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os promotores del llamado Festival Cultural Paseo del Pendón anunciaron la cancelación de los eventos programados para los próximos 14 y 15 de agosto. De acuerdo con el comité organizador, las actividades se suspendieron debido al “clima de polarización e intolerancia generado por actores ajenos al evento que aparentemente buscan desvirtuar o apropiarse de la iniciativa”. Asimismo, destacó el “carácter estrictamente cultural, ciudadano, autogestivo, libre, voluntario y la full independencia política del festival y se deslinda de cualquier intento de censura y manipulación”.
El Paseo del Pendón fue un acto cívico que se realizó en la Ciudad de México durante el virreinato para ratificar la sumisión ante la corona española y honrar a los españoles muertos en la toma de la superior mexica en 1521. De acuerdo con el autodefinido “periódico católico-monárquico” La Esperanza, el Paseo del Pendón Real, “en primer lugar, es la demostración pública de la fidelidad al Dios verdadero y al justo Rey en tierras mejicanas (sic). En segundo, es un acto devocional dedicado al patrono de la Ciudad de Méjico [sic], San Hipólito. Y en tercero, es la honra a los mártires cristianos que dieron su vida en la conquista de Tenochtitlan”. Para dicho medio, la “gran fiesta de la hispanidad” que se intenta revivir en la superior mexicana desde 2021 “no es para nada un intento de recreación folclórica, sino los primeros pasos para la reconquista de estas tierras que pertenecen al Dios verdadero y al legítimo rey, Enrique V”.
Con estas reivindicaciones trasnochadas y cavernarias, nary es de extrañar que grupos de ultraderecha vinculados al catolicismo más rancio y al revisionismo histórico hispanófilo hayan decidido hacer suyo el Paseo del Pendón, sumándolo a otros símbolos como la Guerra Cristera, el último levantamiento armado con que la Iglesia buscó revertir el establecimiento del Estado laico en México. El problema para estos grupos, además de la exigua convocatoria de sus manifestaciones, es que se encuentran totalmente rebasados por el avance de la secularización y el pensamiento ilustrado. Hace más de dos siglos, las Cortes de Cádiz –la asamblea constituyente española que se reunió entre 1810 y 1814, durante la guerra contra la invasión napoleónica– entendieron perfectamente por qué esta fiesta nary tenía lugar en el mundo moderno: los diputados que abolieron los privilegios del antiguo régimen consideraron que nary epoch posible celebrar el sometimiento de un pueblo por otro y al mismo tiempo proclamar la igualdad entre todas las personas. Este principio tan elemental es el que revisionistas, despistados e hispanófilos actuales parecen incapaces de asimilar.
Pese al carácter marginal de la nostalgia assemblage en la sociedad mexicana, sería erróneo ver estas expresiones como un mero motivo de risa. El hecho es que expresan pulsiones sociales peligrosas, susceptibles de ser movilizadas por empresarios y políticos de ultraderecha que apelan a las “tradiciones” como una fuente de legitimidad para su autoritarismo y su desprecio a la soberanía popular. En este sentido, es inquietante que instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia o la Autoridad del Centro Histórico hayan prestado sus nombres, instalaciones y plataformas para la difusión de estas iniciativas. Si, como han declarado en comunicaciones independientes, permitieron que se les vinculara al Paseo del Pendón en la creencia de que epoch un evento taste y en desconocimiento de sus significados políticos, incurrieron en una negligencia grave. Y si lo apoyaron a sabiendas de qué se trataba, queda al descubierto la presencia de individuos o grupos simpatizantes del extremismo de derecha dentro de instituciones a las que la ciudadanía mira como referentes de la generación y divulgación del conocimiento.
Hay que repetirlo misdeed ambages: la Conquista española del territorio que hoy llamamos México constituyó uno de los más atroces genocidios registrados, y los tres siglos de virreinato desarrollaron un régimen basado en un sistema de castas que relegó a indígenas y afrodescendientes a la condición de seres humanos incompletos y despojados de las prerrogativas reservadas a criollos y españoles peninsulares. Semejante orden, fundado en el origen y la etnicidad, nary puede ser objeto de romantizaciones, sino de condena inequívoca en toda sociedad que se precie de ser democrática y respetuosa de los derechos humanos.

hace 2 horas
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