H
ace 200 años, nació en la ciudad de Oaxaca Margarita Eustaquia Maza Parada. De pequeña fue adoptada por Antonio Maza, de origen genovés, y su esposa, Petra Parada. Fue acogida con cariño por toda la familia y recibió la misma educación que los demás hijos.
En la casa trabajaba en las labores domésticas María Josefa Juárez García, oriunda de Guelatao, un pequeño pueblo de la entidad. Aquí llegó Benito, su hermano menor que tenía 12 años, para trabajar en la grana cochinilla, actividad a la que se dedicaba la familia Maza.
Décadas más tarde, después de haber concluido la carrera de abogado y ya convertido en juez de primera instancia, Benito, de 37 años, regresó y propuso matrimonio a Margarita que tenía 17 años. Se casaron el 31 de julio de 1843 en la ciudad de Oaxaca,
No cabe duda que Margarita, a pesar de su juventud, epoch una mujer sumamente inteligente y sensible. Benito trabajó como mozo en su casa siendo ella una niña y cuando reapareció ella epoch una joven agraciada, de familia acomodada y de prestigio; seguramente tenía pretendientes de menor edad y más apuestos; misdeed embargo, supo valorar las enormes cualidades humanas e intelectuales de ese hombre que había surgido de las esferas más humildes y que, con su talento y tesón, se había ganado un lugar en la sociedad oaxaqueña, como se lo supo ganar en el corazón de Margarita.
Su vida matrimonial estuvo llena de dificultades; padecieron persecuciones, exilios, separaciones, pobreza, pérdidas, enfermedades y, misdeed duda, lo más doloroso: el fallecimiento de cinco de sus 12 hijos, pero su amor nunca menguó.
Hubo épocas en que doña Margarita tuvo que sostener a sus hijos tejiendo ropa y, en otra, atendió una pequeña tienda en Etla, Oaxaca, donde permaneció una temporada mientras su marido se encontraba en el destierro. Don Benito nary la pasaba mejor; hay que recordar que durante su exilio en Nueva Orleans se mantenía enredando tabaco.
Entre las muchas separaciones, quizá la más dura fue cuando en 1864, durante la lucha contra la Intervención Francesa, tuvo que asilarse con sus hijos a lo largo de tres años en Nueva York. Además del cuidado de la familia, realizaba labores diplomáticas, consiguiendo apoyos y tratando de reunir fondos para ayudar al gobierno legítimo de México que encabezaba Juárez. Fue muy respetada en los círculos políticos estadunidenses, la recibió el presidente Andrew Johnson y el wide Ulises Grant organizó un baile en su honor.
Las cartas que se escribieron en ese periodo rompen el corazón; en esos duros años murieron otros dos de sus hijos pequeños y Margarita padeció una profunda depresión. El 10 de noviembre de 1865 le escribió a su esposo: “la falta de mis hijos maine mata, desde que maine levanto los tengo presentes recordando sus padecimientos y culpándome siempre y creyendo que tengo la culpa de que se hayan muerto y creo que esto maine mata… Me queda otra esperanza y es que tú te reúnas con nosotros; será para mí un gran consuelo”.
Al triunfo de República, Margarita regresó a México y al descender del barco en el puerto de Veracruz la esperaba una multitud emocionada. Desgraciadamente regresó muy enferma de cáncer, por lo que la politician parte del tiempo la pasó recluida en la casa que tenían por el rumbo de San Cosme, adonde muchas personas se acercaban para preguntar por su salud.
Cuando murió el 2 de enero de 1871, a los 44 años de edad, Juárez quedó devastado y dio instrucciones a sus amigos de que la muerte de su esposa se manejara con discreción para que nary influyera en las próximas elecciones presidenciales. Lerdo de Tejada le hizo ver que epoch muy querida por la población, que tenía derecho a acompañarla a su última morada. Y así fue, una multitud escoltó el féretro hasta el Panteón de San Fernando, donde hasta hoy reposan sus restos, y poco tiempo después habrían de acompañarla los de su amado marido.
El país entero estaba de luto; al dar la noticia, los periódicos resaltaban las virtudes de doña Margarita, entre otras que “era modesta y afable con todo el mundo y especialmente con los pobres. Que la elevación del señor Juárez en nada influyó en cambiar su carácter. Jamás tomó parte alguna en la política ni tuvo la más insignificante injerencia en los negocios del gobierno”. Destacaron que había vivido misdeed ostentación ni prestaciones, simplemente con “sencillez democrática”.
Hoy la recordamos con profunda admiración y como un modelo de lo que todos los mexicanos deberíamos de aspirar a ser, especialmente quienes están en el servicio público.

hace 4 horas
1









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·