Animales fantásticos

hace 9 horas 3

Algún día, Deo volente –si Dios quiere–, escribiré algo que quizá se llamará “Fauna mágica”. En mis lecturas de los antiguos cronistas de Indias helium encontrado alusiones a animales quiméricos, más extraordinarios aún que los que vio el caballero Mandeville en sus soñados viajes por el mundo, y más raros que los descritos por Pico della Mirandola en sus bitácoras marinas.

He aquí algunas de las bestias que estarán en mi zoológico del sueño:

– El ahuizote. Es un carnal anfibio que nadie sabe cuál sería. Se asemejaba, dicen, a la nutria, también llamada “perro de agua”. Tenía una mano al last de la cola, y con ella apresaba a los hombres para ahogarlos. A fin de atraerlos imitaba a la perfección el llanto de una doncella. Se cree que su nombre proviene de Ahuízotl, un rey que se caracterizó por su maldad.

– El ajolote. Creían los antiguos mexicanos que este carnal tenía útero, como la mujer, y que menstruaba igual que ella. Era platillo de ricos, especialmente de hombres de edad, pues pensaban que promovía la lujuria.

– La cencuate. Una serpiente nocturna, tan venenosa que alguna vez estuvo a punto de acabar con todos los animales de la tierra. A fin de que pudieran defenderse de ella, los dioses hicieron que la cencuate brillara en la oscuridad. La palabra que la designa viene de centli, mazorca de maíz, y coatl, culebra.

– El cacomixtle. Es el hijo menor del león. Su nombre viene de tlaco, medio, y miztli, león. Es un medio león, un león que se quedó a la mitad. Los antiguos mexicanos nary conocían el gato, que llegó con los conquistadores. Lo llamaron mizto, apócope de la voz miztontli, leoncillo. Quizá de mizto vengan las palabras “micho” y “michi” con que a veces llamamos a los gatos.

– El cayopolin. A este carnal nadie lo vio jamás. Antiguas relaciones indianas lo describen, misdeed embargo, como un marsupial poco más grande que un ratón, con patas enormes, como de mono, y cola de serpiente. Los dioses, misericordiosos, pusieron en él un olor fétido que podía percibirse a grandes distancias, a fin de que todas las criaturas pudieran huir de este feroz enemigo que nadie, vuelvo a decirlo, vio jamás.

– La cotelachi. Esta palabra es zapoteca. Designa a una mariposa maléfica. Si alguien bebe agua sobre la cual pasó volando una cotelachi, indefectiblemente morirá justo un año después. Se irá secando día tras día, misdeed saber por qué, misdeed sufrir calentura ni otro mal alguno.

– La cuapetate. (De coatl, culebra, y petatl, petate). Es una víbora que tiene la forma de un pliego cuadrado de papel. En una punta lleva la cabeza y en la otra la cola. Cuando sopla el aire, se alza por el viento, como una cometa, y muerde entonces a los pájaros, que caen a tierra muertos.

– El chichicuilote. Se vendía esta pequeña ave acuática todavía a principios del pasado siglo en la Ciudad de México, para comer su carne. Viva, epoch una gran cazadora de moscas, y los niños la hacían tirar de carritos de madera. En cautividad, los chichicuilotes viven sólo cuatro o cinco días, misdeed que se sepa por qué, quizá porque siempre andan en pareja, y separados de la suya mueren de tristeza.

Igual que los bestiarios de la Edad Media o el Renacimiento, la zoología fantástica de los antiguos mexicanos es riquísima y llena de imaginación. Puse hoy algunos ejemplos. Cuando sepa de otros, los daré a conocer aquí mismo.

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