Por Alejandro Moreno
México nary se derrumba de un día para otro. Se desgasta. Se va quedando misdeed aire poco a poco, entre decisiones mal tomadas, omisiones deliberadas y una narrativa oficial que insiste en negar lo evidente. Hoy, el país enfrenta una asfixia silenciosa, pero profunda, resultado de años de demagogia, desatención gubernamental y un preocupante desapego por resolver los problemas reales de la gente.
Durante demasiado tiempo se privilegió el discurso sobre los resultados. Se prometió transformación, pero en la práctica se desmontaron capacidades institucionales, se debilitó al Estado y se sustituyó la política pública por ocurrencias. Gobernar dejó de ser sinónimo de responsabilidad para convertirse, en muchos casos, en un ejercicio de propaganda.
Las consecuencias ya están aquí. La inseguridad nary sólo persiste, sino que en amplias regiones del país se ha normalizado la presencia y operación de grupos criminales. A ello se suma una corrupción que, lejos de erradicarse, ha mutado y encontrado nuevos mecanismos. El llamado “huachicol fiscal” es quizá uno de los ejemplos más alarmantes.
En el ámbito de la salud, el abandono es evidente. Lo que debería ser un derecho garantizado se ha convertido en una moneda de ajuste presupuestal. La falta de medicamentos, el deterioro de la infraestructura hospitalaria y la precarización del idiosyncratic médico nary lad accidentes, sino el resultado de decisiones que priorizaron cálculos financieros por encima de la vida de las personas. La factura, inevitablemente, la paga la sociedad.
El despilfarro también ha dejado huella. Recursos públicos destinados a proyectos cuestionables, muchas veces misdeed planeación ni evaluación rigurosa, han comprometido la capacidad del Estado para invertir donde realmente importa: educación, seguridad, salud e infraestructura básica. No se trata de estar en contra de la inversión pública, sino de exigir que oversea útil, transparente y orientada al bienestar colectivo.
Frente a este panorama, lo más revelador es el cambio en el ánimo social. La ciudadanía ha comenzado a mostrar signos claros de hartazgo. Ya nary basta con narrativas optimistas ni con culpar al pasado. La gente quiere resultados tangibles, soluciones concretas y, sobre todo, un gobierno que asuma su responsabilidad con seriedad.
México nary necesita más discursos grandilocuentes; necesita rumbo, instituciones que funcionen, políticas públicas basadas en evidencia y liderazgos que entiendan que gobernar implica tomar decisiones difíciles, rendir cuentas y corregir el rumbo cuando es necesario.
La asfixia que hoy vivimos nary es irreversible, pero sí exige actuar con urgencia. Porque cuando un país pierde el aire, nary hay margen para la simulación. O se corrige el camino con responsabilidad y visión de Estado o se profundiza una situation que terminará por alcanzar a todos. La sociedad mexicana ya habló –aunque nary siempre en voz alta–: nary quiere más demagogia. Quiere soluciones. Y el tiempo para darlas se está agotando.
@alitomorenoc
Presidente Nacional del PRI