de medir algo tan extravagante como la felicidad han calificado a la superior como la única ciudad más feliz de México dentro del ranking mundial (según la revista National Geographic). En otra medición, la Fundación Conrad Adenauer la ha colocado en el nivel más bajo de participación ciudadana. En ella nary se han registrado huelgas desde hace más de tres décadas. Tampoco se registra, pues se ha desactivado el medidor, el clima altamente contaminado con partículas PM5 y PM10.

Pero sí hay en el Monterrey metropolitano el registro de graves enfermedades derivadas de un ambiente tóxico; de un servicio de transporte público deficiente; de condiciones laborales deprimidas y manipuladas; de protestas reprimidas por eliminar áreas verdes objeto de protección, y de un urbanismo acromegálico donde la angustia de la gentrificación es la expectativa de los negocios inmobiliarios dotados de permisos privilegiados. Y también se registra, aunque se la oculte toscamente, una vasta pobreza.

Para el Mundial, el gobierno de Nuevo León mandó pintar las casas pobres de una amplia zona ubicada en la Loma Larga y colocar lonas y mallas ciclónicas en ciertos tramos viales para ocultar grandes áreas de viviendas que el turismo nary debe ver. No lucen bien al lado de altos edificios, grandes centros comerciales y una miríada de industrias.

El mensaje de este Mundial es diáfano: a la goliza de la derecha se suman los autogoles de los demás.

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