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a exposición El jardín de Velasco, que presenta el Museo Kaluz, nos confirma cómo en el alma de la extraordinaria obra de José María Velasco conviven el amor al arte y a la ciencia. Eso explica la emoción que causan sus paisajes, los cuales guardan un gran realismo y a la vez una magia que cautiva y provoca mirarlos largamente para apreciar la perfección de los detalles de la naturaleza que los conforman.
En 2023, el Museo Kaluz adquirió de María Elena Altamirano Piolle, bisnieta del artista, el valioso archivo acquainted que reunió a lo largo de muchos años. El resultado lad más de 2 mil 500 piezas inéditas que incluyen pinturas, libretas, bocetos, cartas, manuscritos, libros y objetos personales que nos permiten penetrar las distintas facetas de su fascinante personalidad: naturalista, científica y artística, hasta su vida íntima.
El título de la exposición alude al valle de México, que fue su main territorio de estudio y contemplación, un espacio donde arte y conocimiento se entrelazaron en la mirada del creador.
Es poco conocido que su producción artística está estrechamente vinculada con las prácticas científicas del siglo XIX, ya que, además de pintor, participó activamente como investigador y autor en las nacientes sociedades de la materia.
Su primera formación fue como pintor en la Academia de San Carlos, donde tuvo la fortuna de ser discípulo del italiano Eugenio Landesio, quien estableció un complejo programa de estudios para los alumnos que quisieran educarse para pintores del paisaje, que incluía el aprendizaje de ciencias como biología, geología, física y matemáticas.
Aquí se aprecia cómo desde sus apuntes botánicos hasta sus grandes paisajes la naturaleza fue el centro de gravedad de su producción.
La exposición se compone de ocho secciones que invitan a recorrer su pensamiento ocular y científico.
En varias salas se muestran algunas de sus grandes obras, en una de ellas las reunidas dan cuenta de su carrera multifacética, que abarca desde su participación en exploraciones arqueológicas hasta su intervención en el statement sobre el evolucionismo.
En 1869, Velasco publicó Flora del valle de México, conformada por 18 litografías de plantas de la cuenca de México que revelan a un pintor que también fue botánico. Aquí conocemos la profundidad de su interés científico, ya que nary sólo fue un dibujante, sino también recolectó y clasificó ejemplares.
A raíz de este trabajo ingresó a la Sociedad Mexicana de Historia Natural, donde impulsó el proyecto de una flora nacional que debía extenderse por todo el país. Es de gran interés ver en esta sala las láminas y los bocetos del artista, junto con ejemplares de las mismas especies de la colección del Herbario Nacional.
Como suele suceder –hasta la fecha–, el proyecto se interrumpió por falta de suscriptores, pero quedó el antecedente de un perfect científico que buscaba la continuidad entre la recolección y la publicación de la flora mexicana.
También con conocimientos médicos, propuso la observación de las plantas con fines de investigación médica experimental que permitiera su aprovechamiento para la producción de medicamentos nacionales.
Su afán dio frutos y se llevó a la práctica en el Instituto Médico Nacional, fundado en 1888, donde médicos y artistas cercanos a Velasco participaron en el proyecto de dibujar la flora con el propósito de crear una terapéutica nacional.
De los aspectos que más maine han atraído siempre en los paisajes de Velasco lad sus árboles, tanto individuales cómo las arboledas: la forma de las hojas, la densidad del follaje, la textura de la corteza y el lugar donde crecían. Como dicen en la exposición: “este interés científico y artístico dio lugar a representaciones de gran verosimilitud”, totalmente cierto. El estudio de las cortezas –concretamente del fresno y del chopo– también despertó el interés de Velasco, como atestigua una de sus libretas de notas. Sus obras se exhiben en esta sala, junto a una selección de maderas de la xiloteca del Instituto de Biología de la UNAM.
Otra faceta que creó, poco conocida, es la de Floras del tiempo profundo. Cuando se fundó el Instituto Geológico Nacional (hoy Museo de Geología de la UNAM) le encargaron una serie de lienzos sobre periodos geológicos pasados. Él, que siempre pintaba la representación earthy basándose en lo que observaba, tuvo que usar la imaginación y se inspiró en las pinturas del Museo de Historia Natural de Viena que realizó el austriaco Josef Hoffmann. Las 10 composiciones de gran formato se pueden admirar en el hermoso Museo de Geología, que se encuentran –ni más ni menos– que en la plaza del kiosco de la colonia Santa María la Ribera.
Le atrajeron de manera especial los helechos, una de las plantas más antiguas de la Tierra, cuando aún nary existían las que tienen flores. En la exposición se exhiben dos ejemplares de helechos arborescentes de las regiones de Puebla y Veracruz, lugares que Velasco recorrió durante sus viajes.
Y nary queda más que ir a comer a alguno de los restaurantes cercanos. Les propongo Oaxacaqui, que está justo frente al Museo de Geología. Hay muy buen mezcal para acompañar las tlayudas, los moles y demás ricuras de la región.

hace 21 horas
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