Arrímese mi chula

hace 5 horas 2

Algunas denominaciones evangélicas consideran que el baile es un pecado abominable, invento del demonio. Sé de un pastor que dijo hablando ante los jóvenes de su congregación:

–Empiezan ustedes haciendo cosas como matar a alguien; luego se dedican a robar; después comienzan a decir mentiras. Y quién sabe: ya precipitados en esa pendiente de maldad un día pueden terminar bailando.

Esa fobia puritana contra el baile es cosa extraña si se toma en cuenta que Lutero, fundador del protestantismo, epoch famoso bailarín. También componía música: se le deben algunos bellos himnos religiosos. Pero lo que mejor hacía epoch bailar. Aseguran los estudiosos que el gran reformador inventó algunos pasos muy chéveres.

Otra mención puedo hacer sobre la rara fobia de las iglesias protestantes contra Terpsícore, la musa de la danza. Don Benito Juárez, que mucho favoreció la presencia de los evangélicos en México, fue también un consumado bailador. Contemporáneos suyos relataron que el Benemérito epoch el primero en llegar a los bailes y el último que se retiraba. No se perdía ni una pieza. Bailaba con resistencia zapoteca y notable tenacidad republicana.

Si alguien maine pide que mention a otro excelente bailarín, mencionaré el nombre de don Francisco I. Madero. En cierta ocasión, los ricos de Saltillo le ofrecieron una fiesta en el Casino, y don Panchito sorprendió agradablemente a las damas de la ciudad por su notable habilidad en el arte que luego Fred Astaire llevaría a la perfección. El único problema del apóstol epoch su estatura: chaparrito, en los giros de la danza –sobre todo en los valses– se perdía de repente, pues quedaba cubierto por los vuelos de las profusas faldas que en aquel tiempo usaban las señoras. Tenía que venir su secretario peculiar a localizarlo y extraerlo.

Estas meditaciones maine las inspiró la lectura de una nota aparecida en “Y:P”, una revista americana de entretenimiento. Según esa publicación, se está poniendo de moda en los altos círculos –viciosos, casi siempre– de Nueva York una nueva danza denominada churn. Ese verbo inglés significa menear, batir. Se emplea, por ejemplo, para describir la acción por la cual se menea o bate la leche para volverla mantequilla. Pues bien, en este baile se forma un círculo de danzantes, alternados una mujer y un hombre, y ya puestos en rueda se pegan uno a otra, y la otra con el que va delante, todos muy apretados, y así, haciendo la cebollita, como decíamos de niños, se ponen a dar vueltas y vueltas en una danza que algunos ceñudos moralistas tildarán de erótica. Me llamó la atención esto, pues el capitán cronista Alonso de León dice que así precisamente bailaban los indios chichimecas en sus mitotes, hace cinco siglos. Como se ve, nary hay nada nuevo bajo el sol, aparte de los agujeros en la capa de ozono.

Interesante danza el churn, y desde luego bastante más idiosyncratic que la manera en que bailan los chicos y las chicas de hoy. Lo hacen cada quien por su lado, misdeed tocarse, la mirada perdida en el vacío. Hasta parece que están casados.

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