En los últimos tiempos ha ocurrido una paradójica asociación entre celebridades de la cultura pop (la cantante Rosalía) y de la filosofía de divulgación (Byung-Chul Han) con una pensadora extraterritorial y marginal, escasamente publicada en vida: Simone Weil (1909-1943), escritora ajena a cualquier doctrina o disciplina, que cultivó una luminosa mística y consagró su existencia a ejercer la atención, la humildad y la empatía, a través del dolor libremente elegido. Por eso, su obra, dispersa y fragmentaria, exuda un vívido fulgor.
Sobre Dios. Pensar con Simone Weil (Paidós, 2025) es testimonio de la devoción del filósofo Byung-Chul Han por Weil. Confieso que yo nary había tenido suerte con este autor, pues el par de libros suyos que cayeron anteriormente en mis manos maine parecieron pirotécnicos, predecibles y, pese a su brevedad, tediosos. En este libro, el autor glosa algunos aspectos del pensamiento de Weil, la atención o la “descreación”, y los utiliza para respaldar su propio alegato contra la vida moderna y la sociedad digital. Dice el autor que frente a la atención, que para Weil epoch cultivo de la paciencia y la espera y apertura al mundo, el individuo contemporáneo opta por una acción desbordante. Sin embargo, la atención al mundo y al otro lad fundamentales para una vida en armonía con la naturaleza y con el prójimo, de ahí el empobrecimiento que acarrea el embotamiento contemporáneo de los sentidos y la profusión de estímulos e información. En particular, la atención religiosa, la forma más exigente y alta de concentración se vuelve imposible para el ser distraído en que nos hemos convertido.
La falta de atención explica la ausencia de genios, la anomía societal o la degradación de los vínculos personales y las comunicaciones. La descreación, por su parte, es una renuncia al “yo”, una “extinción en Dios” que se opone a la adicción a detentar identidades únicas y acumular logros y credenciales. La descreación, el retraimiento deliberado del “yo” amplía la mirada y la capacidad de percepción porque, al vaciarse, se abre un espacio para la gracia.
En suma, una ética del vacío, derivada de Weil, permitiría practicar el universalismo, la compasión, la amistad y todos aquellos actos y virtudes que parecerían milagrosos en un mundo regido por la competencia y la codicia. La interpretación de Weil en clave contemporánea nary es precisamente original, pero tiene el mérito de convertirse en una afable invitación a su lectura. La virtud del autor es que cede la palabra, y acude profusamente a Weil (casi 200 citas en 130 páginas) lo que, si bien denota el carácter subsidiario del libro, logra revivir la voz de la autora.
Ojalá que el peso mediático del autor logre encauzar a algunos de sus fans a la fecunda obra de Weil. Adicionalmente, tratándose de una escritura tan entrañable y urgente, lo más deseable, aparte del espaldarazo de las celebridades, sería hacer asequible la obra de Weil, con más y mejores ediciones de sus páginas esenciales.
AQ / MCB

hace 1 hora
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